Infantino, Macri y Al – Thani: los reyes magos de los regalos propios

La FIFA se ha transformado en el refugio de los tres Reyes Magos de Oriente de los regalos propios: Infantino “Melchor”, Mauricio “Gaspar”, y “Baltazar” Al-Thani, emir de Qatar.

23 de mayo, 2021 | 00.05

La tiranía del capitalismo de vigilancia es una especie de golpe incruento, aparentemente indoloro y parasitario, pero que llega al fondo de lo que pretende, la dependencia masiva de las obsesiones que nos inyecta.

En esa sumisión colectiva está el núcleo de la Modernidad, y surge del olvido, del estrépito, de una enorme grieta que se ha abierto en el suelo de las convicciones. El cepo está, una vez más, en la naturaleza de nuestra “razón” que percibe las cosas “como poseyendo una especie de eternidad”, según Spinoza.

El Evangelio de Mateo contiene un “paso” conocido que dice: “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene” (Mateo 13:12). El “paso” forma parte de la “Parábola de los Talentos” y basta con evocar un libro importante, “El Capitalismo Utópico”, de Pierre Rosanvallon, para advertir que antes de su éxito, el liberalismo “neo” también fue una utopía.

Con los viejos símbolos construimos viejas realidades. Hemos aprendido a añorar las pequeñas virtudes de la vida corriente, las asombrosas conquistas cotidianas. Aún así, los demonios han venido a habitar nuestros placeres. El mundo se ha convertido de repente en una mortaja color azabache.

En esta declaración de guerra que te hace la realidad todos los días el universo del fútbol “apantallado” sugiere, despeja, teoriza, confirma, propone, y oculta. Oculta mucho. Lo llamamos FIFA, UEFA, CONMEBOL pero en realidad son selvas intrincadas y oscuras en la que la claridad debe abrirse paso a machetazos. Es necesario “ver”, entender, escarbar, rascar, porque la forma más eficaz de corrupción es precisamente aquella en la que el poder se ejerce de forma tan aparentemente natural que se vuelve invisible.

La FIFA se ha transformado en el refugio de los tres Reyes Magos de Oriente de los regalos propios: Infantino “Melchor”, Mauricio “Gaspar”, y “Baltazar” Al-Thani, emir de Qatar. Son Reyes Magos atípicos. Los grandes regalos se los hacen entre ellos.

El FIFAgate colocó a Gianni Infantino en la cima del fútbol mundial. Esa victoria propició la escalada y el “aggiornamiento” de Mauricio Macri a la Fundación de la entidad, provista con un presupuesto de 1.000 millones de dólares para “recaudar fondos, rehabilitar y reconstruir infraestructuras deportivas damnificadas o destruidas”. De países dañados no dice nada. Lo de Macri es, simplemente, sacarse un jornal para seguir tirando.

Las actividades de la Fundación FIFA se encuentran paralizadas debido al brote internacional de Covid 19, pero con la Superliga europea descabezada es de obligado cumplimiento volver a recordar antiguas palabras de Infantino: “Para mí no se trata del Bayern Munich contra Liverpool, sino del Bayern Munich contra Boca Juniors”, en un guiño indisimulado al ex presidente. Un camino despejado para la gran joya de la corona del fútbol de la postmodernidad: el Mundial de Clubes. En su momento, el portal Sports Intelligence, manifestó el gran interés del organismo internacional por la competición, y filtró que la inyección financiera de dicho proyecto estaría a cargo de un conglomerado de fondos de inversión liderados por el fondo capital riesgo británico-luxemburgués, CVC Capital Partens.

La página web ha dejado entrever, además, que la causa de la justicia suiza contra Gianni Infantino se reactivaría a principios de este año. La denuncia se precipitó en julio de 2.020 y abrió un proceso penal encargado por el fiscal federal extraordinario, Stefan Keller, al presidente de la FIFA y al primer fiscal del cantón de Haut-Valais, Rinaldo Arnold, por “abuso de autoridad, violación del secreto de función, y obstaculización de la acción penal”. En su momento el dirigente helvético rechazó los cargos: “No son sólidos. No voy a renunciar”.

Como secretario general de la UEFA, Infantino ya atendió las necesidades básicas de su compañero de cabalgata, Hamad bin Jalifa Al-Thani, emir de Qatar y dueño del París Saint Germain, al permitir incrementar el patrimonio de la entidad francesa a pesar de la condena de prohibición impuesta por el propio organismo.

El empresario qatarí, Nasser Al-Khelaifi, presidente del París Saint Germain, ya fue imputado por la Fiscalía General Suiza, junto al ex número dos de la FIFA, Jérome Valcke, por delitos de corrupción y sobornos en la compra de los derechos televisivos del 2018 al 2030, correspondientes a los Mundiales y a la Copa Confederación de la FIFA. Dueño de una riqueza exuberante el también presidente de la la cadena beIN Sports fue uno de los ideólogos de esa turbia figura conocida hoy como clubes-Estados, un entramado financiero donde se cruzan intereses deportivos, empresariales, y de fondos soberanos de determinados países. La Fiscalía helvética lo volverá a sentar en el banquillo el próximo 14 de septiembre, acusado de “cometer una mala administración criminal agravada por la falsificación de documentos”. La imputación de Valcke viene determinada por aceptar presuntos sobornos millonarios a través de un empresa pantalla que operaba con liquidez sobre el alquiler de una mansión en Cerdeña, Italia, tapadera del Qatar Sports Investiments, el holding de la familia real y de Al-Khelaifi. “Es una persecución dentro del ámbito de una conspiración para desprestigiar a mi persona y a mi país”, declaró el dirigente en un comunicado institucional.

En la segunda escena de Fausto, Mefistófeles convence al emperador para que firme un papel que se convierte de inmediato en un billete: así nace el dinero del diablo.

Cuándo dejamos de escuchar los ruidos del mundo. Como escribió Galeano alguien ahí afuera sigue creyendo en nosotros.

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