El fútbol “asquerosamente rico” se contagia

11 de abril, 2021 | 00.05

En la pizarra de la guardería alguien ha escrito con letra redondita: “caca”. La maestra finge severidad : ¿Quién ha sido? Me voy a poner de espaldas, y les pido que salgan y lo borren. De inmediato se escuchan unos pasos presurosos que se deslizan con cautela alterando el ambiente tenso. Luego el gemido lánguido de la tiza silba una nueva melodía. Ahora en el pizarrón se lee: “caca”, “pis”, “pedo”, “culo”, con un mar de fondo de risas contenidas. 

El único rasgo previsible de la realidad es su imprevisibilidad. En estos días enjaulados vemos desde la ventana la naturaleza indefinida y quebradiza de la agnosis, y la serena sensación de abandono de una frivolidad desasosegante sin sofisticar. Somos a duras penas lo que somos. Hay algo de poesía triste en estos tiempos perplejos y descarnados, de inutilidad útil, de historia colectiva y de intrahistoria personal, de ansia de infinitud y de conciencia de caducidad. 

Hoy el mundo del fútbol tiene girado el rostro hacia la súplica, hacia la oración. Los más de 100 casos de contagio acumulados son un territorio para el estupor, para la denuncia, para la provocación. Los positivos se multiplican como rosarios de cicatrices. Alguien lo dejó escrito en un graffiti de tres palabras: “Se veía venir”. No hay nada que ciegue más que nuestro “yo” pegajoso e hipervalorado, y ahora se necesita “volver”, reculando, sin que se note mucho, con cierta permisividad social para no irritar la sensibilidad de los sectores poderosos. El fútbol “asquerosamente rico” se contagia, y las plataformas televisivas empiezan a salivar por una vacuna “vip”, por un abrazo, por una lágrima. A medida que la realidad ha ido mutando su paisaje la pasión agrietada por el embrujo aciago confirma que el futuro próximo puede ser cancelado. El mercado espera con un colmillo fuera. 

¿Cuándo dejamos de escuchar los ruidos del mundo? El fútbol es la vida sintetizada en un tubo de ensayo: el éxito, el fracaso, el dolor y el placer, la violencia, el racismo, la desigualdad, la avaricia, y el dinero, siempre el dinero. Sabemos que el dinero no escucha, sabemos que por lo general razona desde los genitales. Su redención es inútil, no se reencarnan los ricos, se reencarna su dinero; y en las paradojas de esta pandemia todo se puede interrumpir, incluida la circulación de personas, excepto la circulación de capital. De momento no hay plegarias para eso, sino plegarias que nadie escucha. Curiosamente la palabra pasión deriva del verbo latino padecer. 

Todos los aspectos sociales aparecen formateados por ese proceso de racionalización que reproduce el modelo de cosificación y deshumanización de un fútbol cautivo. El actual entrenador de la Selección Nacional, Lionel Scaloni, declaraba en Junio: “La salud de las personas está por encima de cualquier evento deportivo. Hasta que no consigamos un marco de seguridad total debemos esperar, tener paciencia. En estos momentos soy partidario del confinamiento y del aislamiento por encima de cualquier acontecimiento deportivo”. 

Hoy desde la cartesiana taxonomía de pasiones avenidas el universo futbolístico está en discusión consigo mismo. La verdad no cabe en un solo deseo. El Comité Ejecutivo de la AFA ha decidido regresar a la Fase 1, y en su comunicado puntualiza: “En consonancia con los lineamientos de la política sanitaria nacional esta asociación insta a los clubes a cumplir de forma estricta con los protocolos oportunamente aprobados. De no cumplirse las mismas se elevaran los informes respectivos al Tribunal de Disciplina”. Banfield, Sarmiento, Gimnasia, Racing e Independiente conforman el grupo más castigado por los contagios, pero a excepción de siete equipos todas las entidades se han visto afectadas. De momento el fútbol vive sus dos vidas paralelas: la real y la que hay que enseñar en sociedad.

El mundo a lo mejor vuelve a lo mejor no. Predominan los tiempos oscuros, el desasosiego crepuscular, los paisajes brumosos. “Siempre es falso el futuro”, decía Canetti, “tenemos demasiado influencia sobre él”. Ahora que la vida es una herida abierta, donde el dolor se hace visible, donde la identidad se disuelve en el conjunto colectivo reconocemos lo que ya sabíamos: que buscábamos destellos de belleza donde no los había. 

Cuando la borrasca se suavice nos daremos lo que los muertos no han tenido, abrazos de piel. Abrazos sin culpas, sin miedos, sin infierno, compartiendo las asombrosas conquistas cotidianas que vamos a necesitar para sostener la lenta reconstrucción de un mañana resquebrajado. 

(*) José Luis Lanao es ex jugador de fútbol y periodista. Formó parte de Vélez, clubes de España, y campeón Mundial Tokio 1979.
 

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