En el partido entre Boca y Deportivo Riestra, Claudio Úbeda puso a Iker Zufiarre uno de los jugadores xeneize que estaban esperando una oportunidad en Primera División. La decisión del entrenador fue para que ingrese en lugar de Lucas Janson.
Iker Zufiarre empieza a asomar como uno de los nombres propios del semillero de Boca Juniors, ese territorio que históricamente funcionó como una fábrica inagotable de delanteros. Nacido en 2007, el atacante combina potencia física, movilidad y un instinto goleador que lo distingue dentro de su categoría. En el club lo siguen de cerca desde hace tiempo y, sin hacer demasiado ruido, se fue ganando un lugar entre los proyectos más interesantes del fútbol juvenil xeneize.
Zufiarre se desempeña principalmente como centrodelantero, aunque también puede partir desde una posición más retrasada o recostarse sobre uno de los costados. Su mayor virtud aparece dentro del área: ataca bien los espacios, anticipa a los defensores y tiene una notable capacidad para definir con pocos toques. No es un “9” estático; por el contrario, participa en la presión alta y ofrece descargas limpias para los mediocampistas que llegan de frente.
En las divisiones inferiores de Boca mostró regularidad goleadora y una evolución constante, aspectos que el cuerpo técnico valora tanto como su compromiso táctico. En un contexto donde el club apuesta fuerte por la formación integral de sus juveniles, Zufiarre se adaptó a las exigencias físicas y conceptuales que propone el modelo de juego, entendiendo cuándo fijar centrales y cuándo salir del área para generar espacios.
Más allá de los números, su crecimiento se explica por una mentalidad competitiva marcada. Entrenadores y compañeros destacan su predisposición para el trabajo diario y su capacidad para absorber indicaciones. No se desespera por el gol, pero cuando la oportunidad aparece suele resolver con frialdad, una cualidad poco común para un delantero de su edad.
Boca sabe que el recorrido recién empieza. El paso de juvenil a profesional es siempre el más complejo, y el club intenta administrar los tiempos para evitar exposiciones prematuras. Sin embargo, Zufiarre ya aparece en el radar como uno de los delanteros a seguir en el mediano plazo, en un puesto donde la competencia interna es fuerte y la exigencia histórica pesa.
En un club donde el gol es una obligación y no una opción, Iker Zufiarre avanza con perfil bajo pero con convicción. Su desafío será sostener ese crecimiento, afinar detalles y aprovechar cada oportunidad que se le presente. El futuro, como tantas veces en Boca, vuelve a insinuarse desde Inferiores.
