¿Cómo puede contar hoy el periodismo el espectáculo del deporte moderno? El magnate de Amazon Jeff Bezos invirtió fortunas en un documental ridículo y obsecuente sobre Melania Trump. Pero apeló en cambio a cuestiones de billetera para cerrar de cuajo a toda la sección Deportes del Washington Post, diario mítico en el periodismo mundial, pero hoy en una crisis inédita. Dos años antes, también había cerrado su sección Deportes el otro gran diario nacional de Estados Unidos, The New York Times, que decidió ceder la información deportiva a The Athletic, sitio que también le pertenece.
“Tendré que aprender una nueva forma de leer el periódico, ya que comencé con la página de deportes desde finales de la década de 1940”, escribió Don Graham, cuya familia controló durante ochenta años al Post, el diario que vivió su pico a comienzos de los ’70, cuando estalló el Watergate, escándalo que derrocó al presidente Richard Nixon. Tiempos en los que una viñeta irónica exhibía a un Superman deprimido, pero que recuperaba fuerzas cuando volvía a su personalidad del periodista Clark Kent y salía volando desde una cabina telefónica para denunciar a políticos corruptos. Superman eran los periodistas.
Ese tiempo ya pasó. Y es cierto que Bezos, en su romance con Trump, recortó algo más que los Deportes del Post, una sección de firmas históricas, como Shirley Povich, Michael Wilbon, Tony Kornheiser y Sally Jenkins, finalista del Premio Pulitzer, entre tantas, pero que lucía declinante y envejecida en los últimos años. En 2023, el Post perdió doscientas cincuenta mil suscripciones y a firmas políticas de peso cuando Bezos puso fin al apoyo político público del diario al candidato demócrata (entonces Kamala Harris). Y en este segundo y nuevo recorte echó a trescientos periodistas, inclusive a la corresponsal en Ucrania, Lizzie Johnson, en plena invasión de Rusia. Pero el cierre masivo de la sección Deportes desnuda la crisis del periodismo gráfico para ver cómo se cuenta al deporte moderno, que es cada vez menos deporte y cada vez más espectáculo. Político y social. El Post anunció que solo seguirá escribiendo de Deportes “como un fenómeno cultural y social”. Hoy mismo lo hizo con la cobertura ayer del Super Bowl, como se llama a la final del fútbol americano, el máximo acontecimiento anual en el deporte de Estados Unidos.
Por un lado, aunque sea duro decirlo, el deporte de hoy es “apuestas”. El Super Bowl de ayer registró un record de 1.760 millones de dólares en apuestas legales, casi el triple respecto de la edición anterior. Y la NFL (National Football League, la AFA del fútbol americano) tuvo una audiencia con niveles que no se veían desde 1989 e ingresos también records de 25.000 millones de dólares de la TV. Son contratos con las cadenas CBS y NBC y con actores nuevos (Netflix y You Tube) que la NFL quiere revisar. Aspira a cuadruplicar ese dinero y extenderlos hasta principios de 2030. Sostiene, con razón, que las fusiones y negocios nuevos en el mundo de las comunicaciones ha multiplicado el dinero.
¿Acaso Netflix no invertirá unos 20.000 millones de dólares en contenidos este año, con el deporte como eje central? YouTube paga más de 2.000 millones anuales por sus derechos de NFL, pero está invirtiendo sumas aún mayores en otros deportes. “Todos hemos visto que el panorama mediático está cambiando drásticamente. Nuevas plataformas que no existían hace cinco o diez años sí existen. Ahí es donde están nuestros fans, en muchos casos, especialmente el público más joven”, dijo hace poco Roger Goodell, el Chiqui Tapia de la NFL (el presidente de la AFA se mostró feliz en sus redes ayer en el Super Bowl). “Los deportes son ahora el eje central de la estrategia de los principales servicios de streaming, son la principal vía para captar suscriptores”, dijo Jonathan Carson, director ejecutivo de Antenna, una firma de investigación de suscripciones. No es nuevo. Bien lo puede contar Clarín, que creó su imperio mediático gracias a una pelota de fútbol.
La NBA batió récords en 2024 con un contrato de once años y 76.000 millones de dólares con NBC y Prime Video, entre otros. La NFL planea agrandar su temporada regular para exigir más dinero en los contratos ya firmados y, además, para permitir que sus equipos jueguen un partido en el extranjero por temporada. Un paquete que podría venderse por más de mil millones de dólares, según contó Robert Kraft, propietario de los New England Patriots, finalistas derrotados ayer en el Super Bowl, gran amigo él también de Trump. La NFL, que tiene como firme socio a ESPN, negocia en posición de fuerza. Sabe que las grandes cadenas la necesitan. Cada uno de sus partidos tiene una media de público de casi 19 millones de personas.
La crisis del Post no es exclusivamente económica. Bezos es la cuarta persona más rica del planeta, con una fortuna de 245.000 millones de dólares. Sus ganancias de apenas una semana alcanzarían para cubrir por cinco años las pérdidas anuales del diario (100 millones de dólares). Su obsecuente documental de Melania costó 75 millones de dólares. Arruinar al Post (símbolo periodístico históricamente cercano a los demócratas) y endulzar a Melania es su estrategia de romance y de negocios con Trump. Pero la forma de contar al deporte de hoy sí ha cambiado. Y ese cambio, está claro, no ayuda a lo que siempre entendimos que debería ser el periodismo
