Un año del asesinato de Fernando Báez Sosa: "Somos parte del problema", la reflexión de un rugbier y sociólogo

Facundo Sassone fue jugador de rugby y hoy es entrenador y dirigente. Como sociólogo analiza y critica a ese mundo a un año del asesinato de Fernando Báez Sosa. También propone líneas de trabajo para modificar el "clasismo" del deporte y actuar sobre el momento "crítico" de los jóvenes.

18 de enero, 2021 | 11.35

El asesinato de Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de rugbiers en Villa Gesell sacudió a los argentinos. De alguna manera, el hecho se convirtió triste corolario de las situaciones violentas que involucraban a jugadores del deporte de la ovalada y provocó un repudio masivo a la agresión engendrada.

Mientras el dolor de la familia de Fernando era palpable a la distancia de quién no está afectado directamente por un hecho pero lo siente propio, en el rugby surgieron voces corporativas, a la defensiva, y algunas disonantes y críticas. Una de esas fue la de Facundo Sassone, exjugador, entrenador y dirigente de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, quien además aportó su mirada de sociólogo y asumió que su deporte es parte del problema.

A un año del asesinato de Fernando, Sassone habló con El Destape y analizó esos problemas que se viven en el rugby y las líneas de trabajo para modificarlo. "hacerse cargo, la línea que elegí, fue acertada en el sentido de entender que teníamos un problema", afirmó. La pandemia de coronavirus provocó un año sin partidos, pero el sociólogo remarcó  que todo ese tiempo "permitió hacer una reflexión a nivel institucional de los clubes que empezó por hacerse cargo". "Muchas veces hablamos de entender que somos parte del problema y que tenemos que ser parte de la solución", remarcó.

Y enfatizó: "El asesinato de Fernando nos movilizó y creemos que vale la pena seguir trabajando. Siempre decimos que no fue un hecho aislado. Ya había antecedentes de asesinatos y de peleas en la vía pública con jugadores de rugby involucrados".

¿Cuál es ese problema?

Nosotros decimos que no creemos que haya un único origen del problema, es multicausal. Tampoco nos quedamos en determinar cuánto del problema tiene que ver con la formación de los entrenadores, cuánto con el vocabulario que se usa en la cancha, cuánto de esta cuestión del trabajo en equipo que se habla en el rugby. Nos hacemos preguntas todo el tiempo ¿Esto puede estar generando que un chico que escucha a un entrenador decir “salgan a cagarse a palos” después traslade eso a la vida cotidiana y que los mismos pibes que entraron a una cancha salgan a un boliche todos juntos y el “tocan a uno tocan a todos” funciona? Todos creemos que hay un problema a resolver y es que nuestros chicos, generado por todo un contexto, provocan ciertas situaciones de violencia fuera de las canchas. Tenemos que cambiar las conductas

¿Por qué es más común que estos hechos sucedan con jugadores de rugby?

Hay varias cosas que se pueden estar dando. Nosotros también estuvimos analizando si pasa esto mismo en equipos de rugby de Francia, de Inglaterra, de Nueva Zelanda y la verdad es que pasa muchísimo menos. Ahí entra otro componente, que es el componente clasista que tiene el rugby y eso hay que trabajar muchísimo. Hay un alto componente de discriminación en el rugby argentino. Hay que fortalecer los vínculos.
Cuando vos mezclas el trabajo en equipo que el rugby genera, un vocabulario incorrecto usado por entrenadores, cierto componente clasista -que no tiene que ver solamente con el dinero si no con sentirse superior por jugar al rugby-, ahí terminás en que podría estar generando situaciones de violencia. Desde ahí nos paramos para trabajar con nuestros jóvenes. 

En esta cuestión clasista, de superioridad, los famosos “valores del rugby” ¿pueden generar una sensación en esos chicos de que ellos portan los valores y los otros no?

Absolutamente, en eso tenemos que trabajar porque nada nos hace diferentes ni mejores al otro por hacer un deporte. Hoy hay gente que tal vez diga que el rugby es la reserva moral de la Argentina, yo estoy en completo desacuerdo. El rugby es un deporte hermoso, que me encanta y trabajo por ese deporte, pero tiene cosas buenas y malas como todos los deportes. Hay que mejorar las buenas y corregir las malas. Hasta es vacío hablar de los valores del rugby y lo que genera es esa diferencia: “Yo practico rugby, tengo valores, el que no practica ¿no los tiene?” No, puede tener otros, puede tener los mismos, el deporte en sí es un generador de buenas prácticas. Creo en el poder transformador del deporte y el rugby es un deporte más. Muchos creen que hablar de los valores del rugby te hace mejor, pero si no los llevamos a la práctica somos doblemente peor.

Esta misma violencia que sucede hacia afuera ¿Se refleja también al interior del rugby?

El trabajo también tuvo mucho que ver con el tema de reevaluar los bautismos. Los clubes firmaron consensos donde se propone transformar los bautismos en un hecho positivo para la persona que va a debutar en un equipo. El tema es que por debajo de eso existen situaciones de bullying, de discriminación interna de las que también se habló mucho.
El gran desafío es qué va a pasar cuando la pelota vuelva a girar y empiece la competencia. Para eso estamos pensando acciones, talleres y demás, involucrando todo esto en la enseñanza del juego. La clave es la formación de los formadores.

¿Afecta la competitividad?

La competitividad bien entendida es buena y a veces puede derivar en cuestiones negativas, pero no creo que sea un foco del problema. Hay clubes que fueron trabajando ese tema. 
Yo hablo mucho el tema de que el rugby tiende a decir que forma buenas personas, pero a veces esto queda de la boca para afuera y no se trabaja realmente. Lo que estuvimos hablando es que ya que decimos que formamos buenas personas hay que trabajarlo, y en ese contexto la competitividad es uno de los temas. Cuando ponés por encima otras cuestiones o valores puede empezar a cambiar la situación.

¿Hay un componente corporativo en el rugby asociada a la maximización de la unión del equipo?

Hay algo de eso, pero también se da en cualquier corporación. La primera reacción es ser resistente y refractaria. El camino es romper esa resistencia. La reacción existe porque las corporaciones son eso. 

¿Qué respuesta se encontró a ese trabajo?

Fue muy positiva. Escuchar a dirigentes haciéndose preguntas, a jugadores grandes planteándose formas de actuar, a jugadores jóvenes diciendo que estaban en desacuerdo con situaciones que vivían. Fue muy interesante escuchar a mujeres dirigentas, jugadoras, managers y madres, porque también trabajamos la perspectiva de género. Hubo muchos talleres durante el año, que lo permitió  la pandemia, fueron más de 100 reuniones con 3000 o 4000 personas que pasaron por los talleres. La respuesta de los clubes fue alentadora

Cuáles son esas medidas concretas que hay que aplicar para cambiar esta situación.

Mucha formación de entrenadores, con un concepto y una definición clara. El trabajo de este fue encontrar esas definiciones. También, mucho trabajo sobre los planteles, sobre los jugadores que están en el momento crítico. Un joven de 17 a 24 años está en una etapa de riesgo, cualquiera sea el deporte, a eso se le suma que un jugador de rugby es un riesgo porque su cuerpo tiene una potencialidad mayor y porque cree en esa omnipotencia de la que se habla dentro de la cancha. Hay que trabajar mucho el tema del riesgo y que lo puedan dar vuelta. Además, mucha concientización sobre los dirigentes, que entiendan las políticas, las tengan claras y las puedan sostener en el tiempo para que no vuelva a pasar

Hay un tema principal a trabajar para lograr cambios que parece ser la comunicación...

No sé si es la comunicación, pero sí el vínculo. Hay que mejorarlo, del rugby hacia afuera y del rugby hacia adentro.
Siempre hablo de tres discriminaciones en el rugby: hacia adentro de los clubes, entre los clubes y hacia afuera. Las tres existen y hay que trabajar sobre ellas, si lo hacemos tenemos una chance de mejorar el sistema. No es un camino simple. La competitividad, el juego la resistencia muchas veces pasan por arriba. Por eso es importante comprometer a cada vez más dirigentes y jugadores para que el repensarse tenga correlato en la sociedad.

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