El básquet internacional despide a una de sus figuras más imponentes. Uliana Semenova, leyenda del deporte femenino, murió a los 73 años y dejó una huella imposible de borrar. Dueña de una estatura récord y protagonista de una era de dominio absoluto, ganó dos medallas de oro olímpicas y marcó una época con la selección de la Unión Soviética, convirtiéndose en un ícono global del básquet.
La muerte de Semenova generó conmoción en el mundo del básquet. No solo por su legado deportivo, sino por lo que representó dentro y fuera de la cancha. Con 2,13 metros de altura, fue una de las jugadoras más altas que haya dado la historia y, para muchos especialistas, la más dominante de la disciplina femenino.
Su figura trascendió generaciones y fronteras. En una época en la que el deporte femenino tenía escasa visibilidad, Semenova se convirtió en un fenómeno global, capaz de inclinar partidos y torneos con una superioridad física y técnica inédita.
Dos oros olímpicos y una era de dominio absoluto
El punto más alto de su carrera llegó con la selección de la Unión Soviética, con la que conquistó dos medallas de oro olímpicas: Montreal 1976 y Moscú 1980. Esos títulos consolidaron un ciclo prácticamente imbatible.
En 15 años representando al gigante soviético, Semenova sufrió apenas una derrota oficial. A ese registro extraordinario se suman tres campeonatos mundiales y diez títulos europeos, estadísticas que explican por qué su nombre figura entre las grandes leyendas del deporte del siglo XX.
El impacto de su altura y un récord que marcó época
La altura de Uliana no fue solo una curiosidad, sino un factor decisivo en la cancha. Con brazos interminables y una presencia intimidante, cambió la forma de defender y atacar en el básquet femenino. Su físico estuvo marcado por la acromegalia, un trastorno hormonal que provoca un crecimiento excesivo y que también afectó al argentino Jorge “Gigante” González. Aun así, Semenova logró transformar esa condición en una ventaja competitiva sin precedentes.
De una infancia humilde a la élite mundial
Nacida el 9 de marzo de 1952 en Medumi, Letonia, y criada en una familia numerosa y humilde en las afueras de Daugavpils, Semenova tuvo una infancia alejada del deporte. Caminaba varios kilómetros para ir a la escuela y no conocía las reglas del básquet hasta casi los 11 años.
Su historia cambió cuando dirigentes deportivos detectaron su potencial físico y la trasladaron a un internado especializado en Riga. Allí comenzó una carrera que la llevaría a lo más alto del básquet mundial, aunque no sin costos personales.
A nivel clubes, Semenova desarrolló gran parte de su trayectoria en el TTT Riga, donde jugó entre 1967 y 1987 y se convirtió en una referencia absoluta del básquet europeo. Más tarde, continuó su carrera en ligas de España y Francia, ya en la etapa final de su vida deportiva.
Su llegada al básquet español generó un impacto enorme. En Getafe, incluso fue necesario fabricar una cama especial para adaptarse a su tamaño. A pesar de ser una estrella, gran parte de sus ingresos eran retenidos por el sistema de la Unión Soviética, una realidad que marcó sus últimos años como jugadora.
Reconocimientos y homenajes internacionales
El legado de Semenova fue reconocido oficialmente con su ingreso al Salón de la Fama en 1993 y al Hall of Fame de la FIBA en 2007. Tras su fallecimiento, federaciones y dirigentes del básquet internacional expresaron su pesar y destacaron su figura como una de las más extraordinarias de la historia.
Desde la Federación Española de Baloncesto hasta autoridades de FIBA Europa coincidieron en un mensaje: su ejemplo seguirá inspirando a futuras generaciones de jugadoras.
Un final lejos del brillo y una vida de entrega
Tras su retiro, la salud de Semenova se deterioró por la diabetes y otros problemas físicos. De regreso en Letonia, creó una escuela de básquet para niñas en situación vulnerable y trabajó en el Comité Olímpico local, aunque atravesó serias dificultades económicas.
Años antes de su muerte, incluso fue necesario organizar un partido benéfico para costearle una operación. Su historia, marcada por el sacrificio y la entrega total, resume las contradicciones de una carrera legendaria en tiempos complejos para el deporte femenino.
