La actriz y escritora Noemí Frenkel publicó su nuevo libro Bosque migrante. Una judía se desarma (Editorial Milena Caserola), una crónica de investigación sobre sus antepasados asesinados en el Holocausto y cómo ello puede estar intrínsecamente relacionado con el genocidio palestino en Gaza. ¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?, se pregunta la autora, nieta de un rabino ortodoxo, interpelada por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano.
En una entrevista con El Destape, Noemí repasa las idas y vueltas que la llevaron a adentrarse en una aventura hacia las profundidades de su árbol genealógico y la historia que parte de su sangre jamás pudo contar.
¿Qué te motivó a indagar en la historia de tus antepasados?
- Por un lado, la escritura. Un día me desperté con la imagen disparadora de un bosque nórdico que me fascinaba y me generaba una conmoción muy fuerte. Cuando me decidí a escribir esa imagen apareció la primera intuición de que ahí había algo más, había seres que estaban ese lugar y un sufrimiento que me hablaba desde la tierra. Fue un llamado para meterme en la historia de Polonia y de mis parientes que quedaron allá. A mí nunca me habían hablado de ellos, de mis bisabuelos no sabía nada.
Me sorprendió una escena del libro, donde relatás tu extrañeza ante una foto de, aparentemente, un familiar al que no podés ponerle un nombre y un apellido...
- Esa foto era un objeto que me perseguía. No sabía quién era esa mujer y siempre se me aparecía y me llamaba la atención. Gracias a mi investigación pude ponerle un nombre. Fue todo por ese subconsciente que me estaba llamando y que me llevó a entender que todo estaba totalmente entroncado con la cuestión del judaísmo, que en mi vida siempre fue un aspecto muy conflictivo. Sobre todo en el vínculo con mi madre.
La tradición judía tiene algo colorido que a mí nunca me molestó, pero siempre había una especie de deuda que ni yo ni mis hermanos continuamos: seguir con la impronta folklórica, porque más allá de algunas historias tradicionales no construimos una vida de lo que se supone que es formar parte de la colectividad judía. Para mi madre uno de los mayores pecados era la asimilación.
¿La asimilación?
- Dentro de la colectividad asimilarse quiere decir mezclarse. Por ejemplo, mi mamá pretendía que sus hijos judíos se casaran con otros judíos, para mantener cierta pureza tribal, y eso no pasó. No era algo que yo quisiera continuar y eso fue una deuda con ella, quien sentía que había fallado en la vida porque sus hijos se habían rebelado ante los mandatos de la educación hebrea. Ella siempre lo manifestó con gran dolor y violencia.
¿Tu mamá vivía cuando empezaste a investigar sobre tus antepasados?
- No, la muerte de mi mamá fue uno de los disparadores que me llevó a escribir este texto. Y también la percepción de que estoy en una edad de la vida en la que ya no tengo familiares para preguntarles… Mi mamá nació en Argentina, pero todos sus hermanos vinieron de Polonia y ya no quedaba ningún tío a quien preguntarle. Pero lo cierto es que hasta su muerte eso era algo que no me interesaba.
Cuando sentí la necesidad de entender y buscar información, pensé que no iba a encontrar nada y que muchas preguntas iban a quedar sin respuestas, pero aparecieron un montón de nociones.
Y te lanzaste a la aventura de viajar para investigar.
-En mi fantasía iba a ir a Polonia y no iba a entender nada. Me puse a aprender polaco con la aplicación Duolingo y tenía la idea de que estando allá me iba a perder, y que me dirigía hacia lo siniestro. Me generaba miedo y angustia, porque además mantengo una relación con el lugar muy contradictoria y ambivalente. Soy de origen polaco, pero me sentía expulsada de ese lugar que fue cómplice de la masacre en el Holocausto, a veces incluso perpetrada por los propios polacos.
Pese a las dudas compré el pasaje y a los dos días empezó la invasión en Ucrania... fue terrible.
¿Qué fue lo primero que sentiste al pisar suelo polaco?
- El primer momento estuve en estado zombie. En mis proyecciones imaginaba que iba a emocionarme casi instantáneamente y la verdad es que eso no ocurrió. De entrada la sensación fue de distancia y extrañamiento, aunque percibía atracción hacia el idioma polaco. Después había algunos personajes que me generaban mucha hostilidad, porque eran como el enemigo que había expulsado a mi familia judía de Polonia.
Pasados unos días pude hacer una conexión con los polacos y sus dramas emocionales.
Hablemos sobre los tours por espacios de la Memoria que hay en Polonia. Según lo que contás en el libro, hay muchos que rozan la banalización...
- Hay un poco de todo. Muchas generaciones posteriores al nazismo se hicieron cargo de estudiar, profundizar y revisar la historia y las responsabilidades de la propia sociedad sobre el Holocausto. Es un tema que sigue causando mucha controversia. De hecho hay un libro de Jan T. Gross, Vecinos, que se publicó en el 2001 y cuenta como en la comunidad de Jedwabne, en Polonia, eran los propios polacos los que encerraban a sus vecinos judíos en los graneros y los quemaban vivos. No eran los nazis. Cito este libro porque ahí deja de hablarse de los polacos como las víctimas que habían sido obligadas por los nazis… es más complejo.
Por otro lado está el Museo POLIN, en Varsovia, que ya forma parte de la currícula escolar obligatoria para que todos los chicos conozcan la historia de los judíos en Polonia y parte de eso es, por supuesto, lo que pasó durante la Segunda Guerra y los campos de exterminio.
Y también hay un uso del tema del holocausto desde un lugar de adoctrinamiento para la colectividad judía. Así como fue muy importante para mí ir a ver lo que le hicieron con los míos, en los museos del Holocausto hay una tendencia a la exclusividad del lugar de la víctima. Es parte de la educación sentimental de los judíos.
¿Crées que esa exclusividad de la victimización es la que lleva a que algunos judíos nieguen los ataques contra el pueblo palestino?
- Sí, lo creo. Es parte de la educación sentimental ideológica: los enemigos, que antes eran los nazis, ahora son los árabes. Es muy peligroso ver solamente tu lugar en la historia, ya que te conduce al fanatismo y la justificación de la limpieza étnica de otro pueblo.
Voy a volver al conflicto Israel-Palestina, pero me quedó pendiente una pregunta sobre tu mamá. ¿La sentiste como presencia durante o después de tu viaje?
- Sentí mucha paz en mi corazón y que yo podía entender mucho más a mi madre y a todo su linaje. Reconstruir el árbol familiar me ayudó a cicatrizar heridas familiares.
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Una judía se desarma
"El 80% de mis sesiones de terapia en los últimos años se han basado sobre lo que pasé en mi viaje y también sobre lo ocurrido a partir del 7 de octubre 2023, el día del ataque de Hamás a Israel. Cuando volví de Polonia, después de haber tomado contacto con el horror y lo indecible del Holocausto, entré en una gran depresión. Fue devastador. Escribir me ayudó a procesar", remarcó Noemí Frenkel, quien dedica el último tramo de su nuevo libro para adentrarse en el conflicto geopolítico de Israel y Palestina, y cómo eso repercute en su historia personal.
Tu posición en el conflicto Israel-Palestina es pacifista. ¿Estoy en lo correcto?
- Creo que en el caso de este conflicto geopolítico es importante hacerse preguntas, pensar y no quedarse con posiciones cristalizadas porque la realidad es de una complejidad inmensa. Por lo cual, tomar una posición que se traduce en un slogan siempre es la puerta a un fundamentalismo y a una ceguera, porque hay algo que no estás viendo. A la vez esa es una de las lógicas que llevan a la violencia, a esta guerra y a estos paradigmas de lo irreconciliable e imposible de superar.
Las armas nunca resolvieron nada, solo agravan las cosas. Decía Primo Levi que considerar al extranjero un enemigo es una infección latente que anida en la humanidad y que hasta que no nos podamos curar de eso y verlo, las consecuencias nos amenazan.
En el libro criticás a organizaciones que no salieron a repudiar la masacre de Hamas...
Cuando ocurrió la masacre de Hamas quedé muy shockeada por la respuesta de no solidaridad hacia las víctimas, incluso en sectores de la izquierda donde yo suelo ser activista. No hubo una condena sino que eso se tomó como una acción de la causa palestina y no una crítica a la metodología. Eso me resultó inaceptable.
Te sentiste excluida de esos espacios.
Exacto. Y a veces fue muy incómodo. Me pasaba de ir a las marchas y estar al lado de carteles con consignas que me resultaban dolorosas. Me costó entender, pero eso me motivó a leer mucho y estudiar mucho para saber la historia completa. Yo no sabía qué era lo que pasaba en los territorios ocupados de Palestina. Y ahora sé lo que pasa y me parece atroz, es un genocidio en curso.
Puedo decir que ahora estoy revisando un montón de ideas del adoctrinamiento sionista que me fueron inculcadas en el colegio hebreo. Haber puesto en jaque todas esas creencias me llevaron a estar absolutamente en contra de cualquier lógica belicista.
