Flor Peña cruzó la operación mediática de su visita a Alberto Fernández en Olivos: "El nivel de misoginia y machirulaje me asusta"

La actriz dialogó con El Destape sobre el inminente estreno de La Panelista, su nuevo protagónico en el cine, y reflexionó en torno a la violenta operación mediática que sufrió el fin de semana.

02 de agosto, 2021 | 17.03

Florencia Peña atraviesa días agitados luego de la violenta operación mediática que sufrió por haber ido a la quinta de Olivos a hablar con el Presidente Alberto Fernández, y a días de estrenar el thriller La Panelista, su nuevo protagónico en cine que aporta una cuota de frescura en su registro actoral. En la historia ella es Marcela, una joven panelista de un magazine de chimentos dispuesta a "matar" por una primicia. En diálogo con El Destape, la actriz analizó el fuerte mensaje de crítica a los medios que yace en el largometraje de Maximiliano Gutiérrez y reflexionó en torno a las injusticias que sufre a diario por parte del sistema heteronormado y patriarcal.

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- ¿Qué te atrajo de una idea tan oscura como lo es La Panelista?

Es un guión que parece que va hacía un lugar y vira a otro completamente diferente. La película habla de hasta dónde uno está dispuesto a matar por una primicia, como pregunta metafórica que súper aplica a la televisión actual, y me encantó que me invitaran a ser parte de ella. El humor negro a lo Alex de la Iglesia no es un género muy explorado en Argentina. Quizás hay un concepto sobre mi manera de abordar los personajes donde muchas veces se cree que hago caracterizaciones muy estereotipadas o grotescas, y Marcela es lo opuesto, es introvertida. Terminás empatizando con todo ese delirio en el que entra antes de ser devorada por el sistema.

- Me quedó resonando el “matar por la primicia”, concepto común en el periodismo de Espectáculos y chimentos, que vive de inmiscuirse en la vida privada de lxs otrxs. Como conductora de Flor de Equipo, ¿establecés límites éticos a la hora de dar una noticia?

Para lo que es la tele de hoy, Flor de Equipo es un programa blanco, en el que el invitado siempre sale contento.  Se consensúa todo, sin lastimar a nadie, moneda corriente en otros programas del mismo estilo. Yo soy actriz, me estoy formando como conductora, y mi límite siempre es el respeto hacía lo que el otro quiere o no contar. Yo fui parte y vivo siendo víctima de ese engranaje, y la verdad es que esa maldad se termina pagando. Tener la necesidad de contar cosas que dañan; a la larga todos caen. Esta profesión es larga, llevó 40 años en el medio y en algún momento te pega la trompada. Puedo estar tranquila ya que siempre me manejé de manera ética, lo que no quita que no me duela cuando alguien se mete en la vida privada. Nunca le dañaría la vida a nadie por una primicia.

- ¿Qué lectura hacés de la hipocresía mediática con la que se manejan esxs comunicadorxs que se creen impunes ante todo?

En algún momento las cartas se acomodan y les vuelve el daño. Todo cae por su propio peso. Muchas veces quisieron voltearme y acabar conmigo y la carrera que construí, jamás se los permití. La maldad muchas veces triunfa. La guerra se libra toda la vida y nadie que se haya ocupado de la vida de los otros trasciende. Esos son los olvidables.

- El fin de semana fuiste víctima de una operación mediática, ¿cómo te plantás ante estos actos machistas?

Hasta hace 15 minutos que sigo sufriendo. No es casual que nadie hablase de los hombres que fueron a la quinta de Olivos para tratar de resolver la crisis de la cultura por la pandemia. No soy ni la petera del Presidente ni el gato de Alberto. Pasa que como soy mujer y estoy medianamente buena se agarran de eso para operar. Jamás creí que en 40 años de trabajo tendría que salir por televisión a desmentir algo así. Dejémosnos de joder: estamos en el 2021, nos deberíamos estar deconstruyendo. En el 2010 pasé lo mismo con el video. 

- ¿Me contás la estrategia de políticas culturales en situación de emergencia que le propusiste a Alberto en la Quinta de Olivos?

Sí, por supuesto, Fui, con un permiso, como parte de un engranaje de figuras como Marcelo Tinelli, Adrián Suar, Carlos Rottemberg y Alejandra Darín, a pedirle que se hiciera un protocolo para volver a la actividad en pandemia. En mayo del año pasado, el entretenimiento estaba muerto, nada de trabajo. Es fácil pensar que la industria son únicamente los actores, pero tristemente se puentea a los técnicos, iluminadores, vestuaristas y más oficios. No se piensa que detrás de cada laburante hay una familia que tiene que ser alimentada. ¿Y quién es el culpable? Parece que los argentinos tenemos que buscar siempre a alguien para incriminar aún cuando esta pandemia nos atravesó a todos y todas por igual.

- Bueno, desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no se hizo mucho para fortalecer a pequeños y medianos espacios culturales. Y hay capital para hacerlo.

Siento que se podrían haber hecho un montón de cosas. Igual todo este debate no amerita los ataques de odio que estoy recibiendo. Quiero tratar de encontrar una explicación lógica pero no la hay. Son asquerosos. ¿Por qué tengo que salir a aclarar que fui a una reunión con protocolo? El nivel de misoginia y machirulaje me asusta. Muchos de los que me critican provienen de los mismos círculos que asisten a las marchas anti cuarentena. ¿Sabés qué pasa? Las mujeres como yo les molestamos al establishment, somos un grano en el culo. Odian que no tenga un pensamiento de derecha y si encima sos una mina apetecible, más te odian. Lamento vivir en un país donde no puedo decir lo que pienso sin que me linchen.

- ¿Sentís que el medio te da la espalda?

Muchas veces. De hecho tuve que bajar un montón los decibeles con mi militancia por un país más justo e igualitario porque, en un momento, no me llamaban para trabajar en nada. Es angustiante. Me dieron por acabada y acá estoy. Me terminan empoderando cuando me dan la espalda, me dan armas para seguir siendo quién soy: una mujer valiente, que dice lo que piensa y reivindica a las mujeres, el goce y la libertad de expresión.

 

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