La pandemia lo dejó sin techo y un video viral lo sacó a flote: la increíble historia de Alejandro Reyna

Una historia cruda que ilustra a las voces solidarias que surgen en este período de miedo, pérdidas e incertidumbre.

30 de julio, 2020 | 20.23

La pandemia de coronavirus transformó por completo a  Alejandro Reyna y a su vida marcada por el tango. Cantor de oficio, integró las orquestas de los legendarios Vicente Russo y Virgilio Expósito donde cautivó a cientos de oyentes presentación tras presentación. La irrupción del COVID-19 y el cierre de bares para cantar lo sorprendieron y como en un tango trágico y marginal, se vio solo y en la calle.  Por fortuna o azar, un video viralizado en donde saca a relucir su vozarrón le salvó la vida. Esta es su historia.

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- ¿En tu casa se escuchaba tango?

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Me crié en la casa de un milonguero. Al principio escuchábamos discos de vinilo y luego pasamos a los CD’s. Recuerdo que a los dieciséis años compré mis primeros discos: fuimos con unos compañeros del secundario hasta las galerías de Avenida Rivadavia para comprar algunos álbumes. Mientras ellos buscaban títulos de los ’80 o de Bob Dylan, yo me compré la colección completa de Julio Sosa. Cuando los vieron, me querían matar.

- ¿Esas canciones de Julio Sosa despertaron tu pasión?

Sí. Y Vicente Russo, que integró grandes orquestas de la década del ’40, también tuvo mucho que ver. Mi viejo le preguntó si quería probarme y a él le interesó la idea. “Te aviso que si no se adapta a nuestro estilo no lo tomo”, amenazó, ante la mirada de mi papá. Tuve suerte, Vicente me aceptó. En su orquesta conocí a Jorge Falcón, quien después se haría muy conocido, y de ahí salió una amistad maravillosa.

- ¿Recordás cómo fue tu primer show?

Tenía muchos nervios, lo que me impidió sacar lo mejor de mí. Con los años me dí cuenta de que con la distensión viene la seguridad. Russo me fue formando de a poco, recuerdo que los dos primeros temas que toqué fueron “Cambalache” y “Siga el corso”. Los debo haber escuchado unas trescientas veces, gasté el vinilo.

- Al menos fue un recuerdo grato.

En ese momento yo no me daba cuenta de las cosas. Unos años más tarde lo aprendí con Virgilio Expósito, cuando integré su Sexteto. Aparte de ser el compositor de “Naranjo en flor”, formó una orquesta propia en Brasil y fue director musical durante diez años. Virgilio tenía muy mal carácter y con su hermano, Homero, se comportaban casi como siameses. En materia musical se consultaban todo y encima vivían a dos cuadras de distancia uno del otro. Como sabía de su mal carácter, a veces lo gastaba con la letra del tango “Chau, no va más”, con una parte que dice: “tomalo con calma, esto es dialéctica pura. Te volverá a pasar tantas veces en la vida”. Cuando venía ese fragmento del recitado, lo agarraba del hombro y se lo decía a él. No sabés como se enojaba. Quería que todo fuera perfecto.

- ¿Te exigiste mucho en tu trayecto como tanguero?

Exigencias siempre hay, aunque también es imprescindible que el tanguero tenga buen corazón. En una orquesta el cantante es un instrumento más y tiene que tratar de acoplarse al compás y a las melodías. En el tango no es solamente cantar, hay que aprender a “decir”, a “frasear” para que la gente entienda.

- Este saber “decir” te ayudó a afrontar la difícil situación que atravesaste.

El 2019 no fue un año muy feliz: sufrí un infarto y ese fue el inicio de la caída. Cuando me quise reincorporar al trabajo informal que tenía, ya habían ocupado el puesto que desempeñaba. Desempleado, lo único que me quedaba eran las presentaciones en bares. Hay que decirlo: es muy difícil vivir del tango. El resto fue una cadena de sucesos lamentable: pasó el tiempo, me fui comiendo los pocos ahorros que tenía y cayó la pandemia. Llegué a vivir en una camioneta; una situación traumática para cualquiera. Pasé hasta cinco días sin desayunar, treinta días sin bañarme, la gente que antes te saludaba se cruza de vereda. Es un deterioro cíclico, mental y físico. No encontraba la salida y pensé en tomar la peor determinación a la que puede llegar una persona.

Fue un policía de la Ciudad quien me sugirió la idea de grabar un video para que se viralizase. Al principio me resistí, me daba vergüenza. Pasaron los días y mi situación empeoraba, así que accedí. Apenas se subió el video, lo vio el dueño del bar La Paz, Ramón, y me dio cobijo, un techo y alimento. Acudió a mi rescate. Las vueltas de la vida hicieron que un nuevo video en el que me grabaron cantando llegase a las seis millones de reproducciones.  Lo que no me pasó en toda la vida, lo obtuve en dos meses.

- Increíble. A veces la solidaridad de los extraños mueve montañas.

Y tantas personas que me han ayudado. La Red Solidaria, principalmente. Estuvieron conmigo desde el primer momento. La misma actitud tuvieron mis colegas tangueros cuando vieron el video. Enseguida vinieron a tenderme una mano.

- ¿Y no te ayudó nadie de tu familia?

Tengo una hermana que vive muy lejos, en Villa Gesell. Y tuve una familia constituida durante veinte años, hasta que nos separamos. No fue en malos términos, pero mi mujer se llevó a mis hijos al exterior y el vínculo se perdió de a poco. A veces me comunicó por teléfono con mi hijo más grande. Pero solo eso.

Alejandro Reyna se presenta este sábado 1 de agosto a las 21 horas, vía streaming. Las entradas solidarias pueden adquirirse a través de Ticketek (https://www.ticketek.com.ar/alejandro-reyna/video-demand)

 

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