La literatura no cambia el mundo, pero el Filba convoca a multitudes

30 de septiembre, 2022 | 23.08

(Por Josefina Marcuzzi) No toda literatura es política y nada de lo que se escriba podrá cambiar el mundo, aunque se lo intente con el mayor fervor posible: con intervenciones esperanzadas pero al mismo tiempo regulando el optimismo, las escritoras McKenzie Wark, Nona Fernández y Gabriela Massuh protagonizaron esta noche uno de los intercambios más prometedores del Filba, en la tercera jornada del festival que en su regreso a la presencialidad demostró que no ha perdido su músculo para activar nuevas conversaciones sobre debates clásicos en torno a la cultura y la agenda social.

Alguien en las redes sociales dijo que Mckenzie Wark es la Dua Lipa en el ámbito cultural argentino, trazando una potente analogía con la exitosa cantante británica que hace poco se presentó en la Argentina. Lo que pasa en el tercer día del Filba lo confirma: grupos de amigas, parejas y personas solas persiguen con la mirada a la escritora y activista trans nacida en Australia que visita Buenos Aires y deja un halo de admiración a su paso.

Junto a otras escritoras como Gabriela Massuh, argentina, y Nona Fernández Silanes, chilena, se encuentran en la entrada de la sala del Centro Cultural Recoleta que las va a alojar para dar una charla sobre literatura y política, o activismo político en la literatura. La pregunta que rige la conversación es si la literatura puede cambiar el mundo y las expositoras son contundentes: no, pero lo intentamos.

Las escritoras firman el interior de los libros de todas las personas que hacen fila para poder verlas y escucharlas. Por fuera, en uno de los pasillos del Centro Cultural, un stand que oficia de librería vende los títulos de los autores y las autoras que convocan en el festival: Laurie Anderson, María Negroni, Leila Guerriero, Tim Maughan y Diana Bellessi, entre tantos otros.

La propuesta del Filba sigue siendo tan variada como atractiva e incluye un highlight que será mañana: una lectura maratónica del escritor Iosi Havilio, que comenzará a partir de las 15 y durará cerca de 7 horas, en la Sala Código Lux del Complejo Cultural Recoleta.

“Valoro este tipo de espacios porque son un lugar de intercambio para quienes nos gusta pensar la literatura en sus diferentes dimensiones. Yo vine específicamente por la conversación de Leila Guerriero porque admiro mucho su trabajo”, cuenta Luciana, que vino con dos amigas a escuchar a la periodista.

A las 18.30 de este viernes, la sala principal del centro está prácticamente llena. La periodista María Eugenia Ludueña es quien media la conversación entre Wark, Massuh y Fernández Silanes, quienes coinciden en el valor que tiene que este festival esté organizado por mujeres.

La pregunta central es si toda literatura es política, y si la literatura puede cambiar el mundo. Y la respuesta, para las expositoras, es unánime y es que no. Sin embargo, como pequeños rayos esperanzadores, las autoras proponen distintas miradas que podrían ser el germen de una construcción en este sentido.

“Siento que atravesamos un momento bastante sombrío. Porque la literatura es, finalmente, burguesa, porque las editoriales son burguesas y, en definitiva, una cuestión de elite. Creo que la clave se trata en contar historias para que LA historia reaparezca en el presente como una epifanía, capaz de lograr la redención de tanta humillación y tanta ofensa”, sostuvo Massuh hacia el final de su exposición sobre el rol de la literatura hoy.

En su turno, la autora chilena Nona Fernández Silanes hizo algún chiste respecto al carácter agrio de sus comentarios, pero fue aplaudida por la sala entera. “La cineasta Agnés Vardá, en su película 'Los espigadores y la espigadora', propone una idea que es la construcción de una realidad a partir de los trozos, de la basura de lo que la sociedad aparta, deja afuera del sistema. Para reciclar, elaborar y procesar algo nuevo. Me gusta apropiarme de esto para pensar que cada libro que escribo es un intento, aunque fracase cada vez, de crear nuevas dimensiones políticas", dijo.

Haciendo referencia al proceso político que se vivió en Chile y el fracaso de un nuevo texto de la Constitución en el país vecino que pudiera reemplazar al actual, vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet, Fernández Silanes hizo hincapié en que la producción cultural debe estar siempre anclada en un objetivo: reaccionar frente al contexto dado.

“Me aterra lo que pasa en mi país. Pero creo siempre en lanzar nuevos intentos. Reutilizar, reciclar, enviar al universo libros con la intención de que en algún momento, quizás, puedan ser cimiento en la construcción de una realidad mejor. Y ya no sólo desde el pensamiento y las idea: es necesario poner el cuerpo y crear trincheras", planteó.

La discusión tuvo muchos momentos de humor y distención, pero también de zozobra cuando se planteó el escenario de un mundo que ve el crecimiento de las derechas más radicales y los movimientos neo-fascistas en muchos países del mundo.

“Ante esta amenaza, considero fundamental crear posibilidades y espacios de lectura y escritura dentro de comunidades específicas, marginadas históricamente, como es la comunidad trans. Nuestra comunidad siempre ha vivido en los márgenes y por eso nuestra escritura necesita del apoyo editorial, institucional, estatal y de la prensa, para que nuestra producción cultural sea sostenible en el tiempo”, sostuvo Wark, la escritora que en su obra "Vaquera invertida" narra su transición de género.

“Para nosotras no es suficiente tener una comunidad editorial o consolidarnos como institución cultural. También es necesario lidiar internamente con cuestiones como la raza, la inmigración y las minorías dentro de las mismas minorías, que también son ignoradas”, sostuvo más adelante.

Conmovidas por la posibilidad de esta charla, las autoras celebraron el encuentro e invitaron a los espectadores a repensar la función de la literatura como herramienta cultural y política que cuestione ideas, supuestos y territorios que parecen dados pero que todavía pueden ser disputados de un modo activo.

“ El poder de la cultura es un poder débil pero que juega un rol importante para organizarnos y llevar adelante al autodefensa cultural, ya sea en forma literaria o desde otros lugares, como parte de una práctica más grande para forjar una trama de la organización cultural que nos permita formar el escenario menos peor”, indicó Wark.

Las jornadas de encuentro en el Filba continúan este fin de semana y prometen más. Mañana, por ejemplo, a partir de las 16.00 estará la ilustradora Julia Baratta con una propuesta muy original: las personas que se acerquen podrán decirle a la artista cual es su “causa” (política, personal, popular o íntima) y ella hará un dibujo ilustrado personalizado inspirado en el tema propuesto. También mañana, a partir de las 19, habrá un encuentro en el patio del aljibe que combinará música y literatura, con Inés Ulanovsky y Lorena Rizzo.

El domingo se presentará a partir de las 17.30 la escritora y pensadora Beatriz Sarlo, en la actividad Primera Persona junto a Ariel Schettini, donde repasarán su trayectoria y planteará interrogantes y obsesiones literarias.

El cierre del festival será a partir de las 20 hs. en la terraza del Cultural Recoleta, con la presencia estelar de Laurie Anderson, quien leerá su poesía. Las entradas se podrán retirar el mismo domingo a partir de las 12.30.

Con información de Télam

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