La denuncia de la actriz Thelma Fardin contra Juan Darthés por violación es el ejemplo de lo que viven la mayoría de las niñas, niños, adolescentes, mujeres, lesbianas, gays y personas trans que denuncian violencia sexual ante la justicia. También ocurre con aquellas madres que acompañan las denuncias de abuso sexual de sus hijos e hijas. Se repite como un patrón: no les creen, las tratan de locas, intentan desprestigiarlas y las revictimizan.

La historia de Thelma Fardin, a su vez, es el reflejo de la falta de respuestas institucionales serias. La administración de justicia no avanza con celeridad en las investigaciones y el Estado no está a la altura del acompañamiento que demanda. En el caso de la actriz, tuvo que recurrir a la solidaridad y apoyo del colectivo de Actrices Argentinas, la red de abogadas y periodistas feministas y otras organizaciones ya que el patrocinio jurídico gratuito para víctimas, uno de los reclamos de Ni Una Menos, aún no fue puesto en marcha por el gobierno actual. La cooperación internacional para la causa dependió de las voluntades de funcionarias comprometidas. Por el momento, sólo la UFEM, organismo que funciona en el marco del Ministerio Público Fiscal, está articulando con la justicia de Nicaragua, donde está radicada la investigación judicial.

La asimetría de poder también es otro elemento que se repite en las historias de la mayoría de las victimas que eligen el camino de la denuncia. Frente a Thelma Fardin y su equipo que patrocina la denuncia se posiciona una defensa judicial con recursos económicos y el apoyo de parte de la corporación mediática.

La estrategia mediática de la defensa es perversa: la apuesta por la desinformación y el planteo de una pelea entre mujeres, apoyándose en la difusión de un audio del entorno de la victima. Una persona que transmite únicamente una creencia y que no estuvo en el lugar ni en el momento de los hechos. Aún en los propios entornos familiares, de trabajo y sociales las víctimas se encuentran con la barrera del descreimiento.

Tal como señaló la abogada de la actriz, Sabrina Cartabia, en un comunicado: “La definición de la investigación no se decide en base a creencias, sino con pruebas”.

La estrategia de desinformación de la defensa del actor también colabora con correr el foco de la conversación: dejar de hablar del acusado y apuntar a la víctima y su entorno.

La historia de Thelma fue conocida porque se trata de una persona pública pero las niñas, niños, pibas, mujeres, lesbianas, gays, trans, revictimizadas/os como ella son cotidianas en todos los ámbitos y clases sociales. Además de la demanda de justicia particular, está historia debe ser la punta de lanza de una transformación en los sentidos comunes, la sociedad, el Estado y la justicia que se vuelve cada vez más urgente.