Fenómenos naturales: ¿Qué pasa si metemos un meteorito al horno? Estos científicos lo hicieron y así les fue

Una nueva y extraña experiencia vinculada con este fenómeno natural por parte de algunos especialistas sorprendió a todos.

15 de abril, 2021 | 19.07

El misterio con relación a los meteoritos sigue presente a escala global. Ahora, lo que faltaba era que algunos científicos colocaran algunos restos de ellos al horno y lo hicieron: sí, el resultado es tan fascinante como curioso... Dieron pistas sobre las atmósferas tempranas de los planetas rocosos, que se cree que forman principalmente a partir de gases liberados de la superficie de los mismos como resultado del intenso calentamiento durante la acumulación de bloques de construcción planetarios 

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Investigadores de la Universidad de California (UC), en Santa Cruz, calentaron las prístinas de meteoritos en un horno de alta temperatura y analizaron los gases liberados. Sus resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, sugieren que las atmósferas iniciales de los planetas terrestres pueden diferir significativamente de muchas de las suposiciones comunes utilizadas en los modelos teóricos.

"Esta información será importante cuando empecemos a poder observar las atmósferas de los exoplanetas con nuevos telescopios e instrumentación avanzada", resaltó la primera autora, Maggie Thompson, estudiante de posgrado en astronomía y astrofísica en la UC.

"Cuando los bloques de construcción de un planeta se juntan, el material se calienta y se producen gases, y si el planeta es lo suficientemente grande los gases serán retenidos como una atmósfera", explicó la coautora Myriam Telus, profesora adjunta de ciencias de la Tierra y planetarias en la UC. "Estamos tratando de simular en el laboratorio este proceso tan temprano en el que se está formando la atmósfera de un planeta para poder poner algunas limitaciones experimentales a esa historia", añadió.

Los especialistas estudiaron tres meteoritos de un tipo conocido como condritas carbonosas de CM, que tienen una composición considerada representativa del material a partir del cual se formaron el sol y los planetas. "Son materiales sobrantes de los bloques de construcción que pasaron a formar los planetas de nuestro sistema solar", apuntó Thompson. Y explicó que "las condritas se diferencian de otros tipos de meteoritos en que no se calentaron lo suficiente como para fundirse, por lo que han conservado algunos de los componentes más primitivos que pueden informarnos sobre la composición del sistema solar en la época de la formación de los planetas".

En colaboración con los científicos de materiales del departamento de física, los investigadores montaron un horno conectado a un espectrómetro de masas y a un sistema de vacío. Mientras las muestras de los meteoritos se calentaban a 1.200 grados Celsius, el sistema analizaba los gases volátiles producidos por los minerales de la muestra. El vapor de agua fue el gas dominante, con cantidades significativas de monóxido y dióxido de carbono, y cantidades menores de gases de hidrógeno y sulfuro de hidrógeno también liberados.

Según Telus, los modelos de atmósferas planetarias suelen asumir abundancias solares, es decir, una composición similar a la del sol y, por lo tanto, dominada por el hidrógeno y el helio. "Sin embargo, basándose en la desgasificación de los meteoritos, se esperaría que el vapor de agua fuera el gas dominante, seguido por el monóxido de carbono y el dióxido de carbono", profundizó. También dijo que "utilizar las abundancias solares está bien para los planetas grandes, del tamaño de Júpiter, que adquieren sus atmósferas de la nebulosa solar, pero se cree que los planetas más pequeños obtienen sus atmósferas más de la desgasificación".

Los facultativos compararon sus resultados con las predicciones de los modelos de equilibrio químico basados en la composición de los meteoritos.
"Cualitativamente, obtenemos resultados bastantes similares a los que los modelos de equilibrio químico predicen que debería desgasificarse, pero también hay algunas diferencias", amplió, porque "se necesitan experimentos para ver lo que realmente ocurre en la práctica. Queremos hacer esto con una amplia variedad de meteoritos para proporcionar mejores restricciones a los modelos teóricos de atmósferas exoplanetarias".

Otros colegas ya han probado esto mismo, pero esos estudios tenían otros fines y utilizaban métodos diferentes. "Mucha gente está interesada en lo que ocurre cuando los meteoritos entran en la atmósfera de la Tierra, así que ese tipo de estudios no se hicieron con este marco en la mente para entender la desgasificación", reconoció Thompson.

Los tres bajo la lupa en este caso fueron la condrita Murchison, que cayó en Australia en 1969; Jbilet Winselwan, recogido en el Sahara Occidental en 2013; y Aguas Zarcas, que se dio en Costa Rica en 2019. "Puede parecer arbitrario utilizar meteoritos de nuestro sistema solar para entender los exoplanetas alrededor de otras estrellas, pero están encontrando que este tipo de material es en realidad bastante común", completó por su parte Telus.

Qué son los meteoritos

Se trata de meteoroides que alcanzan la superficie de un planeta debido a que no se desintegran por completo en la atmósfera. La luminosidad dejada al desintegrarse se denomina meteoro, el cual proviene del griego μετέωρος meteoros, que significa "fenómeno en el cielo". Presentan una gran diversidad de tipos. No obstante, si se toman en consideración las partículas que los constituyen o los procesos físicos que intervienen en su formación, pueden clasificarse en cuatro grupos: hidrometeoros, litometeoros, fotometeoros y electrometeoros.

Los más pequeños son diminutas partículas y los de mayor tamaño pesan más de 1.000 libras: más de 30 toneladas de metal en total. Los meteoritos, aerolitos o estrellas fugaces son partículas sólidas que se desplazan por los espacios interplanetarios. Al no resistir la atracción terrestre, entran en la atmósfera y lo hacen con una gran velocidad que el calor que provoca con el roce del aire y, de hecho, los pone incandescentes.

Si se tiene una muestra real que valga la pena examinar, hay que llevarla en cuanto se pueda a la universidad o al museo geológico más cercano.

*Con información de Europa Press 

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