Mercedes Martinez fue expulsada de la Policía Federal y busca ser reincorporada. Su pedido está dirigido a la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich y busca tener una resolución “justa y con perspectiva de género”.

Después de años de sufrir reiterados episodios de violencia de género a cargo de su pareja, también agente de seguridad, y ostentaba un rango superior, la oficial Mercedes Martínez denunció a su ex pareja por golpes y maltratos ante la Policía Federal. Sin embargo, a pesar de mostrar las lesiones en su cuerpo, las cosas

maria martinez con su bebe

no salieron como ella esperaba, sino todo lo contrario: fue hostigada y sancionada, hasta llevarla al retiro, con un magro sueldo de jubilación.

En el año 1997, Mercedes, recién egresada, fue trasladada al destacamento de la Sociedad Rural Argentina, que dependía de la comisaría 23°. Allí trabajaba un oficial inspector llamado Ángel Eduardo Notarfrancesco, su superior y (posteriormente) pareja y padre de su hija.

En 1999, tras idas y vueltas en la relación, sobre todo después de que Notarfrancesco la había abandonado con su hija recién nacida, Fiama, Mercedes decide darle una oportunidad, apostar a la pareja y se mudaron juntos, pero los episodios de violencia hacia ella empezaron y ya no cesaron nunca.

maria martinez con su bebe

“Yo quería volver a la fuerza después de la Maternidad y él no me dejaba, se malhumoraba, me gritaba… y empezó a sacar el arma. Una vez me pegó con mi hija en brazos. Me empujó y me tiró contra un marco con tanta fuerza que me rompió un tímpano”, recuerda.

Mercedes sufrió frecuentes episodios de violencia de género e, incluso, presenció intentos de suicidio de parte de Notarfrancesco. Finalmente, la mujer se reincorporó a la Policía en la comisaría 46°, a la cual iba con anteojos negros para “esconder” las evidencias de maltrato. Meses más tarde, volvió a vivir con sus padres y a protagonizar una terrible pesadilla.

“Todos los sabían, era un secreto a voces, yo en ese momento me sentía muy culpable, una vez me pegó en la Comisaría”, dijo. Y agregó: “Me hostigaba, me seguía con el auto. También hacia inteligencia y me intervino la línea de teléfono y después me decía dónde había estado, con quién había hablado…”.

Cansada de tanta violencia hacia ella y a su hija en el año 2002, se dirigió a la Justicia y lo denunció por violencia familiar; no obstante, le aseguraron que “tenían las manos atadas” ya que su carrera se vería en peligro”. A pesar de las advertencias, el cansancio de sufrir la violencia pudo un poco más. “Yo siempre intenté defender a mi mamá, me ponía para que no le pegue, incluso muchas veces sabiendo eso, él me encerraba y le hacía cosas horribles a ella” relata Fiama, que hoy tiene 21 años.

Sin embargo la pesadilla no terminó. Después de ir a la Justicia intentó hacer la denuncia en la Policía. Allí no se la quisieron tomar. Cuando Notarfrancesco se enteró, la amenazó de muerte y con despedirla de la Fuerza. Semanas después, recibió un sumario interno por “haber protagonizado actos en su vida privada con trascendencia a terceros”. Su ex pareja también recibió una sanción del mismo tipo, aunque con consecuencias muchísimo más indiferentes. A ella después de hostigamientos, de enviarla a realizar tareas que no le correspondían con respecto a su rango, la pasaron a retiro obligatorio. A él lo ascendieron a subcomisario.

Los acosos no cesaron por lo que ella puso una restricción. En diversas oportunidades el hombre la violentó a ella y a su hija, incluso la nena declaró en Cámara Gesell que su padre la apuntó con una pistola. Ella quedó sin trabajo y dependiendo de la cuota alimentaria que Notarfrancesco pagaba arbitrariamente. Mercedes cayó en una depresión: se había quedado sin el trabajo que deseó desde siempre. Toda su familia prestó servicio a la fuerza.

maria martinez con su hija fiamma

Sin embargo la escalada de violencia siguió y si bien recibió apoyo de algunos pares otros no la acompañaron. Una anécdota así lo demuestra:

“En el año 2011 llevé a mi hija con una amiga al recital de Jonas Brothers, vimos a Notanfrancesco que estaba presente, violando la restricción que tenía”, relató Martínez. Sin embargo, en vez de encontrar contención en otros colegas de la fuerza solo encontró violencia. Quien hoy ocupa el cargo de custodio de la Ministra Patricia Bullrich, el Principal Guillermo Busetti, por ese entonces, Subinspector de la Comisaría 23, la atacó al ver la desesperación de la mujer y el miedo debido a la presencia de su ex pareja:

“Bussetti, cuando me ve que estoy acompañando a mi hija al recital, en vez de encararlo a él por violación de orden de restricción, me encara a mí, me "pechea ", y me dice "andate de acá...no te portes mal y me grita...". "Al ver ésto un Inspector...ésta actitud violenta del Subinspector BUSSETTI, pregunta qué pasaba, y ahí le pido que me ayude, le ordena al Subinspector BUSSETTI que se vaya, y proceden a dar aviso al Juzgado Correccional y lo detienen al Subcomisario Notanfrancesco”, recuerda de aquel día.

En ese momento, Bussetti era un subordinado de Notarfrancesco y, según relataron otras mujeres policías, era un procedimiento común para el ahora Principal en casos de violencia de género: “Se cubrían entre ellos”.

Mercedes reflexiona: “Si nosotras cuyo trabajo es cuidar a los demás nos encontramos en desamparo total, ¿Cómo cuidamos a otros?”.

A pesar de los golpes, las amenazas reiteradas a Mercedes y su hija Fiamma, la Policía hizo oídos sordos a esta situación. Es más, Notarfrancesco ascendía y tomaba cada vez más relevancia en la Fuerzas, al punto de estar a cargo del Cuerpo de Guardia de Infantería.

El policía estuvo a cargo de la Infantería en el brutal desalojo del Parque Indoamericano que terminó con tres muertos en 2010. Él, en particular, fue filmando agrediendo a los camarógrafos que intentaban registrar cómo golpeaba a un joven en el suelo. Recién ahí el subcomisario, que también había participado del operativo en el que mataron al militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra, fue desafectado de la Policía. En 2012, murió de un infarto.

Con este difícil contexto, Mercedes dedicó desde ese momento un solo objetivo: recuperar su trabajo y ser reintegrada a la fuerza policial, de la cual había sido expulsada por denunciar que era víctima de violencia.

Mercedes siguió reclamando y tras recorrer diversos organismos, descubrió que, en realidad, corresponde que se revoque la resolución original de jubilarla. Se lo pidió al Ministerio de Seguridad y, en 2017, le respondieron que no. Entre agosto y octubre de 2018 insistió: denunció la ilegitimidad de aquel acto con todos los estudios correspondientes. En diciembre, en un escrito elaborado por la Defensoría General de la Nación, exigió que además se tenga en cuenta la perspectiva de género. El pedido de Mercedes es claro: busca volver a trabajar, limpiar y honrar su nombre tan maltratado y que se haga justicia.

Fiamma, de 21 años acompaña a su madre en el reclamo. Cauta en sus palabras pero a la vez contundente, exige justicia. Habla sobre lo vivido y alerta sobre la naturalización de la violencia, casi como una experta. Ella decidió cortar, el legado familiar y no ser policía sino estudiar medicina. “Estoy muy orgullosa de lo que está haciendo mi mamá, es muy valiente y fuerte” expresa la joven sobreviviente de violencia de género.