El domingo 2 de septiembre Soledad Magdalena se entregó a la comisaría cuarta de Berazategui tras matar a su marido, Cristian Senra, el día anterior. La razón: el hombre, luego de amenazar con hacerlo durante meses, intentó violar a su hijastra de 14 años, y la mujer lo ahorcó con el cordón de su campera para separarlo. Sin embargo, la Justicia deberá definir entre este lunes y martes si confirma su prisión preventiva, a pedido del fiscal Carlos Riera.

Aunque la secuencia de hechos está clara, el juez Damián Vendola no considera que se trate de un caso de legítima defensa. Por eso, desde la organización Futura, que nuclea a varios colectivos feministas, harán una presentación judicial “para poner al juez en conocimiento de que es un caso de legítima defensa, y que proseguir de otra forma es también violencia sobre esta mujer”, contó a El Destape Sofía Veliz, integrante de la agrupación.

Es que, además, esta situación que terminó de una forma extrema no fue algo aislado: fue el punto cúlmine de cinco meses en los que Soledad fue violada por su pareja en reiteradas ocasiones para evitar que le haga lo mismo a su hija adolescente, ante las constantes amenazas que recibía al respecto.

Soledad y Senra estaban casados y vivían juntos desde hacía siete años, junto con su hija de cuatro años que tenían en común y los dos de la mujer: un varón, de 18, y la nena, de 14. El día del asesinato, el matrimonio se estaba separando, y el hombre había decidido irse. Sin embargo, volvió con su camioneta.

“Las obligó a subir; en el trayecto con el auto en un momento frena y le blanquea a la nena que la iba a violar, y la empieza a tocar adelante de Soledad, que estaba en el asiento de atrás. En ese momento se arranca el cordón de su campera y con eso lo intenta separar de su hija. Ni siquiera tenía intención de matar”, relató la militante feminista.

En su declaración judicial, Soledad relató que Senra "le empieza a decir que ella va a poder superar el abuso", porque su madre pudo hacerlo. "Yo le dije que ninguna mujer supera un abuso, y volvió a recalcar que la culpa la tenía mi hija", recordó.

"Fue en ese momento que se lanzó sobre ella, empezó a tocarla en medio de las piernas y me di cuenta de que estaba excitado, por los gestos, la mirada, la manera de hablar, de balbucear, la manera de expresarse y decirle a ella ‘te va gustar, te va gustar'. Ahí le empezó a decir que a ella le iba a gustar su pija, que ella tenía que conocerlo, que él estaba muy caliente con ella, que le gustaba todo su cuerpo, que le gustaba su cola, mientras le hablaba volvió a meter sus manos entre sus piernas", contó la mujer ante la Justicia.

Desde abril de este año, el hombre “había violado a Soledad en repetidas oportunidades, en una especie de desquite de ‘si no es tu hija, sos vos’”, contó Veliz. “Ella se entregó a esa lógica violenta para defender a su hija. Él la violaba brutalmente y sistemáticamente”, lamentó.

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"Los golpes empezaron a ser cotidianos, pero siempre de la puerta para adentro. Me declaró que quería que yo esté presente en el momento que él abusara de mi hija. La noche que me confiesa eso, me da a elegir entre mi hija o yo, le dije que jamás iba a permitir que tocara a mi hija, ese fue el inicio de los abusos hacia mi. El se descargaba conmigo sexualmente y todo era para no llegar a ella”, aseguró Soledad cuando declaró ante la Justicia.

Después de toda esta violencia, ahora Soledad se debe enfrentar a la del sistema judicial, que, contra lo que plantea el Código Penal respecto a la legítima defensa de terceros, está presa desde hace un mes.

Desde entonces, el hijo de 18 y las hijas de 4 y 14 están al cuidado de sus abuelos maternos, que son “gente muy mayor que no está bien de salud”. “La madre del muerto tiene una posición a favor del violento, y Soledad tiene mucho miedo de que intente quitarle a su hija menor. Desde que fue el hecho, la víctima de 14 años está en su casa, sin ir a la escuela, cuidando a su hermana menor, con miedo y su mamá presa”, sostuvo Veliz.

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