Un Gólem en Buenos Aires, escrita y dirigida por Carina Toker, es un alegato contra la automatización, a favor del rescate de lo poético, que al incluir el poema “El Gólem” de Jorge Luis Borges y poemas del escritor Eliahu Toker, logra acercar esos textos, que son parte de nuestro patrimonio cultural, al espectador, a través de esta historia original y sensible, que emocionará a grandes y chicos.

“Un Gólem en Buenos Aires” pretende ser un punto de partida para la reflexión acerca de lo diferente y su integración; así como un acercamiento al mundo de las letras, la poesía, las artes visuales, la música y la danza. Pero por sobre todo “Un Golem en Buenos Aires” quiere entretener, sorprender y hacer vibrar al espectador, quiere ser arte y goce estético con un material que abreva en fuentes antiguas y modernas, y que usa el talento en el cuerpo de los actores, composiciones musicales originales, la creación de artistas visuales, las coreografías y la imaginación de los escritores y poetas para hacer del teatro una experiencia única para cada uno. Carina Toker, la directora de la obra que se muestra los sábados a las 17 y los domingos a las 15.30 en el Teatro El Tinglado (Mario Bravo 948) le contó a El Destape más detalles.

-Suele ocurrir que algunas grandes obras literarias o teatrales, han tenido como disparador algún suceso común, o cotidiano ¿Cómo se te ocurrió escribir Un Golem en Buenos Aires? ¿Por qué esta obra?

-Yo diría que hubo un primer suceso disparador a partir del cual se empezó a gestar esta obra en mí. Fue en noviembre del 2010, cuando me estaba despidiendo de mi padre, poeta y escritor judeo-argentino, que estaba enfermo, y sin saber por qué, le dije: "voy a hacer algo de tango y Klezmer". Su sonrisa y mis palabras siguieron resonando en mí por años.

Tengo lo artístico muy ligado a él. Muchas veces escribíamos los guiones para mis espectáculos juntos, y cada vez que yo encaraba un nuevo proyecto él solía preguntarme: ¿por qué no hacés algo de tango y klezmer? y después me preguntaba: ¿Y el Golem?. Esto también siguió resonando en mí.

En el 2012 realicé un homenaje dedicado a él que se presentó en el Auditorio de AMIA, y me sumergí de lleno (entre otras cosas) en sus poemas. Conmovida, una vez más por su poesía, decidí que en algún momento crearía algo con su obra poética, cosa que también quedó resonando en mí.

Cuando en el 2015 decidí empezar a escribir una nueva obra, comenzaron a aparecer en mí estos elementos aparentemente sueltos: el Gólem, lo Klezmer y el Tango, los poemas de mi padre. Y al sumergirme de lleno en la leyenda del Gólem de Praga, me conmovieron especialmente el poema "El Golem" de Borges y un cuento que escribió Bashevis Singer para chicos acerca del Gólem.

Este cuento me alentó a dedicar la obra al público infantil y familiar, ya que me siento a gusto armando espectáculos para este público.

-¿Por qué esta obra?

-Quizás porque en “Un Gólem en Buenos Aires” confluyen mis mundos, los poemas de mi padre, que son parte de mi vida y me siguen acercando a él aunque él ya no esté, la danza, mi medio de expresión más aceitado, la música klezmer, que ya es parte de varias de mis obras coreográficas, el tango y la milonga, un enamoramiento reciente; el Gólem, personaje al que tantas veces me acerqué y postergué y dos nombres que se escuchaban a diario en mi casa: Bashevis Singer y Borges.

-En la presentación de la obra, dicen que Un Golem es "un alegato contra la automatización" ¿Por qué?

-El Gólem de esta obra es lo opuesto al Gólem de la leyenda de Praga. El Gólem de Praga es un ser autómata, que no piensa, sólo obedece órdenes. Es pura fuerza y no tiene sentimientos ni sensibilidad. El Gólem de Buenos Aires, por un suceso inesperado que ocurre en la obra (y no les voy a adelantar) es todo lo opuesto al de Praga. La obra en su totalidad es un alegato contra la automatización, en favor de la sensibilidad y la palabra como factor humanizador.

-Para quien no sabe, ¿cómo podrías definir a un golem, según la mitología judía?

-Para la mitología judía, un Gólem es un ser creado a partir de materia inanimada, barro o tierra, por el famoso rabino cabalista llamado Rabí Loew allá por el siglo XVI.

-¿Cómo incorporaste a Borges en la obra?

-Del poema “El Gólem” de Borges tomé algunas estrofas, sobre todo las que cuentan lo que le pasa al Gólem cuando “se despierta”. Es bellísimo ese poema en su totalidad, pero me pareció interesante expresar lo que le pasaba al Gólem a través de las palabras de Borges. Por supuesto, María Kodama aprobó la incorporación de esas estrofas a la obra.

-¿Qué te significa que la obra sea de interés cultural para el gobierno porteño y que haya recibido el mecenazgo cultural?

-Es un honor. Sé que son muy selectivos y valoro muchísimo que hayan seleccionado mi proyecto y lo hayan declarado de interés cultural. El haber recibido el Mecenazgo funcionó también como propulsor y acelerador para concretar el proyecto en el tiempo estipulado y por supuesto fue un gran apoyo económico necesario para poder realizar la obra con la calidad que me había propuesto.

-Sos dramaturga, directora: hacés teatro ¿Qué oficio es hacer teatro? ¿Por qué lo elegiste?

-Todavía no siento que soy dramaturga. Suena demasiado importante! De hecho en el programa de mano figura como “Libro y Dirección: Carina Toker”. Suelo hacer espectáculos y obras con menos texto. En este caso es verdad que debería llamarme dramaturga…tengo que acostumbrarme. Dirijo, escribo y soy coreógrafa de teatro hace ya muchos años y no siento que haya habido un momento en el que haya tomado la decisión y haya elegido hacer teatro; se fue dando en mí. Primero fui bailarina, coreógrafa, dirigí espectáculos, obras y comencé a escribir mis propios guiones. Es mi modo de expresión. Sí sentí claramente con la creación de “Un Gólem en Buenos Aires” una sensación hasta física de necesidad de plasmar esta obra que fui gestando en mi cabeza y que ya no podía seguir allí. Eso fue clarísimo para mí. Tenía que nacer. Y sí, hacer teatro es un oficio artesanal, que requiere de intensidad, perseverancia y pasión.

En esta nota