Por Mariano Torres Negri
Redacción El Destape
Fuera de campo cine

TRUE DETECTIVE
Calificación: Excelente

Si nos acercamos a la segunda temporada de la serie creada por Nic Pizzolatto como lo haría uno de los "detectives verdaderos" del título, nos encontramos con una enorme ironía: no hay evidencia ni huella narrativa concreta que conecte a ésta con la anterior temporada. La decisión inteligente de correrse de lo previsible y no dejar -demasiadas- pistas, parece obra de un frío y calculador asesino que sabe que, de repetirse, corre riesgo de ser atrapado (en éste caso, en la redundancia). Pizzolatto sabe que su creación, allá por el 2014, adquirió proporciones montruosas al convertirse en la serie más taquillera del año en los Estados Unidos, y sabe también que para no desprestigiar a la misma, el monstruo debe morir. Y en su lugar, claro, deben nacer otros distintos.

La segunda temporada de True Detective comienza con una clase magistral de introducción y desarrollo de personajes: lejos del formato buddy movie de la primera parte, aquí la estructura es multiprotagonista, y quienes llevan el relato son tres atormentados policías que parecen confirmar esa regla de Hollywood que dice que los personajes "están hechos de traumas". Por un lado, tenemos a la detective Ani Bezzerides (Rachel McAdams), personaje femenino duro cuya única flaqueza parece ser una constante represión sexual; por el otro a Ray Velcoro (Colin Farrell), un hombre de la ley con un pasado doloroso y violento, y finalmente al Oficial Paul Woorugh (Taylor Kitsch) que -entre otras cosas- acarrea problemas de identidad sexual en una profesión poco tolerante a la ambigüedad. Hay, sin embargo, un cuarto protagonista cuyo peso aumenta a medida que avanza la serie: Frank Semyon (Vince Vaughn), un empresario de negocios turbios que busca blanquear su imagen. Es éste último, increíblement, el más interesante de todos, gracias a una enorme (pero correctamente contenida) actuación de Vince Vaughn.

Lo que une a todos estos personajes es, una vez más, la aparición de un cadáver. Además, al igual que en la anterior entrega, existe un personaje adicional simbólico que funciona de contexto, y le pertenece a la geografía: aquí es la Ciudad de Vinci, región ficticia que parece inspirada en la real Vernon, el más pequeño enclave de toda California. No es una inocente coincidencia: a lo largo del Siglo XX, fue éste lugar el encargado de registrar los más altos índices de corrupción (por lo general ligados en negocios a la vecina ciudad de Los Angeles) y número de empresarios inescrupulosos.

Los dos primeros capítulos emitidos hasta el momento de esta nota esbozan un tono lúgubre, ampliación del gótico americano ya expuesto en la anterior temporada, que desconcierta a los fanáticos de la primera parte por lo radicalmente distinto de su trama. Mientras el primer episodio, como se expuso anteriormente, es apenas una larga introducción de personajes, el segundo recientemente emitido patea el tablero y hasta se da el lujo de concluir con un final inesperado, más parecido a un clímax de Game Of Thrones que al tono general de la serie. La nueva True Detective apenas conecta emocionalmente con la anterior, pero no debe ser juzgada en comparación. De superarse ese obstáculo, es posible disfrutar una vez más de uno de los mejores policiales televisivos de los últimos tiempos.