La Noche de los Museos es la ocasión perfecta para que la emblemática confitería El Molino reabra sus puertas, aunque sea solo por una noche. Luego de 21 años de abandono y de que haya cerrado sus puertas por problemas económicos, la Comisión Bicameral Administradora del Edificio decidió que es momento para mostrar el trabajo que realizaron en 70 días.

Aunque no hay fecha de apertura y los encargados de la restauración no se animan a fijar una, el trabajo que realizaron los restauradores junto con la UBA, la Universidad de Arte, el Ministerio de Interior y el Gobierno de la Ciudad en estos dos meses permitirá a los interesados visitar el salón de fiestas del primer piso y la emblemática confitería.

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A partir de las 20 hasta las 3, el sábado se realizarán visitas guiadas en grupo de a 30 personas y por un tiempo aproximadamente de 20 minutos.

El icónico edificio para la Ciudad de Buenos Aires posee un estilo Art Nouveau. La restauración de El Molino implica mantener la estructura de raíz, encontrar cada pieza que se usó para su construcción y replicar el lugar que fue el centro de fiestas de las “familias tradicionales” de la Ciudad y el lugar de arreglos políticos de último momento para los legisladores nacionales.

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Poder recuperar el patrimonio es fundamental para recuperar la memoria. Si no tuviéramos esos anclajes del patrimonio, no podríamos recuperar la memoria y en estos edificios hay una memoria social muy fuerte”, valoró la asesora de la Comisión Mónica Capano, en diálogo con El Destape.

El Molino no fue solo una confitería. Ubicado en la esquina de Avenida Rivadavia y Avenida Callo en diagonal al Congreso, el restaurante fue el centro de la rosca política cuando un proyecto no tenía los votos para ser aprobado a tal punto de que “era considerada la tercera Cámara”.

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“Acá bajaban los senadores y diputados a negociar los proyectos de Ley, era un ámbito importante desde lo político y social. Fue un lugar de reivindicación popular, en esa esquina Norma Plá hizo toda su tarea militante y todo eso lo tenemos que recuperar”, relató la restauradora y remarcó que el trabajo es “recuperar la memoria”.

En esa línea, Capano recordó su lucha como militante por el cupo femenino sancionado en 1991: “Nos juntábamos muchas mujeres en este lugar, estuvimos presionando para que la Ley de Cupos saliera y como en ese tiempo no teníamos celulares, veníamos a usar el teléfono público cuando una compañera no venía”.

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Bajo la misma línea, el presidente de la Comisión Bicameral y diputado por Unidad Ciudadana, Daniel Filmus, advirtió que “en la Ciudad, en general se le ha dado la espalda al patrimonio histórico y se ha destruido buena parte de lo que era un orgullo para los vecinos” y aseveró que El Molino “no solo es emblemático desde el punto de vista arquitectónico sino que también es una forma de revivir la época, el debate en el Congreso ya que este era un lugar de reunión y discusión entre legisladores”.

“Aquí se discutieron y resolvieron muchas de las leyes más importantes que se aprobaron en el país. Ponerlo en valor y mostrarles a los ciudadanos esa época de Buenos Aires es una oportunidad única”, sentenció.

Para una Ciudad en donde el negocio inmobiliario prolifera y el valor histórico de los edificios parece poco importante, la puesta en valor de un edificio como El Molino emociona a los que buscan que el viejo gigante esté en la brevedad con sus puertas abiertas.