La tendencia a imaginar cómo son las reuniones de trabajo del “mejor equipo de los últimos 50 años” frente a esta coyuntura -al margen del gran despliegue de café y Chocoarroz en la mesa del encuentro- es de tranquilidad en sus integrantes. Una devaluación del 14% y la pérdida de u$s6.000 millones de reservas internacionales en algo más de una semana es leída como una “señal” de que los mercados están actuando. Sólo con ese barniz ideológico de ortodoxia económica extrema se puede justificar las cínicas respuestas de Marcos Peña frente a la preocupación por la suba del dólar.

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Hace meses los economistas de distintas corrientes (de izquierda, peronistas, libertarios y de derecha rancia) fueron advirtiendo, con números concretos, sobre la agudización de los desequilibrios externo y fiscal en más de un 50% respecto de lo que habían recibido en 2015. También llamaron la atención sobre la descontrolada toma de crédito, que aumentó el endeudamiento del país más de 17 puntos del PIB al cabo de casi dos años y medio de gobierno. Transcurrido este tiempo hay más desequilibrio de la macroeconomía y más deuda que cuando asumió este gobierno, con una economía que apenas creció un 0,54% promedio anual.

Es difícil construir tamaña vulnerabilidad económica en tan corto plazo. El mayor problema es que fue deliberado. La apertura comercial y financiera le costó al país en el bienio 2016-2017 u$s 33.000 millones por déficit de cuenta corriente y u$s 30.000 millones por fuga de capitales. El pueblo argentino asiste hoy a un “dolarazo” que acumula 143% de devaluación desde que inició su mandato este gobierno y padece una caída estrepitosa de su nivel de vida por las tarifas de los servicios públicos, el costo de la nafta, la suba de alimentos y la de los medicamentos.

La apertura comercial y financiera le costó al país en el bienio 2016-2017 u$s 33.000 millones por déficit de cuenta corriente

Esos u$s 63.000 millones regalados a los agentes económicos más poderosos por distintas formas, salidos de los bolsillos de trabajadores, jubilados, comerciantes e industriales hubieran servido para resolver los límites en la política de desarrollo que había encontrado el gobierno anterior.

Nuevamente, como ocurrió en 1955 por métodos violentos y en 2015 por las urnas, se truncó la posibilidad de que un escenario sostenido de crecimiento económico, bajo desempleo y, sobre todo, industrialización, pudiera encontrar el sendero de desarrollo utilizando fuentes de financiamiento que permitieran apalancar la inversión necesaria.

La corrida contra el peso que se está produciendo en estos días es el final abrupto de un esquema macroeconómico destinado a apropiar renta productiva y recursos estatales y sacarlos del circuito económico nacional. Las fragilidades acumuladas deliberadamente encontraron su límite en el cambio de escenario internacional, tal como se comentó desde esta columna en previas ocasiones. Nuevamente vemos como los dólares quedan en los bolsillos de unos pocos, mientras la deuda y la quiebra del Estado van a tener que ser remontadas por todo el pueblo argentino.

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Frente al vacío que deja el silencio de las autoridades económica comienzan a circular oficiosas propuestas para superar la difícil coyuntura. Nadie sabe cómo va a afrontar el Banco Central de la República Argentina el próximo vencimiento de sus propias letras (LeBaC), a producirse el 15 de mayo y estimado en $ 680.000 millones. Por ello se habla, casi con irresponsabilidad, de un canje compulsivo de las letras del Banco Central por títulos en dólares a largo plazo para impedir que esos pesos no renovados presionen sobre las reservas.

Es bueno recordar que el Plan Bonex de enero de 1990 supuso la emisión de títulos en dólares (Bonos Externos ’89) por u$s 3.000 millones, equivalentes al 3,4% del PIB de aquel entonces. Las LeBaC ascienden a u$s 56.000 millones, equivalentes al 10,5% del PIB. Un canje de LeBaC representa tres veces lo que fue en su momento el Plan Bonex. Este cálculo revela la magnitud de las tensiones que acumularon los jugadores de la “Champions League” en el área económica.