The Walking Conurban: una propuesta audiovisual que cuestiona el porteñocentrismo

Guillermo Galeano, uno de sus fundadores, cuenta cómo surgió este proyecto que busca desestigmatizar al conurbano bonaerense.

15 de noviembre, 2022 | 11.50

Reunión de superhéroes en un bar, un hombre llevando un colchón en una moto, un matafuego con cara de Minion, un tanque de agua en forma de pava y Gaspar Barbón que amenaza con la tabla si alguien estaciona en ese lugar. ¿Te suena alguna de estas escenas? Te la podés haber cruzado en cualquier parte del conurbano bonaerense porque, lejos de ser un lugar primitivo como se lo suele ver, es un espacio de riquezas e historias que hacen a la provincia. Se podría hablar con muchos especialistas sobre este espacio, pero la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ decidió ir con aquellos que patean las calles en su día a día: The Walking Conurban. Uno de sus fundadores, Guillermo Galeano, afirma a la Agencia: “existe una mirada peyorativa sobre el conurbano, pero es el lugar que ofreció oportunidad a gente que no la tenía en otro lado”.

Este proyecto, que ya cuenta con más de 400 mil seguidores en Instagram y más de 67 mil en Twitter, trata de construir una narrativa distinta del conurbano a través de fotografías sacadas por ellos mismos o sus seguidores. “No es ese lugar que está siempre a punto de estallar, sino que tenemos los mismos problemas que tiene cualquier lugar que contiene 12 millones de habitantes”, plantea Galeano.

The Walking Conurban nació oficialmente en 2018 pero comenzó a cranearse seis años antes tras una tormenta que dejó “un paisaje casi post-apocalíptico, con árboles y cables tirados e inundaciones por todos lados”. Galeano recuerda que “con mis amigos nos mandábamos fotos de cómo estaba todo. En ese momento, teníamos que ir del centro de Berazategui al de Quilmes y, en lugar de tardar diez minutos como siempre, se convirtió en un viaje de una hora y un poco más”.

Más tarde, abrieron una cuenta de Instagram para llegar a algunas personas más y mostrar lo que se cruzaban en el camino. Sin embargo, este juego que empezó por azar alcanzó números impensados y el tema se puso serio: “No queríamos que quede solo en una foto de lo que veíamos, sino que se lea la historia que derivó en el conurbano que tenemos hoy y que se reivindique lo que tenemos acá, que no es solo lo deteriorado”, sostiene Galeano. 

Desdramatizar “el aguante”

El conurbano suele verse como un lugar inferior a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde preguntas del estilo “¿Es campo ahí?”, hasta las coberturas mediáticas que ponen el ojo solo cuando hay casos de violencia o inseguridad. Por su parte, Galeano manifiesta: “Es un lugar muy castigado con esa mirada peyorativa y de antagonismo con aquello que tendría que ser lo deseado que es una parte de la Ciudad de Buenos Aires, no toda”.

En este sentido, el “conurbano andante” explica a la Agencia de Noticias Científicas que hay que prestar atención a las similitudes y diferencias que hay dentro de este espacio e, incluso, con la capital federal. Con esto en mente, desglosa: “La Barranca de Quilmes es el conurbano, pero Olivos y San Isidro también. Podemos ir más allá incluso, ¿qué es San Isidro? ¿Es La Horqueta o es Villa La Cava? O podés preguntarte por quién es el porteño: ¿El que vive en Palermo o el que vive en Pompeya? ¿Quién es el periférico? ¿El que vive en Villa Riachuelo o el que vive en La Horqueta?”.

The Walking Conurban reúne imagenes de la zona sur, oeste y norte del conurbano bonaerense. Créditos: The Walking Conurban

Con estas preguntas, Galeano pone de manifiesto las dualidades y las distintas experiencias y trayectorias de vida que existen al interior de esta parte de la provincia de Buenos Aires. “El poder adquisitivo y la proyección que tienen esas vidas son distintas, a unos se les asigna un determinado camino y a otros, otro”, subraya. Además, explica que esto va de la mano con la “cultura del aguante”.

“Hay una serie de estereotipos que funcionan sobre todo en los que vivimos acá. Estamos afectados al prejuicio de ‘vos vivís en el conurbano, esta todo deteriorado’ y cuando te lo repiten mucho, tratás de protegerte”, explica Galeano. Y continúa: “Hacés una especie de culto al coraje o lo que se conoce como el aguante. Entonces, vos decís ‘sí, el conurbano es re picante y yo me la banco más que los demás‘”.

En esa reapropiación del prejuicio de la que habla Galeano, los habitantes del conurbano “se comen la idea de que uno tiene que vivir una vida incómoda. Cuanto más incómoda es, más del conurbano sos”.

El lugar de los inmigrantes

Que haya similitudes entre la zona sur, oeste y norte del conurbano no es casualidad, sino más bien causalidad puesto que los procesos que configuraron estas ciudades son bastantes similares. Sin ir más lejos, las universidades del conurbano vienen de un pasado muy parecido: algunas fueron fábricas que quebraron y otras talleres ferroviarios que se reconvirtieron.

“El conurbano es un lugar muy castigado con esa mirada peyorativa y de antagonismo con aquello que tendría que ser lo deseado que es una parte de la Ciudad de Buenos Aires”, dice Galeano. Créditos: The Walking Conurban

En esta línea, Galeano ejemplifica que “la gente que viene a vivir al conurbano y comparte su historia personal con otros, encuentra más o menos las mismas similitudes. Mis abuelos son inmigrantes tanos que vinieron a laburar acá: en Rigolleau, Berazategui o en la maltería Hudson. Mis otros abuelos trabajaban en la papelera donde hoy está la UNQ y en la cervecería Quilmes. En los otros barrios también te encontrás con que había un tano, un polaco, un correntino, un jujeño o un cordobés. Las trayectorias y la gente hacen que, dentro de la heterogeneidad del conurbano, haya homogeneidad”.

Con información de la Agencia de Noticias Científicas

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