Operación vacuna rusa y las fake news

21 de noviembre, 2020 | 07.05

Desde que las vacunas empezaron a practicarse, a finales del siglo XVIII, comenzaron también sus detractores a cuestionarlas aduciendo supuestos peligros o principios religiosos y de libertad individual. Por ejemplo, a fines del siglo XIX, en Inglaterra, miles de personas salieron a las calles para oponerse a la vacuna obligatoria contra la viruela.

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La aparición de una nueva vacuna es inquietante porque moviliza angustias y enigmas del sujeto referidos a la vida, la enfermedad y la muerte. Se presentan resistencias en la subjetividad que aparecen bajo la forma de mitos, creencias, desconfianzas, prejuicios y miedos contagiosos que circulan y construyen sentido común.

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Durante la campaña nacional de vacunación contra la rubéola y el sarampión, en 2006, sin fundamento científico comenzó a difundirse que esas vacunas podían producir autismo o esterilidad para las mujeres. Frente al crecimiento exponencial de los grupos antivacunas, la Organización Mundial de la Salud los catalogó, en 2019, como una de las principales amenazas a la salud mundial.

Esa franja social en aumento es uno de los efectos de la articulación entre neoliberalismo y redes sociales. Los valores promovidos por el neoliberalismo –como el individualismo, la meritocracia, el empresario de sí, la desconfianza en la política–junto al uso masivo de las redes sociales, la forma en que ellas configuran una subjetividad saturada de información y fake news, complican la construcción de comunidad y el sentido compartido de la realidad.

Los antivacunas en la actualidad son un conjunto heterogéneo integrado por un amplio espectro: los libertarios, los que desconfían de la ciencia y practican medicinas alternativas como homeopatía o naturismo, los colonizados que repiten las fake news que circulan, los escépticos de la política, los negacionistas y los conspiranoicos –palabra  que condensa “conspiración” y “paranoico”–.

Dentro de los conspiranoicos argentinos, superando en gran medida los temores esperables frente a cualquier vacuna nueva, surgió una variedad social que se manifiesta en contra de la vacuna rusa. Se trata de un efecto generado por los periodistas títeres de Clarín y algunos políticos de la oposición que estimulan miedos y paranoias.

La vacuna rusa

Vivimos un tiempo histórico atravesado por la crisis pandémica en el que están reconfigurándose el mapa geopolítico y las hegemonías mundiales. Las potencias como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y China participan de la disputa científica, tecnológica y la supremacía mundial.

En este contexto, Rusia confirmó el registro de Sputnik-V, la "primera vacuna" contra el coronavirus (Covid-19). Recordemos que Sputnik fue el primer satélite soviético que la URSS puso en órbita en el espacio en 1957 y se consideró como una de sus mayores victorias en la carrera tecnológica con Estados Unidos durante la Guerra Fría.

El nombre de la vacuna rusa no es casual, contiene una carga política y simbólica, es sinónimo de orgullo nacional, representa una nueva victoria contra Estados Unidos en la carrera científica y tecnológica, aunque el mundo ya no está en guerra de inteligencia y la Unión Soviética no existe más.

La vacuna Sputnik-V actualiza fantasmas del pasado, pero esta vez como una farsa, tal como lo advirtió Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, cuando afirmó que "La historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como una miserable farsa".

La farsa

Hace unos días, el presidente Alberto Fernández confirmó que Argentina le comprará a Rusia 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik-V, que llegarán en diciembre de 2020.

Mientras la oposición gestiona el odio, el gobierno de Alberto y Cristina hace política, refuerza el Estado y cuida la salud pública.

Al anuncio se le sumó como agravante la información de que fue Cristina quien realizó las gestiones con Putin para conseguir la vacuna. La eficacia de ambas acciones, que conducirán a una pronta disminución de la reproducción del coronavirus, resultó insoportable para la oposición.

Pese al consenso en la comunidad médica global de que la vacuna es lo único que podrá frenar la pandemia y la comunicación explícita de que ninguna de ellas será aplicada sin la autorización de la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), que realiza acciones de registro, control, fiscalización y vigilancia de medicamentos, el periodismo de guerra no tardó en ideologizar la vacuna.

De un día para otro se puso en escena un show, la comedia delirante de la “vacuna comunista”. Aparecieron cataratas de fake news y alarmadas voces de opinadores mediáticos devenidos en epidemiólogos, anticipando los peligros que generará la aplicación de esa vacuna capaz de cambiar el ADN inoculando el gen marxista.  

En plena pandemia, atravesando una crisis sanitaria, económica y política similar a la de la posguerra, sin medir las consecuencias, la oposición promueve una nueva operación que se suma a la larga lista de acciones violentas y constantes que realiza contra el gobierno de Alberto Fernández. Esta vez la manipulación es más grave porque a través de una campaña de desinformación contra la vacuna rusa generan desconfianza e incertidumbre y atentan contra la salud pública.

No era la cuarentena, ni la libertad, ni la angustia, ni la economía. Es el horror a la política, al peronismo, a la igualdad, a la salud para todes y sobre todo a Cristina-Cristina-Cristina.                                                                             

Nora Merlin

Psicoanalista

Magister en Ciencia Políticas

 

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