Vidas transformadas, a 10 años de la Ley de Identidad de Género: más de 12 mil personas cambiaron su DNI

09 de mayo, 2022 | 00.05

El lunes 9 de mayo se cumplen 10 años de la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina (Ley 26.743) que constituyó un hecho político histórico durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. La norma fue pionera en la región y en el mundo ya que habilitó la libre autopercepción de la identidad de género y estableció además que es el Estado el garante de los derechos de las personas travesti-trans-intersex, y la comunidad LGTBIQ+ en general, en su camino hacia una vida plena y con más oportunidades. La conquista marcó el inicio de un debate que habilitó el paso siguiente: el documento no binario para quienes no se auto perciben como hombres o mujeres. 

Entre los puntos principales la ley establece el derecho a ser tratadx de acuerdo con la identidad de género; la posibilidad del cambio de nombre y género en el DNI, según la identidad autopercibida; la despatologización y descriminalización de las identidades no binarias; y la inclusión de tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas, totales o parciales, en el Programa Médico Obligatorio con el objetivo de la modificación de la apariencia o la función corporal, de forma gratuita y  sin necesidad de autorización judicial o administrativa.

Según información de la Dirección Nacional de Población, del Registro Nacional de las personas, desde su implementación hasta hoy en Argentina se realizaron 12.655 rectificaciones: 61,98% eligió la categoría “mujer”, 35,15% “varón”, y 2,87% (354) del género no binario. En relación a la edad, la mayoría tiene entre 20 a 39 años. Por otro lado si se analiza el lugar de residencia de las personas que cambiaron de género en su DNI, vemos que es un fenómeno mayormente urbano: el 34,4% reside en la provincia de Buenos Aires, el 11,9% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el 8,78% en Santa Fe, 8,21% en Córdoba.  Un dato alarmante, que deja en evidencia la compleja realidad es este colectivo, remite a la cifra de fallecidxs: desde 2012 de esas personas que modificaron su documento 335 murieron a la edad promedio de 40 años. 

Sin embargo para entender los efectos de una ley como esta, la potencia del cambio de paradigma y las limitaciones en su implementación, no alcanza con estadísticas o la letra grande. Lo más rico del proceso que se abrió una década atrás se esconde en las profundidades de los relatos, en los márgenes de las vidas cotidianas, en las marcas en el cuerpo, en el eco de las palabras, en los logros cumplidos y el valor de las historias de quienes vieron sus vidas transformadas.

“El DNI me transformó la vida. Terminé el secundario a los 36 años con el plan FINES”

Florencia Guimaraes García, tiene 41 años y es travesti. Cuenta que si bien desde la niñez tuvo en claro muchos aspectos respecto a su identidad,  fue durante la adolescencia que comenzó a hacerse preguntas: “Hasta los 12 o 13 años me definía como marica, hasta que empecé a conocer personalmente a compañeras travestis y trans, entre ellas a Lohana Berkins, y ahí comprendí que mi identidad de género tenía nombre y era ser travesti”. Afortunadamente en la Matanza, donde vivía, contó con el apoyo de su familia, sobre todo de su abuela que se hizo cargo de su crianza ya que su madre la tuvo a los 14 años. “Soy una travesti criada por mujeres”, subraya con orgullo.

Pero todo ese apoyo se vio un poco frustrado por las primeras experiencias en las instituciones como la escuela donde sufrió desde constantes burlas y que no se respetara su identidad, o no poder ir al baño, hasta acoso escolar y abusos sexuales. “En cuarto grado una maestra me quería obligar a pasar al pizarrón, y yo no quería porque se iban a burlar. En ese momento me preguntó delante de todos si era maricón. Yo me sentí expuesta, salí corriendo del aula, pegué un portazo y se rompieron los vidrios, corrí a la dirección y lo que recibí fue un castigo cuando yo esperaba un abrazo”, cuenta Florencia. El final de la historia ya lo conocemos y es uno de los principales factores si queremos entender la interseccionalidad en las cuestiones de género: las instituciones educativas muchas veces actúan expulsando a las personas trans o no binarias de los esquemas de formación, y esa situación funciona como un primer obstáculo en el desarrollo personal y profesional.

Hoy ella es trabajadora judicial, pero el camino para tratar de insertarse en el mercado fue muy traumático: “He sufrido rechazo y discriminación en todo el trayecto de mi vida incluso hoy que tengo otras herramientas siendo trabajadora judicial. El rechazo es constante porque soy una travesti visiblemente trava, gorda – relata - cuando intenté dejar la prostitución lo primero que hice fue anotarme en un curso de maquillaje en la casa de cultura de Ramos Mejía, pero era 2010 y los títulos nunca los pude usar porque tenían un nombre muerto. En 2012 empecé fotografía y en los eventos donde iba a trabajar no querían que estuviera por ser travesti”.

El cambio de DNI lo hizo en 2012 en al registro civil de Capital, a dos meses de la aprobación de la Ley de Identidad de Género: “El documento en mis manos fue una herramienta muy poderosa y me transformó la vida en muchos aspectos. Primero porque me da la seguridad de ir a cualquier institución y que se respete mi identidad,  y eso hizo que continuara haciendo cursos y talleres. Terminé el secundario a los 36 años con el plan FINES, que para mí fue maravilloso y me llena de orgullo. Volví al sistema de salud, a los hospitales. Y además pude volver a salir a la calle tranquila, porque soy de la época donde nos llevaban detenidas y no sabías si volvías a tu casa por 5 días. Hoy podemos salir a la calle, podemos circular, podemos estar en lo público. Antes salíamos a escondidas de noche para ejercer la prostitución, y no vivíamos el día, no íbamos a la escuela, no íbamos a comprar el pan, no podíamos disfrutar de estar en la plaza compartiendo un mate”.

Flor entiende que el acompañamiento del estado es crucial y fundamental, y sobre todo si hablamos de una ley que es “sobre el derecho a la Identidad en un país que fue cómplice de la desaparición de los 30 mil, donde se sabe muy bien lo que es violar la identidad de las personas”. Y remarca que, además de la ley, lo central son las políticas públicas que toman en cuenta las demandas del movimiento Travesti trans, para intervenir, ejecutar y aplicar, teniendo en cuenta las vulnerabilidades del colectivo cuya expectativa de vida sigue siendo de 35 años y aún padece la falta de acceso al trabajo, a la salud, a la justicia y a la vivienda.

 “En el sistema judicial no se tiene en cuenta la violencia estructural a la que somos sometidas desde niñas, la pobreza estructural de donde provenimos. Sigue siendo más fuerte el estigma, la discriminación y el prejuicio, que realmente profundizar en el porqué el 90% de las travestis y trans subsistimos de la prostitución, porque no terminamos los estudios. Por eso hay que hacer hincapié en la educación a través de la Ley Micaela y la Educación Sexual Integral con perspectiva travesti trans desde las vivencias propias”, insiste. Aún al día de hoy persiste un gran desconocimiento acerca de las leyes a disposición, incluso del mismo colectivo travesti trans que se suma a la estructura burocrática del Estado. Por eso es imprescindible trabajar en la accesibilidad, como tarea del Estado, junto a organizaciones sociales y territoriales.

Con respecto al sistema de salud, si bien el DNI le abrió las puertas, Florencia encuentra que todavía resistencias y violaciones: “Por más que tengamos el documentos nos tratan con pronombres incorrectos o nos tratan de internar en salas que no corresponden. Tenemos un sistema de salud que es binario, que no conoce los cuerpos travestis y trans, y que no sabe dónde intervenir cuando llegamos”. Sobre los tratamientos cuestiona que, al tratarse de una persona trans, en general se piensa exclusivamente en el reemplazo hormonal y se dejan afuera otras cuestiones como la salud mental, los cuerpos que todavía tienen silicona y aceite industrial, que suelen usarse en intervenciones estéticas clandestinas, y las infecciones de transmisión sexual.

“Para que se garanticen los mismos derechos para todes hace falta voluntad política, que las leyes se cumplan y ejecuten, dando el primer ejemplo el Estado. Hay muchas capacitaciones que deberían ser obligatorias. Los 10 años de la ley son una oportunidad perfecta para que se escuche, para que podamos trabajar la Ley en escuelas, hospitales, cárceles, comisarias, en el sistema de salud, en la justicia, en los medios”, afirma.

“Detrás de la letra X hay mil universos diferentes”

Agustín López Núñez tiene 35 años, es locutor, y no se siente representado dentro de los binarismos hombre-mujer. “Siempre supe que había algo que no me representaba, pero durante mis primeros años no podía saber qué me pasaba. Fueron las luchas sociales que comenzaron a ponerle nombre a esas alarmas que sonaban dentro mío", cuenta quien es hoy una de las estrellas del Destape Radio. Y agrega: "Imaginate crecer en Ituzaingó siendo puto, gordo, pobre que iba a un colegio privado ¡y encima no binario! Medio catálogo del INADI”.

El cambio de DNI lo define como un antes y un después. La primera parte la transitó en Ituzaingó: “Fui al registro civil de mi barrio y descubrí que me estaban esperando. No a mí en particular, claro. Pero las personas que trabajan ahí no veían las horas de trabajar en el primer trámite de DNI no binario del distrito. El trámite tiene su complejidad pero se hace muy sencillo porque te ayudan en todo. Después, me tocó recibir el documento y tuve el mejor trato por parte del Ministerio del Interior. Cada vez que el Estado reconoce un nuevo derecho yo me siento un poquito más persona. Sé que hay gente que discute la X, pero para mí es rarísimo que el género, que encima se denomina sexo, rarísimo, esté en el documento. Eso, en todo caso, es historia clínica. Para mí la "X" es un ‘no, gracias, no entro en ese binarismo’. Detrás de esa letra hay mil universos diferentes”, cuenta.

En su caso no es un problema el acceso al sistema de salud pública y privada, ya que “la mentalidad binaria de la sociedad hace que ni siquiera noten la X del documento”, pero sí comprende que hay sectores más vulnerabilizados como el colectivo travesti transgénero transexual: “Ahí es cuando vemos la importancia de una ley que permite que tantas personas re mil marginadas del sistema de mil maneras diferentes puedan desde llevar su nombre y quitar el nombre que les impusieron al nacer, hasta hacer visible su identidad/expresión de género. Me emociono de solo pensar en el proceso, de imaginar toda la peliculita”.

Entre las falencias y críticas, identifica que lo primero a exigir es la gratuidad absoluta del DNI, que es la entrada principal a todo el sistema. Asimismo problematiza los discursos que se suelen reproducir en los medios donde trabajan comunicadores que, por ejemplo, se ríen de la "e": “Personalmente no es una letra que me representa, pero sé que a muchas personas sí. Ahora nos agarraron de punto, como antes lo hicieron con la Ley de Matrimonio igualitario, o con el "todos y todas" de Cristina. Ahora hasta el PRO tiene una secretaría de Mujeres, Género y diversidad. De a poco vamos avanzando. Alzo la copa por eso”, concluye.

“Yo no sabía que ‘se podía ser otra cosa’. Era como que me tocó un envase determinado y debía cumplir eso”

Marcos Killari Varela Dugo tiene 41 años, es varón trans no binarieProfesor de Ciencias de la Educación y Filosofía, Educador popular sobre E.S.I. no binaria, y xadre de dos adolescentes. La experiencia de Marcos, a diferencia de la mayoría de las personas que atraviesan una transición en su niñez o adolescencia, fue en la adultez con otras herramientas a disposición, pero también con otras complejidades: “Siendo adulte une cuenta con una estructura cognitiva mucho más solidificada producto de la heterocisnorma como matriz de aprendizaje, por lo cual yo inicie mi transición con transfobia internalizada y con mucha culpa arraigada en la educación católica, porque ya había vivido 36 años como una mujer cis, que tenía 2 hijes, una carrera y una pareja. Y cuando tuve el tiempo y pude darme el espacio para escucharme, estuve en situación de empoderarme, mientras a la vez tuve que atravesar una separación de pareja violenta desde lo patrimonial, económico, simbólico y psicológico”. 

Marcos es el más grande de tres hermanes y creció sin saber qué implicaba tener una identidad: “Si bien tuve mucha libertad en mi casa y me dejaban jugar a lo que yo quería siempre, existió un disciplinamiento por parte de les adultes. Recuerdo cuando tenía 6 años estaba por tener un hermane, y estaba re contento porque pensábamos que iba a ser ´"nene", y que iba a poder jugar por fin con juguetes de varones que nunca me querían comprar. De hecho le había comprado un camión de vacas a mí futuro hermanito con la intención de poder jugar con sus juguetes. Después resultó nacer mujer cis y me quedó el camión y para mí era una emoción tener un juguete de varón".  La adolescencia le resultó más difícil ya que renegaba de la menstruación y usaba ropa grande para tapar su cuerpo. “Yo no sabía que podía ser cómo me sentía. Era como que me tocó ese envase y estaba condenado a ese rol, y me la tenía que bancar”, expresa.

Recién fue en 2014, cuando entró a la Universidad de Lanús a estudiar la Licenciatura en Gestión Educativa, en una época movilizada por el crecimiento del feminismo y el Ni una menos, que descubrió otras miradas como los Estudios de Género y las Teorías Queer, que le permitieron deconstruir los estereotipos y estructuras sexo genéricas que moldean nuestra cultura. Y conoció por primera vez a un varón trans, Mauro Cabral ,en una cátedra libre de la campaña del aborto en la universidad. “La transición fue de manera gradual teniendo en cuenta cómo une va procesando la información, cómo vas modificando las estructuras cognoscitivas, y cómo esos sentimientos y emociones se traducen y cobran sentido”, señala quien hoy esta cursando la Especialización en Políticas Públicas, Género y Sociedad.

Su “salida del closet” fue primero como lesbiana, lo que implicó hallarse en relaciones afectivas nuevas, que había ocultado y reprimido en su momento en su pubertad. A su vez esos vínculos que no estaban libres de reproducción de machismos, le ayudaron igualmente para empoderarse y reflexionar sobre su propia sexualidad. Pero si algo reconoce Marcos en el proceso de transición es el sentimiento de soledad: “Es tan fuerte la mirada del otre a veces que mi mayor miedo era ese, la soledad. Nadie nos enseña a convivir con nuestra soledad y nuestra existencia en pos de una comunidad. Son las instituciones las que nos dictan el deber ser, qué es lo que la sociedad espera de nosotres, que espera nuestra familia, y todo el tiempo construimos nuestra subjetividad desde el afuera”.

“Si yo tuviera que ponerle un tiempo a mi transición fue cuando dije ‘mi nombre es otro’. Elegir mi nombre fue difícil. Y ahí tuve el apoyo de compañeres de la Cátedra de Estudios Trans* cómo María Laura y Blas. Uno crece pensando que el nombre te lo pone alguien. Por eso no quería dejar afuera a mi mamá y le pregunté ‘qué nombre me iba a poner si yo nacía y me asignaban varón”, y me dijo que me iba a llamar Marcos. Y después busqué Killari, porque tengo descendencia de pueblos originarios, de los indios Ranqueles de Tornquist. Killa es Luna y Killari es luz de luna. Así que hice el traspaso de mi nombre anterior con una mirada anti colonial”. 

Lo que siguió fue una etapa de autoafirmación, pero con mucho enojo e inseguridades: “La pasé muy mal porque no me sentía amado, respetado, querido, no sabía cómo comunicarme. Ahí me sostuvieron mucho mis amigues en esto de hablarme de paciencia, en entenderme, sin juzgarme, sin prejuicios, sin la palabra punitiva, y con ayuda profesional de terapia, que también es muy difícil conseguir hoy día con perspectiva transfeminista".

Para sus hijes, hoy adolescentes, la transición fue un proceso complejo: “Al principio les daba vergüenza que los vaya a buscar al colegio. No querían que nadie me vea. Eso me costó procesarlo, pero ahora entiendo que no es algo personal conmigo, no es que no me amen, sino que es todo un proceso muy arraigado de estereotipos cisexistas. Fueron  criados en una heterocisnormatividad obligatoria, que reproduje durante su infancia. Hoy estamos mucho mejor, pero hemos vivido muchas situaciones de violencia, de enojo, de llantos. Tuvimos que buscar muchas herramientas para articular y poder hablar sin violencia”.

El cambio de DNI lo empezó recién el año pasado, dado que terminó su carrera en 2018 y en ese momento no había títulos para personas que modificaban sólo su nombre en la universidad y como no había hecho el cambio de registro del DNI no se lo tramitaban. “Como nací en Capital Federal tuve que hacerlo ahí y me asesoraron les chiques de Todes con DNI, que están organizades para acompañar en el trámite. Pero igualmente fuimos muy violentades en el registro, porque no dejaban que me acompañe alguien en el proceso y yo sabía que no iba a poder sólo, porque cuando me siento violentado o que no respetan mí identidad, me enojo, me angustio y me paralizo. En ese momento pedí que sea no binario y me lo negaron. Entonces empecé a hacer los trámites con Masculino para poder resolver el tema del título, y todo lo demás: AFIP, monotributo servicios, bancos, Anses, Escuelas, Universidad, etc. A los 3 meses sale el decreto que habilita el DNI con la X, ya era tarde para mío. Pero ahora pienso que mejor que no pude porque hay problemas cuando se viaja al exterior por ejemplo, ya que depende de los sistemas administrativos y la legislación de cada país, lo mismo que para nuestros sistemas informáticos de las instituciones".

Su experiencia laboral no se vio tan perjudicada dado que ya venía trabajando, antes de la transición, como docente virtual en capacitaciones docentes y eso facilitó las cosas. No obstante analiza que en el sistema educativo público “es muy difícil que le den prioridad a personas trans en los cargos docentes porque es una cuestión de jerarquía, muy meritocrática y por puntaje. No se respeta el cupo laboral trans en el sistema educativo y no se le da prioridad ni valor a un docente trans. La inclusión debe ser efectiva también en el ámbito educativo público".

“La ley de Identidad de género es una de las mejores leyes que tenemos en nuestro país por el carácter universal que tiene, no solo para las personas trans. Está redactada desde lo universal para que contemple a todas las personas que tienen una identidad que se corre de la heterocisnormatividad hegemónica y además a las futuras identidades que lleguen. Es un instrumento legal muy potente – observa – el tema es que esta tan bien redactada que los problemas surgen a la hora de la implementación, y en ese desfasaje el Estado violenta vidas. Porque el poder implementarla y que se garantice es un proceso muy largo. Es central articular con las políticas públicas, y garantizar que sean implementadas en base a las necesidades concretas de cada territorio y sus características”.

Marcos  ingresó a trabajar en el Estado en 2021 en el área de Educación ambiental del Ministerio de Ambiente de PBA y forma parte del equipo interdisciplinario del abordaje ante violencias por razones de género de dicha cartera: “Ahí pude entender lo que es el funcionamiento del aparato estatal , y la gran falta de articulación que hay. Es un sistema que no te permite tener continuidad política a largo plazo y por eso cada vez que cambia un funcionario hay que empezar de cero. Tenemos un sistema burocrático administrativo estatal que esta caduco y no puede dar respuesta a las necesidades de los territorios. Poder implementar las leyes es todo un desafío y creo que tenemos que pensar un nuevo contrato social, como habla Diana Maffía”.

Con respecto a los desafíos, pensando en un futuro más equitativo, indica la necesidad de una ley de medios con perspectiva transfeminista: “Los medios son los primeros que transmiten saberes, hacen pensar o reproduce discursos.  Se necesita cupo laboral trans en medios e incluir voces de los colectivos marginados. No es solo dar trabajo a personas trans, sino capacitarlas y brindarles la posibilidad de que se instruyan. Eso implica romper con las estructuras del saber. Yo no le puedo devolver a un persona trans 40 años que perdió fuera del sistema educativo. Entonces hay que pensar formas rápidas y ágiles de formación, y también de valoración de los saberes orales y experiencias que ya traen las comunidades marginadas que no están sistematizadas”.

En ese sentido hace especial hincapié en lo fundamental de ampliar el mundo de las representaciones, no binarias, a través de la ESI para que cualquiera pueda imaginarse una niñez trans, o la sexualidad de los cuerpos con discapacidad: “Necesitamos formas de representar esas vivencias, experiencias en la vida cotidiana, para que sean transitadas sin miedo, para poder crear una comunidad afectiva, crear otras emociones, una pedagogía de la ternura que se construye con el diálogo. Yo apuesto a  eso en todas las dimensiones de mi vida, en lo laboral, en mi casa con mis hijes. Poder hacer espacio para todes, poder escuchar nuestras diferencias y construir equidad entre todes, es lo más importante”.

“Si alguien me quería decir algo yo le mostraba mi DNI y era como ‘hablale a la ley’”

Sol Branca tiene 37 años, vive en Buenos Aires pero es de Corrientes, y es una mujer transgénero. Su primer acercamiento a lo que hoy es su identidad fue en 2014 de forma casual: “Un amigo que era transformista se olvidó su ropa en mi casa y me dijo que me la pruebe. Y ahí me di cuenta que me gustaba vestirme de mujer, en principio como un juego. Después supe que era algo real, que yo quería ser eso. Y con el correr de los años en 2019 ya no podía vivir más como un varón cis homosexual”.

La decisión de asumir su identidad se retrasó por miedo a la reacción social, sobre todo de su familia. “El proceso de transición no es una pelea con el afuera, eso es una consecuencia directa o indirecta de lo que está pasando adentro. La primer pelea que uno da es con une misme, tratando de entender que pasa con el cuerpo y con las emociones. Porque como bien dice Judith Butler ‘las personas trans género somos un tercer género’. Si bien yo me identifico como mujer trans, lejos de mí esta parecerme a una mujer. Yo lo único que necesito es vivir tranquila, vivir feliz, sin hacerle nada a nadie”, explica.

Para sortear ese primer paso empezó a hacer terapias alternativas, constelaciones familiares, y lo logró: “Cuando me asumo, salvo mi mamá, mi hermano del medio y algún amigo, casi todas las personas me dieron la espalda. Yo estaba viviendo sola en Buenos Aires, y por recomendación de mi psiquiatra tuve que buscar una red de contención. Entonces me fui a Corrientes, me quedé allá, y en plena pandemia empecé con un tratamiento hormonal, con una endocrinóloga, y una psicóloga", recuerda Sol. Y agrega: "En julio cumplo 3 años como mujer, para mi esa es mi fecha de cumpleaños, cuando empecé mi transición”.

Cuando asumió su nueva identidad le inventaron una causa y la echaron del trabajo formal que tenía en Buenos Aires, y además sufrió muchos episodios de discriminación al momento de alquilar una vivienda. En búsqueda de nuevas oportunidades se mudó a Resistencia, en El Chaco, e incluso a Río de janeiro, Brasil, donde sufrió experiencias muy duras: “Estuve un mes y no aguanté porque la gente es muy cerrada y retrograda. Iba al ciber donde iba a imprimir el CV, porque estaba buscando trabajo, hormonizada, con el pelo largo, y me decían ‘Señor. Era arcaico y cansador estar explicando todo el tiempo que soy una mujer”.

El DNI lo tramitó en Corrientes Capital sin problema: “Yo sentía que lo primero que tenía que hacer era el cambio de DNI. Porque si alguien me quería decir algo yo le mostraba mi DNI y era como ‘hablale a la Ley’. Para mí la Ley de identidad fue un hito en la historia argentina y de América Latina. Pero el punto más importante es que cada persona tiene derecho a ser llamada como quiera, se haya hecho o no el cambio registral. Eso hoy todavía no se cumple, en los sistemas de salud, te hablan con el apellido . Creo que el binarismo hace eso, que a todos haya que encajarlos en este sistema, como mujer varón o cis género”.

“Con la Ley tuvimos voz propia y entendimos que podíamos ocupar lugares de decisión política”

Romina Bustamante tiene 57 años, y es empleada municipal de la Secretaria de Mujeres, Género y diversidad, de Avellaneda. Rememora que empezó con su transición a los 16 años pero en realidad siempre se sintió así. Afortunadamente contó con el acompañamiento de su familia más cercana, su mamá y hermanos, pero el contexto en los 80s era muy difícil, no había información más que lo que mostraban la televisión o las revistas, y lo que había que hacer te lo enseñaban los vínculos con compañeras más adultas que marcaban el camino.

Sus primero recuerdos dolorosos remiten a la escuela y, nuevamente, la expulsión de la secundaria donde le hacían bullying y sufría constantemente por las burlas. Pero la discriminación estaba presente en otros espacios: “La peor experiencia que tuve fue en mi casa cuando entraron a robar, le quisieron pegar un tiro a mi tío, yo me metí en el medio y me hirieron a mí. Cuando me llevan al hospital me tenían que poner una sonda y la enfermera le dice a otra ‘sácalo de acá porque esta sala es para mujeres’, y me llevaron a un costado”, recuerda.

Durante su juventud atravesó situaciones de rechazo y las mayores dificultades fueron al momento de la búsqueda de ingresos, por lo que se dedicó por mucho tiempo al trabajo sexual. Sobre ese punto sostiene que, incluso al día de hoy, la falta de trabajo y oportunidades es la principal falencia y termina condicionando las posibilidades de desarrollo personal y profesional de las personas trans y no binarias: “Yo celebro el cupo laboral trans, pero no incluye a las adultas que tienen de 40 años para arriba. Nuestra expectativa de vida es muy baja, pero hay compañeras, las sobrevivientes que son las que iniciaron el camino para que las juventudes hoy ocupen espacios de decisión política, que no logran ingresar al mercado”.

Romina en 2009 ingresó a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA), y desde allí vivió de cerca el proceso político y la discusión previa a la aprobación de la Ley de Identidad junto a Claudia Pía Baudracco, una de las impulsoras: “La estrategia era primero que salga el Matrimonio Igualitario y después avanzar. Con Claudia y las compañeras de la organización íbamos por cada distrito y provincia a las Universidades, escuelas, hospitales, a llevar información sobre la Ley. Teníamos que juntar un millón de firmas por si no llegaba a salir por el Congreso. Después en 2011 empezamos más firmes con una campaña y logramos que se apruebe”.

El trámite del DNI lo hizo en el registro civil de Avellaneda, a meses de la aprobación, y contó con el acompañamiento de todxs. “La Ley fue un logro importantísimo. La gente debe pensar que es como un cliche que decimos, pero no. Hasta el 2012 nosotras no fuimos sujetas de derecho, estaban los Códigos Contravencionales, de Faltas y los Edictos Policiales. No íbamos ni al médico porque nos daba vergüenza. La Ley es una puerta para más derechos, y vino a acomodaros más la vida para estar más contenidas por el Estado. Lo que hizo fue visibilizar nuestra situación y la de nuestras compañeras. Antes otros hablaban por nosotras y con la Ley tuvimos voz propia, y entendimos que podíamos ocupar lugares de decisión política, estar en espacio de contención, de poder, poder debatir”, manifiesta.

Además del trabajo, los derechos vertebrales y vitales que aún quedan pendientes de garantizar son el acceso a al vivienda y a la salud. Romina cuenta que en el Municipio de Avellaneda, donde trabaja hace años en articulación con las demandas del territorio, Jorge Ferraresi impulsó políticas específicas para el colectivo desde diferentes dimensiones: “Acá las compañeras más grandes entran a trabajar al Municipio como becarias y ocupan lugares en diferentes lugares. Pero no entran por cupo ni por una ley, sino por el valor que tiene la experiencia de cada una y lo que pueden sumar. Además acá varias compañeras ya recibieron su vivienda. Es algo que, por decisión política, no se muestra para no estigmatizarlas, pero yo creo que tiene que visibilizarse. Avellaneda es ejemplo de vanguardia en decisiones políticas de género”.

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