Recuperaron una empresa familiar de casettes y hoy fabrican 1 millón de vinilos al año

Hace tres décadas el vinilo estaba en extinción pero la nostalgia del ritual alrededor del disco convocó a una familia que vibra música a buscar alternativas a la crisis. La empresa, atravesada por dos generaciones, en la actualidad vende 1 millón de ejemplares al año. 

08 de enero, 2026 | 06.00

Desde chicos, Hernán Genise, Marisol Ureña y Lionel Rodríguez vibran música: tanto en el plano familiar, espiritual, como laboral. Su potente vínculo no fue obra del azar ya que sus padres se dedicaron a la industria desde jóvenes y ellos crecieron naturalmente en ese universo. No obstante, jamás imaginaron que en un futuro llevarían adelante una empresa que tiene como mascarón de proa al disco de vinilo. Y, menos aún, que la convertirían en la principal fabricante y exportadora en Argentina de un formato físico que hace tres décadas estaba en extinción. Un hecho más que impesado, sobre todo porque el ocaso del disco fue el motivo por el que sus progenitores se asociaron para adaptarse a los cambios que exigía la época con la elaboración de los Compact Disc.  

En 1992, cerró Industria Plástica Juramento, la última empresa en fabricar vinilos en Argentina hasta ese entonces. No obstante, tras bajar la persiana, se fusionó con American Recording -que se dedicaba a los casetes- y de esa unión nació Laser Disc. La nueva sociedad, con sede central en Mataderos, continuó con los casetes, pero apostó fuerte al láser que ya daba pruebas consumadas en el país de que sería el dispositivo físico del futuro. La decisión fue exitosa, de hecho, la firma llegó a tener más de 700 empleados, con presencia en Brasil, Costa Rica, Perú y Chile. En sus mejores tiempos, superaron los más de 50 millones de compactos fabricados al año. Sin embargo, ante la aparición de nuevos formatos como el MP3, las descargas online y las plataformas musicales de streaming, las ventas se desplomaron. En ese contexto, y cómo una mueca irónica del destino, los herederos de los principales socios esta vez encontraron en el vinilo el renacer, al punto que en la actualidad venden 1 millón de ejemplares al año y son los principales proveedores de Sudamérica.

“El grupo arrancó el 4 de diciembre de 1992, cuando se firmó la sociedad y en el 93 se empezó a fabricar CDs en Mataderos. En ese entonces, en Argentina se extinguió el producto, de hecho esta había sido la última planta con producción de vinilo en el país, cuyo equipamiento se terminó vendiendo como chatarra”, le explica a El Destape Hernán Genise, encargado de relaciones exteriores de Laser Disc e hijo de Jorge, uno de los fundadores y actual presidente de la empresa.

Y continuó: “Lo paradójico es que hace apróximadamente unos 10 años, cuando reflotamos la fabricación de discos de vinilo, tuvimos que buscar máquinas que funcionaban exactamente igual o muy parecido. O sea, hubo que comprar artefactos viejos pero como nuevos, de la misma forma que los colaboradores que contratamos para ponerlas en funcionamiento. Imagínate que gente que había dejado de realizar la manufactura de los vinilos en 1993, tuvo que volver a hacerlas más de 20 años después”.

Chile, como punto estratégico del renacer

En rigor, la explosión del vinilo comenzó en Chile. De hecho, en el país trasandino la empresa situada en Mataderos es donde en la actualidad más vende y donde también tiene varias plantas, centros de distribución y locales al público. “El gran responsable de poner un pie en el país vecino fue Lionel Rodríguez (hijo de uno de los fundadores de Laser Disc ya fallecido), otro de los socios de la empresa. Leo, quien estaba viviendo allá, detectó primero la demanda de vinilos y después trabajó en poder extrapolar todo comercialmente a Argentina, Brasil, a Colombia, Uruguay, con muy buenos resultados”, añadió Genise.

 “Además, el hallazgo de Leo estuvo acompañado por un excelente trabajo que supo llevar adelante otra persona que también es socia, que se llama Marisol Ureña. Ella supo lidiar financieramente con los vaivenes que tiene Argentina desde el punto de vista económico. Entonces, lo grato de esto es que, si bien no somos familia, nosotros creemos, sentimos y hacemos saber que sí lo somos, porque así nos llevamos entre los tres”, agrega Hernán.

Y concluyó: “Mi padre es el presidente por ahora,  hasta que le revoquemos el mandato. Y en poco tiempo lo vamos a reemplazar por los más jóvenes. Es decir, los que somos la segunda generación que empuja para dejar descansar a los que comenzaron y de esa forma ocupar plenamente sus puestos”.

Hernán, Lionel y Marisol son los herederos de quienes conformaron la sociedad allá por 1992. Y a su vez, los que están a cargo de tomas las decisiones estratégicas del grupo. Con todo, si bien Laser Disc nació con una impronta más bien familiar, ahora es un holding que en la actualidad tiene más de 300 puntos propios de venta y está expandida en Argentina, Brasil, Bolivia, Perú y Chile.

Un paseo por Laser Disc: el futuro llegó hace rato

La génesis de Laser Disc está ubicada en dos plantas, una enfrente de la otra, en la calle Corvalán: en plena zona fabril y de talleres en Mataderos. El Destape visitó la empresa y fue recibido por su presidente Jorge Genise, quien fue el guía de la jornada. El directivo salió al encuentro de este medio y comenzó el recorrido en una dinámica cronológica.

De hecho, primero mostró la fábrica más antigua que se dedica a formatear la materia prima. Luego, vienen el descarte de los discos compactos que presentan alguna imperfección y el estampado. Asimismo, entre sus dos pisos los empleados alternan otras tareas como el empaque de los vinilos. En consecuencia, tras caminar entre diversas maquinarias, olor a pinturas acrílicas y etiquetas, también aparecen publicaciones famosas de Queen, David Bowie, Horcas y hasta una edición de lujo de No te va a Gustar. Pocos deben imaginar que tras esa puerta con todo el aspecto de una empresa más de Mataderos, hay un universo que sería el deleite de cualquier melómano.

Luego de finalizar la primera etapa de la excursión, Genise toma la delantera, cruza la calle e ingresa junto a El Destape a la segunda planta. Al entrar, la impresión es totalmente diferente ya que la sala de entrada es una recepción decorada con sillones y unas mesas bajas cuyo parte posterior tienen estampadas como portadas de álbumes como  -por ejemplo- de Los Ramones, diversos vinilos colocados prolijamente en un pared, reproductores de discos de diversas décadas, una antigua máquina que armaba los casetes y una habitación contigua donde se realiza el trabajo de mastering. Es decir, grosso modo, donde se pulen y optimizan las mezclas de audio para que suenen profesionales, mejor equalizadas y con el volumen adecuado. Más hacia adentro, el escenario cambia de forma rotunda y se asemeja a la planta de enfrente con tareas más enfocadas a la terminación del vinilo y maquinarias más modernas. 

¿Por qué se volvió a vender el disco de vinilo?

En los últimos años, las ventas de discos de vinilos crecieron de forma lenta pero sostenida. Consecuentemente, fueron mayores que de las del CD. En Argentina, por ejemplo, en 2023 se vio reflejada la tendencia global. De hecho, según la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), el vinilo representaba el 57.5% de las ventas físicas, mientras que los discos compactos el 42.3% y los DVD de audio el 0.2%.

Asimismo, según los últimos datos de Promusicae, en el primer semestre de 2025 las ventas de vinilos en España aumentaron un 25,6 % respecto al mismo periodo del año anterior. En ese contexto, ameritaba consultarle a los responsables del mayor fabricante de este formato en Argentina por qué piensan que se produjo esta tendencia.

“La clave de por qué volvió a gustar el disco de vinilo, es todo el ritual que conlleva ponerse a escuchar un disco. La diferencia en la calidad del sonido para la mayoría es casi imperceptible, pero todo ese escenario que propone el material físico es lo que atrae: sentarse en un sillón, sentir el olor de la caja, leer la información del artista, colocarlo en la bandeja y tomar algo, por ejemplo, hace la diferencia”, lanza su teoría Jorge Genise a El Destape.

Mientras que su hijo, Hernán, piensa en la misma línea: “Al escuchar un vinilo te vas a conectar mucho más con lo terrenal y lo sensorial. Porque en ese ritual también te aparecen imágenes del pasado: el recuerdo de un abuelo que quizás ya no está, de un padre o de una madre. Sentarse con la púa a marcar la pista que se quiere escuchar es un acto físico y sentimental”.