Vio chicos en la puerta de la casa y decidió invitarlos a pasar: Daniel y el comedor que hace 10 años funciona como refugio y escuela

Ver niños que se quedaban mirando mientras comía lo llevó a crear un comedor que existe desde hace 10 años, hoy con la participación de 60 personas. Además de proveer alimentos, el espacio ofrece acceso a la lectura, información y uso consciente de la tecnología, entre otras actividades.

18 de febrero, 2026 | 06.00

Era pleno julio del 2017 cuando Daniel Albarracín, junto a su cuñado, decidió armar en su casa un taller improvisado de arreglos y de fabricación de piezas de hierro para vender. En ese momento, el espacio donde hoy funciona el comedor Les Topis, no tenía su característico portón negro, por lo que el patio daba para la calle. Una vez llegado el mediodía se dispusieron a almorzar, cuando vieron que de a poco iban pasando chicos que se quedaban en la puerta mirando mientras ellos comían.  

“Nos daba cosa tener la comida y ellos no. Entonces improvisamos un olla más grande de 12 litros e hicimos de comer para todos”, le contó Daniel a El Destape. Pero la situación no terminó ahí, sino todo lo contrario: al otro día los pibes volvieron. Fue en ese momento que Albarracín les abrió por completo las puertas de su casa y así nació Les Topis, el comedor que hoy sigue siendo un refugio en medio de la adversidad.

De taller improvisado a comedor comunitarios 

Daniel se define como profesor de “alma, corazón y profesión” desde hace más de 20 años y es quien lleva adelante el comedor donde participan alrededor de 60 personas, la mayoría jóvenes del barrio. El espacio, que nació en medio del macrismo, empezó con mesas armadas al aire libre, ollas y utensilios hechos a mano y materiales reciclados. Con el tiempo, el proyecto fue creciendo, mudándose y transformándose, hasta consolidarse como un lugar propio. 

Desde su concepción, el proyecto plantea una mirada crítica sobre la figura clásica de los comedores y el asistencialismo. Albarracín entiende que esos espacios “no son una solución, sino una herramienta” en situaciones de emergencia o crisis, pero que la responsabilidad de garantizar la alimentación debe ser del Estado. De hecho él busca que en un futuro el lugar se transforme en un centro cultural. 

Más allá de la comida: educación, cultura y trabajo colectivo

En Les Topis, la comida es solo un primer paso. El espacio promueve una formación integral, ofreciendo a los chicos y chicas del barrio acceso a la lectura, la información, el reciclaje, el uso consciente de la tecnología, la huerta y el cuidado del medio ambiente. Daniel sostiene que la educación es clave para transformar la realidad: "Hay que aprender a decirles a los chicos que la universidad es lo que los libera, que ahí está la posibilidad de transformar el mundo, de cambiar la Argentina".

Una de las principales enseñanzas que se imparte en el comedor es la solidaridad colectiva. Daniel explica: "El más grande cuida al más chico". De hecho, muchos de los chicos que empezaron a transitar el comedor en sus primeros años hoy regresan para ayudar, ya sea en la cocina o en las distintas tareas necesarias para que el espacio siga funcionando.

Los cambios de la pandemia y la nueva modalidad 

Cuando la pandemia del Covid-19 llegó, Les Topis no solo se mantuvo abierto, sino que reinventó su modalidad para seguir atendiendo a la comunidad. Mientras otros comedores y organizaciones cerraban sus puertas, Daniel y su equipo decidieron mantener el comedor activo, implementando medidas para reducir el contacto. Las familias enviaban a una sola persona con su táper, y el equipo organizaba la distribución. Esta modalidad permitió que, al final de la crisis, Les Topis no tuviera "un solo contagiado". Y, cuando la pandemia pasó, decidieron mantener la lógica dual: algunas personas retiraban la comida, mientras que otras preferían quedarse a comer.

El impacto de la crisis

A pesar de los esfuerzos y la solidaridad, la crisis vuelve a golpear a los vecinos del comedor. Daniel relata que, nuevamente, aumentó el número de cartoneros y de personas que buscan alternativas para sobrevivir. "Deben pasar por lo menos 20 carros por acá todos los días", explica, observando cómo la pobreza y la desigualdad se siguen profundizando en su comunidad.

La salvación está en los pibes 

Pero en medio de esta crisis, Daniel no pierde la esperanza. "La salvación está en los pibes", afirma. Y subraya que la verdadera clave para cambiar el país está en ellos. "Esos pibes hoy tienen alrededor de 20 y pico de años, 22, 23 años. Son los futuros gobernantes de este país que se nos viene para el año 2040. Ahí es donde se va a ver realmente qué es lo que logramos hacer y qué es lo que no logramos hacer".

Además, subraya la importancia de poner a los jóvenes en el centro de la discusión: "En todas las discusiones que se den, los pibes tienen que ser prioridad". Para Daniel, ellos son los que tienen la capacidad de transformar la realidad, si se les dan las herramientas necesarias.