Una fiel imagen de la crisis económica que vive Argentina desde la llegada de Javier Milei es la situación que vive una histórica galería, que pasó de ser la más importante de Sudamérica a estar con la mitad de los locales cerrados.
Se trata de la Galería Crédito Liniers, un ícono comercial ubicado en la intersección de Ramón Falcón y Carhué, que celebró en 2026 sus 70 años de historia, atravesando su peor momento desde su inauguración en 1956.
La crisis económica que golpea a todo el país dejó sus pasillos casi vacíos y un paisaje desolador con numerosos locales cerrados. Quienes recorren hoy este emblemático espacio notan el silencio que antes estaba lleno de vida y movimiento. Las vidrieras vacías y los carteles de “se alquila” o “se vende” dominan casi la mitad de los más de ochenta locales que alguna vez fueron el corazón comercial del barrio de Liniers. Apenas un puñado de comercios que dan a la calle se animan a abrir sus puertas con regularidad para captar a los pocos transeúntes.
Daniel, dueño de un local de artículos de colección en el primer subsuelo, describió al medio Minuto Uno la realidad de quienes permanecen dentro de la galería: “La mayoría de los que tenemos local en el interior nos manejamos con ventas digitales, por eso abrimos cada tanto. Coordinamos un horario con el cliente para que pase a buscar el producto y listo”. Este modelo refleja la dificultad de mantener la actividad en un lugar que ya no recibe el flujo habitual de público.
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El ocaso de la galería más grande de Sudamérica
Cuando se inauguró con gran pompa en 1956, la Galería Crédito Liniers era una muestra clara del poder mercantil del oeste porteño. Su diseño arquitectónico único, con bandejas escalonadas, techos abovedados y escaleras centrales, atraía a una multitud impresionante. Un locutor de la época señalaba que era “la galería más grande de Sudamérica, por extensión en metros cuadrados y por la extraordinaria cantidad de público que la visita: de 100 mil a 130 mil personas diarias”.
Con el paso de las décadas, el paseo se fue renovando y sumó comercios que marcaron generaciones, como el Centro Cultural del Disco, juegos infantiles con cospeles, la clásica peluquería con “corte taza” y bares donde las familias disfrutaban sus fines de semana. Sin embargo, esa época dorada parece hoy un recuerdo lejano frente a la cruda realidad actual.
Silvana, responsable de uno de los pocos locales de indumentaria femenina que aún resisten, comentó con resignación: “No es fácil sostener un local acá”. La escasa afluencia de público y los costos altísimos son un combo letal para los comerciantes. Juan Pablo Rucci, inmobiliario de la zona, detalló que “alquilar actualmente un local en el interior tiene un costo mensual que oscila entre los 300 mil y los 400 mil pesos. Y los que dan a la calle, pueden superar tranquilamente los 500 mil pesos”.
