Es el único cardiólogo del pueblo, siguió trabajando pese a ser de riesgo y se contagió

El médico Sergio Peter, de la ciudad santafesina de Ceres, puso en riesgo su vida para salvar ajenas. "La gente se seguía infartando", argumenta. El tratamiento con plasma le salvó la vida.

10 de octubre, 2020 | 08.31

La historia de Sergio Peter es la historia de un héroe anónimo, uno de los tantos que hicieron aparición en la pandemia. Sergio tiene 51 años, nació en Chaco pero se crio en la ciudad de Santa Fe, y trabaja como cardiólogo en Ceres, una localidad del noroeste de la provincia. A pesar de ser diabético, un factor de riesgo, se negó a la desafectación laboral y siguió trabajando porque había quedado como único cardiólogo de un municipio de 25 mil habitantes en el que el 60 por ciento de la población no tiene obra social.

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Por distintos episodios de la cuarentena, los otros especialistas quedaron varados en localidades vecinas. "Es que la gente no dejó de infartarse; tuve que seguir, moralmente estaba obligado", narra a El Destape. Sabía que trabajar era estar expuesto, y corría del riesgo contagiarse. Si bien había tomado todas las medidas de precaución en sus dos consultorios -uno en la única clínica privada y el otro en el hospital regional- su disciplina requiere acercarse y tocar al paciente. Peter cree así fue como se contagió de un asintomático, ya que no pudo encontrarse nexo epidemiológico con contactos positivos, y ninguna persona que haya tratado tuvo síntomas.

La madrugada del 16 de junio empezó con fiebre. Se aisló. Le practicaron un hisopado, que dio positivo. Se sometió a estudios, y le dieron mal. Lo derivaron al Hospital Cullen de Santa Fe, mejor equipado para tratarlo. Se despidió de su familia y se fue solo, de madrugada, con un chofer y una enfermera. "Fue un balde de agua fría comunicárselo a mi familia, porque no hay despedida", dijo. Por suerte sus hijos y exesposa dieron negativo a los testeos, disipando el temor de haber contagiado a seres queridos. El estar divorciado y vivir solo en un departamento le jugó a favor.

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Los primeros días internado -admitió- se dedicó a buscar en internet información sobre tratamientos. pero después decidió ponerse en papel de paciente y aceptar las decisiones del equipo. Pasaban los días, y su cuadro empeoraba. Cuando la doctora entraba a darle el informe, vestida con los implementos de seguridad, solo podía verle los ojos. Como médico, solo eso le bastaba para darse cuenta de que algo no andaba bien. Y tuvo miedo.

Plasma

Cuando estaba al borde de pasar de terapia intermedia a intensiva, le propusieron un método alternativo: plasma de recuperado. Lo aceptó. "Toma 15 minutos la transfusión. Se espera un tiempo para ver si hay reacción alérgica, y a las 6 horas se hace la segunda. Es lo mismo que con la sangre, pero con el líquido centrifugado que separa los glóbulos rojos del plasma, que es amarillento y es donde están los anticuerpos", explicó.

Los resultados fueron inmediatos: primero la mejoría fue emocional, por la esperanza del tratamiento alternativo, y luego física. A las 12 horas no tuvo más fiebre. A las 24 le quitaron el soporte de oxígeno. Se sintió bien de nuevo. Fue uno de los primeros en ser tratado con anticuerpos donados por aquellos que lograron superar la enfermedad. En el hospital, mientras estaba internado, le dieron plasma otra persona que también era de Ceres, de 77 años. No tuvo la respuesta de Sergio, y finalmente falleció.

Su evolución fue tan buena que a las 48 horas pudo irse a su casa. El lunes 6 de julio salió del hospital en silla de ruedas, vestido como un astronauta, bajo el aplauso del equipo médico. Peter hizo su residencia en el Cullen. Varios médicos, hoy jefes, fueron sus colegas.El hospital donde hizo sus primeras armas fue el que le salvó la vida.

Hoy, a 3 meses de su recuperación, aún debe realizarse rutinariamente chequeos (resonancia magnética, ecocardiograma, espirometría) como protocolo de seguimiento por las secuelas que podría dejar el virus. Hasta ahora está todo bien. Si bien tuvo la intención, no pudo donar plasma, porque fue receptor. Pero por supuesto recomienda hacerlo a todos los recuperados.

Ya son 500

La donación de plasma en Santa Fe ya alcanzó a unos 500 pacientes. Desde el inicio de las prácticas se han inscripto 1500 personas, a través de 8 municipios y comunas de la provincia. Hay 16 instituciones públicas y privadas que toman muestras para analizar, y además existen 9 centros públicosy 4 privados de aféresis. En 40 efectores de ambos sectores se han llevado adelante los 512 tratamientos con plasma.

La donación se basa en que los pacientes recuperados de COVID, tienen en sangre anticuerpos que pueden servir para otros enfermos. A los 28 días a partir del alta médica, la persona puede convertirse en donante. La práctica consiste en extraer sangre a través de un separador celular que selecciona el plasma, y en circuito continuo devuelve el resto de los componentes sanguíneos. No todos los pacientes recuperados pueden donar plasma, ya que no todos cuentan con anticuerpos, y algunos tienen mayor cantidad que otros.

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