Una tortuga verde (Chelonia mydas), bautizada como “Ramona”, regresó al Océano Atlántico tras ser rescatada en un hecho inusual en aguas del Río de la Plata y completar un proceso de rehabilitación.
El ejemplar fue liberado en las playas de Mar del Plata, equipado con un transmisor satelital que permitirá a los científicos monitorear sus movimientos y obtener datos valiosos para la conservación de esta especie catalogada como "vulnerable".
El rescate se produjo a fines del año pasado en las costas de San Fernando, donde personal de la Fundación Mundo Marino intervino tras recibir el alerta. La tortuga fue encontrada en un estado de salud que imposibilitaba su regreso inmediato al mar, por lo que fue trasladada al centro de rescate de la fundación para su evaluación y tratamiento.
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Un rescate en aguas dulces: un hecho fuera de lo común
El hallazgo de una tortuga verde en el Río de la Plata representa un evento poco frecuente, ya que esta es una especie típicamente marina. Los expertos de la Fundación Mundo Marino señalaron que la presencia del ejemplar en esas aguas, que poseen una salinidad mucho menor a la del mar, podría deberse a factores como corrientes marinas, alteraciones en su ruta migratoria natural o, posiblemente, a la búsqueda de alimento. Este rescate subraya la amplitud del área de distribución de la especie y los desafíos que enfrenta.
Al momento de su ingreso al centro, “Ramona” fue sometida a exhaustivos chequeos veterinarios. Se le realizaron análisis de sangre, radiografías y estudios parasitológicos para determinar su condición exacta. Los profesionales detectaron un bajo peso y cierta debilidad general, signos comunes en animales que han pasado por situaciones de estrés o dificultad para alimentarse en un ambiente no óptimo.
La rehabilitación en la Fundación Mundo Marino
El proceso de rehabilitación de la tortuga “Ramona” se extendió por varias semanas. El equipo a cargo diseñó un plan que incluyó hidratación, administración de vitaminas y una dieta balanceada para ayudarla a recuperar su peso y fuerzas. La tortuga fue alojada en tanques con condiciones controladas de temperatura y salinidad, que simulaban gradualmente su hábitat natural, preparándola para su eventual reinserción.
El seguimiento constante permitió ver una mejora progresiva en su actividad, apetito y capacidad de buceo. Una vez que los veterinarios confirmaron que se encontraba en óptimas condiciones físicas y de comportamiento, se dio luz verde para su liberación. La elección de Mar del Plata como punto de regreso al mar no fue aleatoria: se buscó un ambiente marino abierto y adecuado para una especie de sus características, lejos de la zona de estrés donde fue encontrada.
Un regreso al mar con tecnología de seguimiento
El momento más esperado llegó esta semana, cuando el equipo de la fundación trasladó a “Ramona” hasta una playa de Mar del Plata. Antes de su liberación, se le colocó en el caparazón un pequeño dispositivo de transmisión satelital. Este equipo, adherido de forma segura y no invasiva, emitirá señales cada vez que la tortuga suba a la superficie a respirar, permitiendo trazar su ruta migratoria en un mapa digital.
El uso de esta tecnología es fundamental para la investigación y conservación de las tortugas marinas. Los datos recopilados ayudarán a entender sus patrones de desplazamiento, identificar zonas de alimentación y rutas migratorias clave en el Mar Argentino, y evaluar los potenciales riesgos que enfrentan en su vida silvestre. “Cada liberación con un transmisor es una ventana al comportamiento de estas especies en el mar”, explicaron desde la fundación
Amenazas sobre una especie vulnerable
La tortuga verde (Chelonia mydas) está clasificada a nivel global como una especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su población enfrenta múltiples amenazas, muchas de ellas provocadas por la actividad humana. La pesca incidental es uno de los mayores peligros, ya que estos animales pueden quedar atrapados en redes de arrastre o en anzuelos de palangre.
Otros riesgos críticos son la contaminación del océano, en especial la ingesta de plásticos que confunden con alimento, y la pérdida o degradación de sus hábitats esenciales, como las playas de anidación. El cambio climático también impacta en su supervivencia, al alterar la temperatura de la arena donde depositan sus huevos, lo cual afecta la proporción de sexos de las crías.
La historia de “Ramona” tiene un final esperanzador, pero también funciona como un recordatorio de la fragilidad de la vida marina. El trabajo de rescate, rehabilitación y liberación con seguimiento científico realizado por la Fundación Mundo Marino es un ejemplo concreto de los esfuerzos necesarios para proteger a estas especies y contribuir al conocimiento que permita diseñar mejores estrategias de conservación para el ecosistema marino argentino.
