El presidente Mauricio Macri anunció que las FFAA prestarán tareas de seguridad interna bajo el argumento de la “modernización”. ¿Qué amenaza real tiene la Argentina que justifique esta medida? ¿A qué intereses responde? Parece que más que objetivos militares reales, nos encontramos nuevamente frente a una estrategia de reprimir la protesta social, criminalizar la pobreza y generar un orden social frente al desorden que supone el ajuste.

Repasemos, está claramente prohibido por la ley, en una evolución que viene desde la recuperación democrática, que las Fuerzas Armadas intervengan en cuestiones domésticas. Clarín, titula que se cambia la “ley kirchnerista”, pero en realidad se trata de una política de estado vigente desde el discurso de Alfonsín del 10 de diciembre de 1983, cuando anunciaba el fin de la vigencia de la trágica Doctrina de la Seguridad Nacional.

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Como en la economía (y en casi todo), Cambiemos intenta su “modernización” desoyendo experiencias similares en nuestro país y en el mundo. Durante la Dictadura Militar fueron principalmente las FFAA las encargadas de la represión más sangrienta. Desde la intervención de Gendarmería y Prefectura en villas de emergencia y barrios carenciados se registraron millones de casos de gatillo fácil y violencia institucional. A nivel internacional, los casos particulares de México y Colombia demuestran el fracaso de estas medidas y el peligro para la población civil: ejecuciones, desapariciones y múltiples violaciones de Derechos Humanos.

La experiencia a nivel mundial revela el fracaso de la militarización para combatir la criminalidad en el ámbito nacional. Bajo la supuesta lucha contra el narcotráfico se guardan las peores prácticas de violencia contra la población civil.

El gran “caballo de Troya” fue y continúa siendo la llamada “guerra contra las drogas”: agitando el fantasma del narcotráfico, se permite la injerencia de fuerzas extranjeras en asuntos internos bajo un esquema de total represión de ciertas sustancias. A 30 años de declarada por los Estados Unidos, la “Guerra” exhibe sus flacos resultados: aumento del narcotráfico y la criminalidad, mayor consumo de sustancias y graves violaciones a derechos humanos.

La prohibición es una herramienta de los países centrales para intervenir en la seguridad interna de estados extranjeros bajo la careta de la “cooperación”.Entonces, ¿cuáles son las razones reales para este anuncio? Cuesta encontrar alguna sensata. Argentina no tiene ninguna amenaza que lo justifique, ni siquiera la existencia de un grave problema de narcotráfico, por eso el Presidente tiene que hablar vagamente de “modernización”.

Lo cierto es que del mismo modo que no se avizora ninguna amenaza de tipo militar, terrorista o narco, lo que sí asoma es un clima social cada vez más conflictivo. El propio gobierno sabe que las medidas económicas que le exige el FMI agudizarán la situación social, cada vez más grave. Otro motivo para este anuncio seguramente sea el alineamiento al orden internacional, donde Cambiemos ha seguido a rajatabla las indicaciones de los Estados Unidos y ha celebrado acuerdos estratégicos con Israel.

Esta medida todavía no está vigente: requiere el cambio normativo de leyes y decretos. Macri querrá hacerlo como más le gusta: por decreto, sin pasar por el Congreso. Igual que el acuerdo con el FMI, este cambio debe ser debatido y aprobado por el parlamento.

Sería una instancia interesante para ver el rol de todos los espacios políticos, pero en especial de la Unión Cívica Radical: mientras dieron en los ochenta el paso fundamental para esta nueva concepción, hoy es Oscar “El Milico” Aguad el encargado de justificarla. Por ahora, ha sido bastante resbaladizo en sus argumentos y, al intentarlo, no tuvo mejor idea que acusar al mismísimo Vladimir Putin de intervención ilegal en las últimas elecciones en los Estados Unidos.

Queda claro que la “amenaza” para el gobierno es la situación social, generada y agravada cada día por sus medidas económicas. La preocupación es enorme: las FFAA están entrenadas y concebidas para repeler un ataque externo o, más fácil, para matar al enemigo. Lo grave es que en este caso, el “enemigo” es un civil ciudadano argentino. Como dijera Néstor Kirchner, “no podemos enfrentar argentinos con argentinos”.

* Nota escrita con la colaboración de Juan Ignacio Pedrini, integrante del espacio político Buenos Aires 3D.