Bolsonaro, nacido en el municipio de Glicério, Sao Paulo, el 21 de marzo de 1955, cuenta con una larga carrera política que lo ha convertido en una de las figuras más controversiales y polémicas del mayor país de América Latina.

Militar en la reserva, el abanderado del Partido Social Liberal (PSL) es un viejo conocido de la política brasileña desde que en 1988 fue elegido concejal en Río de Janeiro por el Partido Demócrata Cristiano.

Fue elegido durante siete mandatos seguidos como diputado federal en un sinfín de partidos. En enero pasado se afilió al PSL, la novena formación política a la cual pertenece.

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Con un discurso de extrema derecha, el presidente electo es visto por sus seguidores como la solución para los problemas de inseguridad que hay en Brasil, aunque también es el temor de sus detractores, que lo consideran una amenaza para la democracia.

Sus polémicas declaraciones le han rendido una treintena de solicitudes de pérdida de mandato y tres condenas judiciales.

Férreo defensor del gobierno militar que perduró en Brasil de 1964 a 1985, Bolsonaro ha sido criticado por sus posturas racistas, homofóbicas, misóginas, antiindígenas y antiinmigrantes.

Defensor de la moralidad, de la familia tradicional y de Dios, su discurso de combate a la corrupción y a la delincuencia ha cuajado entre parte del electorado brasileño.

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Según varios estudios, la base electoral de Boslonaro está conformada por hombres de 16 a 34 años. El líder de la extrema derecha brasileña es también el candidato favorito entre los evangélicos y los sectores más ricos y escolarizados.

Sus simpatizantes suelen destacar de él su supuesta autenticidad, su honestidad y la humildad ante la falsedad y las malas prácticas de la vieja política brasileña, a pesar de sus frases incendiarias.

En 2016, cuando votó en el Congreso a favor de la destitución de la entonces presidenta brasileña, Dilma Rousseff, lo hizo "en memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra", a quien considera un "referente y héroe", pese a ser uno de los represores más temidos del gobierno militar, acusado de 60 desapariciones y más de 500 casos de torturas.

Sus principales propuestas son en seguridad, al permitir que la población tenga acceso a las armas para "defenderse", reducir la mayoría penal de los 18 a los 16 años, acabar con la progresión de las condenas y las salidas temporales de los presos.

En materia económica defiende la privatización de las empresas públicas, reducir los impuestos y controlar el déficit fiscal y la inflación, mientras que en educación, quiere aumentar el número de escuelas militares e imponer una mayor "disciplina" en las aulas.

(Realizado con información de la agencia Xinhua)