Habiendo estado en Brasil en un sinnúmero de veces interactuando con los cuadros y dirigentes del PT en el llano o como administradores de municipios durante los 90, y luego como ya como gobernantes de la República Federativa en las presidencias de Lula y Dilma, siempre me resultó complejo abordar esa verdad a medias que expresaba que el rumbo de Suramérica y sobre todo de la Argentina lo trazaba nuestro vecino gigante.

En Brasilia o San Pablo se palpa la “visión de largo plazo” imperante en un país que ha recorrido su historia moderna con una línea estructural articulada, lejana de los movimientos pendulares que atormentan a los argentinos.

Cuando Getulio Vargas persuadió a los terratenientes de industrializar la renta agropecuaria, conformó una clase dominante que hizo de la industria su modo de acumulación de riquezas y hasta hoy el “made in Brasil” es la cotidianeidad de su población en su ropa de cama, indumentaria, vajilla y hasta electrónica. El funcionamiento de su economía no es bi-monetario y el dólar no constituye unidad de cuenta ni medio de pago masivo de circulación y atesoramiento.

Federico Pinedo (abuelo) en 1940 no convenció a su clase social de invertir las divisas del campo en fábricas y Perón tuvo que avanzar en la industrialización forzada desde el Estado aplicando la renta agropecuaria a ese fin.

Para muchos en ese “pecado original” de nuestro proyecto industrial ejecutado en contra de la clase hegemónica,es el que provoca los conflictos que afectan su sustentabilidad, y a la vez su ausencia en Brasil es lo que le otorga perdurabilidad. Otros tantos, entre los que me incluyo, han sostenido que los altos salarios que acompañan la producción de manufacturas argentinas es el motivo de las reiteradas interrupciones a su desarrollo.

Lo cierto es que la clase poderosa de Brasil se las arregló para subordinar a los trabajadores en sus fábricas y sostener durante décadas un modelo de economía protegida. La dictadura militar que gobernó 21 años abrazó el desarrollismo elitista como credo y Fernando Henrique supo combinar reformas de mercado con modernización de la burguesía industrial sin extranjerizaciones.

La irrupción del PT como una izquierda potente pos-caída del muro de Berlín con capacidad de brindar bienes sociales en la gestión de municipios y estados despertó curiosidad e ilusión sobre esta experiencia y más cuando se reveló con capacidad de disputar elecciones presidenciales y sortear tres derrotas sin disolverse. Finalmente la llegada a la Presidencia de Brasil de un obrero metalúrgico surgido de las barriadas humildes de San Pablo, marcaba la convergencia política de una burguesía triunfante que había liderado un modelo industrial por décadas y un movimiento popular que se aprestaba a ampliar las bases sociales de sustentación de dicho proyecto, en lo que es la octava economía del mundo.

La reticencia con que desde mi impronta peronista miraba el proceso brasileño fue cediendo al entusiasmo que despertaba una alianza de clases que se sucedía prolongando el gobierno del PT y produciendo avances impensados. Otra vez el "largo plazo" de industria sostenida + paulatina inclusión social, parecía ser superador de nuestras marchas y contramarchas en Argentina.

El abrazo de Lula con Néstor convirtió al Mercosur en un acuerdo entre Naciones y no de empresas, el NO al ALCA fundó la UNaSur como escenario continental de realización democrática y económica y Brasil fue querido y admirado como locomotora de ese proceso.

¿Y entonces qué ocurrió? ¿que rompió la coalición gobernante? Dilma fue derrocada en ejercicio del cuarto gobierno del PT, Lula fue encarcelado y se arrasó una porción del capitalismo brasileño ligado a esta experiencia. En presente puede ganar la elección presidencial un militar ultraderechista sin proyecto de país viable.

Algunos afirman que durante el gobierno de Dilma se desarrolló una financiarización inédita de la economía al promovida por el ala neoliberal de la administración que conectó con el "síndrome de la tercera generación" que afecta al devenir empresarial nacional (el abuelo funda el emprendimiento, el padre lo desarrolla y el hijo sólo quiere gozar de la fortuna acumulada), surgiendo un nuevo polo burgués financiero-primario parecido al argentino. Otros intuyen la indubitable intervención estadounidense en la ruptura del modelo brasileño. Por último, el agotamiento de renta para distribuir en el nuevo escenario internacional radicalizó por derecha a una parte de la clase poderosa y la decidió a reimplantar un esquema de dominación absoluta de los trabajadores.

Es posible que todas las causas descriptas estén presentes en algún grado de amalgama, pero que el saldo sea un remedo de Pinochet con votos que combina autoritarismo con libre-mercado parece sorprendentemente triste.

Volviendo al inicio, el recorrido histórico muestra que Brasil no lidera en exclusivo al continente pero su rol es imprescindible en cualquier proyecto autónomo de Suramérica. Llegamos a querer tanto a Brasil que no soportaríamos verlo hundido en el barro del "fascismo de mercado".