Carlos Saúl Menem fue presidente de la Argentina durante una década que transformó al país. Pero en junio de 2001, el líder riojano vivió una caída que pocos imaginaron: fue detenido y trasladado a una quinta en Don Torcuato por orden judicial. Durante 167 días, estuvo bajo prisión preventiva en una causa que lo vinculaba directamente con la venta ilegal de armas a países en conflicto.
A más de 20 años de ese hecho, el recuerdo sigue incomodando a sectores del poder que todavía intentan blindar la figura de Menem. Sin embargo, el episodio marcó un antes y un después. Hoy, mientras su figura regresa a la escena cultural con la serie Menem en Prime Video, vale la pena repasar aquellos días en los que el caudillo riojano cambió la Casa Rosada por la custodia policial.
La causa que lo llevó al encierro: armas, secretos y traición
La Justicia lo procesó por contrabando agravado de armas, en una de las causas más escandalosas de los años ’90. De acuerdo a la investigación, durante su gobierno se vendieron armas a Ecuador y Croacia, países que estaban impedidos de recibir material bélico por tratados internacionales. Para la Fiscalía, Menem no solo firmó los decretos sino que estuvo al tanto del desvío encubierto de las armas.
El impacto político fue enorme. En plena crisis económica y con un gobierno de Fernando de la Rúa en caída libre, la detención de Menem reconfiguró el tablero del poder. El expresidente fue procesado y detenido, aunque en condiciones muy alejadas de un penal común. Su lugar de detención fue una cómoda quinta con custodia y visitas restringidas.
Una prisión con privilegios y un mensaje simbólico
Menem pasó sus días de detención en Don Torcuato, en una casa con parque, pileta y comodidades que distaban de una cárcel. Su celda era una suite, y aunque era formalmente de una prisión preventiva, el mensaje social fue ambiguo. Algunos lo vieron como un gesto de justicia; otros, como una farsa simbólica.
Durante esos meses, recibió visitas de dirigentes, empresarios y familiares. Incluso dio entrevistas desde su cautiverio. Pero la incomodidad de verlo en esa situación caló hondo en el justicialismo, que se dividía entre proteger su legado y tomar distancia. En noviembre de 2001, la Corte Suprema ordenó su liberación. Nunca fue condenado por la causa.
