En los últimos días se conocieron muchos números que eran previsibles en su dirección, pero que, en valor absoluto, resultaron muy superiores a las proyecciones del oficialismo. El dólar ya alcanzó el umbral de los 45 pesos por unidad. La inflación del primer trimestre rondó los diez puntos y la pobreza y la indigencia pegaron un salto récord. En pocas palabras, todo empeora mucho más rápido de lo esperado. Estos movimientos se producen en un marco de desplome de la actividad y de deterioro del mercado laboral que indicen transformaciones estructurales y de largo plazo. La economía real se destruye en paralelo al creciente ahogo financiero. La economía macrista alcanzó en marzo un pico de máxima incertidumbre.

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En la vida cotidiana el escenario se expresa en deterioro social. En el segundo semestre de 2018 el número de pobres alcanzó, en el promedio del período, al 32 por ciento de la población y el de indigentes al 6,7. Sin embargo este largo promedio de 6 meses vela el fenómeno de la profundización del último trimestre del año. Quienes analizan los microdatos de las encuestas de hogares destacan que la pobreza del último trimestre de 2018 habría llegado el 36 por ciento, dato que explica que el único anuncio del discurso presidencial de apertura de sesiones legislativas haya sido el aumento del 46 por ciento en la AUH, un intento desesperado por contener los indicadores en el año electoral.

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Los investigadores Daniel Schteingart, Guido Zack y Federico Favata, realizaron un trabajo de unificación de series de pobreza destruidas por la intervención del Indec del gobierno anterior y el apagón estadístico y cambio de canasta en los inicios del presente. El trabajo muestra que a comienzos del kirchnerismo, en el segundo semestre de 2003, la pobreza alcanzaba al 59,6 por ciento de la población y la indigencia al 22 por ciento. Al final de los tres gobiernos, en el segundo semestre de 2015, la pobreza era del 26,9 por ciento y la indigencia del 4,7. Que el gobierno precedente haya incurrido en la zoncera de alterar números no cambia que el kirchnerismo bajó casi 33 puntos la pobreza y poco más de 17 la indigencia. Todo lo demás es relato. Mientras tanto, la Alianza Cambiemos ya aumentó 5,1 puntos el número de pobres y 2,2 el de indigentes.

El kirchnerismo bajó casi 33 puntos la pobreza y poco más de 17 la indigencia

Las expuestas son variaciones entre puntas. Existe otro dato a considerar. Gracias a la apreciación cambiaria conseguida en 2017 en base a endeudamiento, más los anabólicos preelectorales como los créditos de la Anses, el macrismo logró que la pobreza del segundo semestre de ese año baje más de 1 punto respecto de la recibida: 25,7 para el promedio móvil del segundo semestre. Desde entonces subió más de 6 puntos. Es necesario remontarse a 2002 para encontrar un salto semejante.

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Del gráfico de las series surge también otro fenómeno característico de la economía local: la relación entre pobreza y tipo de cambio. El primer punto de inflexión significativo se produce en 2014 como producto de la llamada “devaluación de Kicillof”, cuando la aparición de la restricción externa tras una década de crecimiento comenzaba a afectar la estabilidad cambiaria.

Ya en el macrismo el ciclo se reproduce con los shocks devaluatorios de comienzos de 2016 y el de la interminable corrida de 2018. En todos los casos la relación es inequívoca. A mayor devaluación, mayor pobreza. Este fenómeno es el que ocultan los economistas locales cuando defienden el llamado “tipo de cambio competitivo”. El gráfico es una demostración práctica de que el tipo de cambio es una variable distributiva: la “competitividad” no es aquí más que la vieja lucha subversiva entre salarios y ganancias.

Pero las explicaciones derivadas del gráfico no terminan con la relación dólar-pobreza, sino que también se ponen de manifiesto los mecanismos de transmisión. Para el caso la inflación cambiaria, la secuencia de fenómenos que se disparan a partir de la devaluación. Contra las explicaciones monetaristas vulgares, cuando sube el dólar suben los precios, especialmente los de los alimentos. El proceso inflacionario generado se potencia y retroalimenta porque Cambiemos dolarizó las tarifas de los servicios y los combustibles. Como los ingresos de las mayorías crecen por detrás de las subas de estos dos precios básicos (dólar y tarifas) se restringe en consecuencia la capacidad de compra. Cae el consumo y con él la actividad económica y el empleo. El resultado es que crece la porción de la población que no puede acceder, comprar, una canasta básica alimentaria (indigentes) o una canasta básica total (pobres). Si cree que esta explicación es incorrecta, vuelva a mirar el gráfico y recuerde el precio del dólar en cada punto de las curvas.

La secuencia descripta explica por qué el gobierno se juega su reelección en la cotización del dólar. Que los actores económicos crean que el gobierno no contará con la oferta de divisas necesarias para abastecer la demanda equivale a creer que el gobierno perdió la capacidad de conducir la economía. Abril y mayo serán meses clave.-