Se ha señalado, desde esta columna, que todos los planes de estabilización macroeconómica centrados en cerrar el déficit del sector externo aniquilando el mercado interno con políticas monetarias y fiscales restrictivas, fracasaron. El Plan Austral, el Plan Primavera, la Convertibilidad en su fase pos-crisis del Tequila y el Plan déficit cero, fueron experimentos dolorosos para el pueblo argentino, tanto en su tránsito como en su desbarranque en una crisis aún peor que la que se suponía evitarían. Es bueno recordar que durante los gobiernos de Néstor y Cristina nunca hubo un conjunto de medidas económicas agrupadas bajo el nombre de “plan” o “paquete” de ajuste de triste memoria.

Plan Doble Cero es la denominación acuñada para sintetizar el doble mazazo monetario y fiscal que se aplicará sobre la economía real a partir cesar toda emisión monetaria del Banco Central para financiar al Tesoro Nacional y a la vez el compromiso de hierro de sostener el superávit primario en las cuentas públicas, evitando demanda de fondos a la autoridad monetaria. Déficit Cero + Emisión Monetaria Cero configuran la armonización de la política fiscal y monetaria en clave restrictiva del nivel de actividad.

Este Plan, al igual que los anteriores del pasado próximo, está condenado al fracaso porque se revela incapaz de recomponer la oferta privada de divisas que permita una expansión de la economía abandonando el estrecho desfiladero marcado por la hiper-recesión de la política monetaria y fiscal contractiva a ultranza y la hiper-inflación que provocaría un salto abrupto del valor del dólar si se aflojan las restricciones del Doble Cero. La tasa de interés en torno al 70% que fija el Banco Central en las letras de monetarias que entrega a los bancos para retirar todos los pesos con capacidad de convertirse en dólares, es el indicador del corto plazo de sustentabilidad del Plan en curso.

La urgencia angustiante del Gobierno para recrear confianza entre los agentes económicos y lograr que deshagan sus posiciones de dólares atesorados en los últimos seis meses, reingresándolos al mercado local, se mide en que las reservas internacionales permanecen por debajo de los u$s 50.000 millones a pesar de la gigantesca renta financiera del 6% mensual.

La “bala de plata” para elevar la oferta privada de divisas se disparará entre lo que queda de octubre y noviembre haciendo un esfuerzo relevante para mostrar respaldo político interno e internacional, jalonado por tres hechos:

  • La aprobación del Presupuesto de la Administración Nacional para el año 2019, conteniendo un duro esquema de ajuste que sostenga el Plan Doble Cero

  • La aprobación en el Directorio del FMI del “memorando de entendimiento” cerrado en septiembre, que incluye un incremento del total de fondos iniciales y un adelantamiento del cronograma de desembolsos, factores ambos que alejarían el peligro de “default” de la deuda soberana

  • La reunión del G-20 en Buenos Aires que le provea al presidente Macri numerosas fotos con los líderes mundiales como señal de apoyo a sus políticas

    El Gobierno espera que el respaldo político interno e internacional que supone la consecución de los tres objetivos será suficiente para que los agentes económicos recuperen la confianza en la administración de Cambiemos, deshagan sus posiciones en dólares y que dicha oferta permita un descenso gradual de la tasa de interés.

    Si esos objetivos no se alcanzan o si los mismos no generan el efecto esperado en los mercados financieros, el último trimestre del 2018 presentará agudas dificultades en la economía real por el golpe que implica la hiper-recesión inducida por el programa monetario y fiscal.

    La gravedad del desequilibrio externo define la inmediatez de las decisiones gubernamentales y la única mirada es la obtención de divisas de origen financiero diariamente. Pero no resuelve los factores de escasez de oferta, ni por la vía del comercio exterior ni por la exacerbada puja de los que "dolarizan" excedentes líquidos como dividendos girados al exterior o ahorro directo retirado del circuito económico.

    Por lo tanto, el Plan Doble Cero está destinado al desbarranque. Las dudas del tiempo en que ocurrirá dependen del alcance de los tres objetivos gubernamentales reseñados y su impacto en los mercados, y a la vez de la respuesta política que se produzca a partir del agudo deterioro socio-económico que produce el plan de ajuste.

    Como ya dijimos desde esta columna, de la primavera nadie sale como entró.