Transcurrido más de medio mandato de la Alianza Cambiemos, el derrotero económico sigue sin conseguir los tres puntos. A partir de diagnósticos equivocados, el Ejecutivo no ha dado pie con bola en los objetivos que el mismo establishment se planteó como impostergables al inicio de gestión. A saber, el combate a la inflación y la reducción del déficit.

Muy por el contrario, hemos conseguido destacarnos frente al mundo en un amplio abanico de variables económicas pero por lo negativo de su evolución. A esta altura del partido, parece razonable gambetear las excusas de pesada herencia y juzgar los resultados obtenidos.

A tan solo 16 días del mundial de Rusia, evento que captará la atención de gran cantidad público alrededor del planeta, una comparación de los resultados económicos con aquellos países clasificados permite hacer una evaluación sin salirse del clima mundialista. Por lo variado de los países clasificados, tanto en términos geográficos, históricos como coyunturales, su estudio conjunto facilita una mirada amplia de la posición relativa de cada nación.

El año pasado, nuestro país tuvo un déficit externo en torno a los U$S 31.000 millones, sólo por detrás de Inglaterra y Australia. Y se ubica en la quinta posición si se compara este déficit en relación al PBI.

Otro rubro en el cual nuestra economía llegó “a semifinales” del Mundial del deterioro económico es el de déficit público. Ocurre que, lejos de subsanarse el resultado negativo de la relación local entre gastos e ingresos, en los últimos dos años el mismo se ha financiado con deuda, redundando en un notable incremento de intereses. Así, el déficit financiero argentino del 6,1% fue en 2017 el cuarto mayor del panel de países analizado, sólo detrás de Egipto, Arabia y Nigeria.

Aún menos auspicioso es el contexto reciente en materia inflacionaria. Debido al proceso de “recomposición tarifaria” y los saltos cambiarios en una economía altamente dolarizada, nuestro país se encuentra entre los de mayor inflación en todo el mundo: el 24,8% acumulado en 2017 sólo fue superado por Egipto, que mantuvo un aumento de precios cercano al 30% en igual período. No conformes con el segundo puesto, el primer cuatrimestre de 2018 acumula un 9,8%, que anualizado significa un 32,3%.

La disposición del esquema de metas de inflación como única herramienta para “el combate a la inflación”, llevó al Banco Central local a subir ampliamente la tasa de interés. Por esto, nuestro país en este rubro es campeón del mundo por goleada. Con una tasa nominal del 40%, supera por 22 puntos porcentuales a Irán (18%) y por 23 puntos a Egipto (16,8%). Una tasa que permite una enorme rentabilidad financiera, frenando el consumo y la inversión real, generadora de crecimiento y empleo.

En materia de crecimiento económico tampoco el resultado fue el ideal. Si se computa el acumulado de los últimos dos años, Argentina fue el tercer país en el podio de los que menos crecieron (+0,5%), sólo por detrás de aquellos que vieron mermada su producción: Nigeria (-0,5%) y Brasil (-2,6%).

Otro primer puesto fue obtenido en cuanto a caída de reservas: en el último trimestre Argentina fue el país del mundo de mayor deterioro acumulado, con una merma del 8,3%, evidenciando la preocupación del BCRA ante la corrida, pese al reiterado argumento de que se trataba de un fenómeno global para las monedas de los países emergentes.

La posición relativa de Argentina en el Mundial económico da cuenta de que las políticas adoptadas desde diciembre de 2015 van a contramano de un desarrollo económico sostenible en el tiempo. Será cuestión de cambiar 180 grados el rumbo. O continuar pateando la pelota en la dirección equivocada.