Siga, siga

12 de julio, 2020 | 00.05

“Apodado Pancho, lo conocían en la Primera División de Argentina por su estilo "liberal" en el campo de juego...

Vicentín: de gran empresa a gran estafa

Aun cuando lo admiraron en los años 80', hacia el final de su carrera lo criticaron por su estilo. Su gesto clásico era simular al de empujar un carro para sugerir que continúe en movimiento (el famoso "siga, siga) ...”

Wikipedia sobre el arbitro de futbol  Francisco Lamolina

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Primero, las cosas en su lugar. El Gobierno Argentino ha sido uno de los mas efectivos del mundo en implementar políticas protectivas para su pueblo durante la pandemia. Los número así lo muestran. Sin embargo arrecia un interesado e irresponsable discurso para relajar dichas políticas desde dos ejes: la “libertad” y el sostenimiento de la actividad económica. 

Nadie discute que la tasa de contagio y muerte ha sido más alta en los países que eludieron o minimizaron el problema. Trump, Bolsonaro, Lopez Obrador, Boris Johnson no se hicieron cargo e implementaron un “siga, siga,…” en sus naciones como si nada ocurriera, o fuera mas importante preservar el ritmo de la actividad económica que las vidas humanas. ¿Cuál fue el “beneficio” en la economía? ¿Existió? O solo fue otra celada neoliberal, puro “sentido común” sin ningún sustento en los hechos. Simplemente el sentido de las clases dominantes permeando y formateando el “sentido común”.

Veamos los datos. Si, datos del FMI. O sea del propio establishment. Y la pregunta es, dadas las diferentes actitudes políticas y humanas de los gobiernos (y las sociedades) frente al Covid-19 ¿los “resultados” económicos son sustancialmente distintos? ¿está “justificado” el sacrificio en vidas y angustia que proponen los dueños del capital y sus voceros? La respuesta rotunda es NO. Se prevé que la actividad económica en Argentina caiga un 9,9%, mientras que en EEUU un 8%, en Brasil un 9,1%, en la zona Euro un 10% y en México un 10,5%. Queda claro que no hay una correlación inversa entre cuidado de la vida y actividad económica.

Claramente el “siga, siga” no es una respuesta adecuada ni respecto a la vida, ni respecto a la economía. 

Segundo, la “normalidad”. Creemos que es muy importante prestar atención al uso y significación de la palabra normalidad en este respecto. Se está buscando imponer la idea que la pandemia (y las medidas para contenerla) han interrumpido una normalidad que es necesario restablecer tan rápido como sea posible.

Es inaceptable asignar la connotación de “normal” a un sistema global político y económico-social que produce los niveles de desigualdad, patriarcalismo y depredación del medio ambiente como la actual Dictadura del Capital. Ni normal, ni natural. Necesitamos construir una nueva institucionalidad que tenga como objetivos el amor y la igualdad. En este camino, es central no convalidar como “normal” el estado actual del capitalismo global. Mucho menos cuando vemos que durante la pandemia las respuestas vitales provienen de los estados mientras que en ningún caso de los mercados, y mucho menos de las corporaciones que han acumulado mas del 50% del stock de riqueza global en el 1% de las manos.

Parece por lo tanto evidente, que lo peor que pueden hacer los pueblos es un “siga, siga” en el marco del modelo neoliberal que ha impregnado todos los aspectos de la vida. Si bien es cierto que el neoliberalismo ha quedado al descubierto y desprestigiado por la respuesta global de los sistemas de salud y de contención social frente a la innegable catástrofe no debe suponerse graciosamente que la “salida de la pandemia” es el fin del neoliberalismo o del capitalismo. Muy por el contrario el capitalismo ha mostrado una fenomenal capacidad para resurgir de las crisis que el propio sistema provocó, reinventándose con mayores dosis de concentración y debilitamiento de los derechos populares. La crisis global de 2008 y su derrotero han sido una gran enseñanza en este sentido. 

Hoja de Ruta

Entonces, es indispensable evitar el “siga, siga” para avanzar hacia un sistema mas justo. Aún lejos de un cambio drástico de régimen queremos compartir lo que consideramos indispensable como mínimo para mejorar la condición del pueblo, la soberanía política y la institucionalidad de una sociedad mas justa:

Shock distributivo: la situación internacional más la situación interna con casi 50% de capacidad ociosa (contundente resultado obtenido por Macri mas que por la pandemia, en cuatro años destructivos para la producción nacional) son el trasfondo propicio para apostar a un crecimiento endógeno y autónomo entre los próximos dos o tres años una vez levantada la cuarentena. 

En ese contexto es importante estimular la demanda agregada para la puesta en marcha del mercado interno y encender el motor de la industrialización. La experiencia de los doce años ha demostrado que las paritarias libres y la fórmula de movilidad de 2008 fueron herramientas consistentes y sustentables. Por supuesto que un adecuado seguimiento de los precios es indispensable para que el shock propuesto tenga efecto en términos reales. 

El recorrido del crecimiento descripto debe utilizarse para implementar políticas públicas tendientes a amplificar el margen de acción previo a la restricción externa, que ha sido un obstáculo persistente en el desarrollo nacional. 

Reforma financiera: en función de acompañar adecuadamente el impulso de la demanda en la expansión económica se necesita redefinir el sentido y función del sistema financiero. Necesitamos abandonar la visión idílica y falaz que describe al sistema como la institución que canaliza los pequeños ahorros de las familias hacia las inversiones en la economía real que realizan las empresas, pues no es así como funciona. 

Ni que existe un mercado de oferta de ahorros y demanda por inversiones donde se determina la tasa de interés, pues no es así como se determina la tasa de interés. 

El mundo funciona en una economía esencialmente monetaria regulada por bancos centrales y son las acciones de estos conjuntamente con las expectativas (de ventas) las que determinan el volumen de inversión. El resto, es un juego que queda atrapado en el propio sistema financiero fomentando el casino especulativo e incubando la próxima burbuja.

La puesta en marcha de la economía requerirá importantes volúmenes de financiamiento en inversión, pero también en capital de trabajo para las empresas nacionales y sobre todo para las pymes y el comercio. Este debe ser el objetivo central de nuestro sistema financiero, a tasas de interés que no erosionen la rentabilidad de las empresas nacionales (de otra forma corren en desventaja con las multinacionales que acceden a créditos mas blandos) ni la conveniencia de la reinversión. En términos federales es importante que los costos financieros sean menores para inversiones fuera del AMBA.

Reforma tributaria: es una de las grandes materias pendientes. Vale la pena aclarar que la reforma no debe disminuir los recursos del sector público, sino redistribuir el impacto de la actividad recaudadora imprescindible para sostener las políticas públicas. Es bien sabido que de otra forma solo se estará, bajo un bonito título, incrementando la desigualdad y la pobreza como han probado las reformas que desde los 90 vienen propiciándose desde los centros originados en el “Consenso” de Washington y que han llevado al mundo al desesperante estado de inequidad.

Entonces los principios rectores, manteniendo constate la recaudación, es que se reduzcan los impuestos al consumo en comparación con los impuestos a los ingresos y a la riqueza de los sectores con mayor capacidad.  Que las empresas con beneficiarios finales nacionales paguen menores tasas impositivas que aquellas con propietarios externos (y sobre todo los domiciliados en “jurisdicciones no cooperativas”, tiernamente así llamadas las guaridas fiscales).

En toda esta temática hay que prestar también mucho cuidado a no caer en debates dominados por el supuesto “sentido común”. Ya conocemos demasiado que los experimentos del tipo “bajarle el IVA a los alimentos” tienen como único efecto aumentar los beneficios de las grandes cadenas de comercialización y erosionar los ingresos fiscales. Lo mismo con las consabidas y recurrentemente propuestas “bajas en los costos laborales”. La experiencia internacional (y local) ha demostrado que no han promovido mayores  niveles de empleo, al tiempo que han deteriorado el financiamiento de los sistemas previsionales simplemente aumentando los beneficios de las corporaciones.

Plan de obra pública: esta política ya ha demostrado su impacto positivo y sustentabilidad durante los 12 años. Argentina tiene excelentes oportunidades en la necesidad y desarrollo de infraestructura. Por lo tanto la política de obra pública en nuestro país tiene no solo el obvio impacto positivo en empleo y nivel de actividad económica sumado a su capacidad multiplicadora sobre otras actividades productivas. También tiene un impresionante efecto sobre la productividad de toda la economía disminuyendo los costos logísticos. En nuestra patria hay mucho trabajo productivo concreto para realizar antes que sea necesario echar mano al consejo de Keynes de contratar trabajadores “aunque sea tomando gente para hacer pozos de día y otros para taparlos de noche” para combatir el desempleo.

No es menor considerar el financiamiento cuando son obras de envergadura, y el principio general debe ser no caer en la dependencia de Wall Street o de los organismos multilaterales de crédito. Esto requiere una adecuada inserción en el mundo a través de una política exterior soberana. Tenemos socios estratégicos relevantes como son Brasil, China y Rusia lo cual no obtura de ninguna manera la posibilidad de tener relaciones responsables y constructivas con ningún otro país. En este sentido también los 12 años nos dejan enseñanzas al respecto. La única obra pública relevante (aún después de 4 años de ser “market friendly” y furgón de cola de políticas contrarias a nuestros intereses y tradiciones) son las represas Kirchner y Sepernic financiadas 100% por capitales Chinos.

Tarifas: mas allá de las diferentes consideraciones referidas a la propiedad y sistema de contralor de las empresas proveedoras de servicios públicos (avanzando que nuestra postura es la necesidad de la estatización de dichas firmas), está claro que la trayectoria de las tarifas durante el gobierno de Macri ha sido una de los factores que provocó la destrucción de la actividad productiva en nuestro país. 

Para que ganaran mucha plata las privatizadas Macri fundió al entramado productivo nacional, sobre todo a pymes y comerciantes.

Las tarifas son un vector del desarrollo de las naciones, y convertirlas en factor de ganancia de unos pocos grupos con intereses transnacionales ha destruido la vida de las familias y las empresas nacionales. 

Comercio exterior: aunque parezca mentira hay que seguir insistiendo en la necesidad de proteger a la industria nacional frente a las importaciones indiscriminadas. Como si mas de 200 años de evidencia en la historia económica (global y nacional) no bastaran para sostener la necesidad central de esta política en función de desarrollar una Nación, los últimos 4 años de historia argentina no dejan lugar a duda. Sobre todo con los grotescos episodios en los que el presidente Macri recibía autoridades extranjeras que le daban clase de nacionalismo (in your face Mauricio!). En este sentido fue llamativo el “avance” en el acuerdo Mercosur-Unión Europea rechazado por inconveniente, una vez “acordado”, por los… ¡europeos! Por inconvenientes para sus pueblos.

Ingresos Universal: dada el persistente patrón de tendencia divergente entre productividad y salarios que lleva mas de 40 años (cuyo gráfico el sindicalista norteamericano Michael Stern ha denominado la serpiente voraz) sumado al desempleo, hacen necesario y justo que exista un sistema de participación social en los avances provocados por las mejoras tecnológicas, que además se convierta en un mecanismo que fortalezca la capacidad de lucha de lxs trabajadorxs. Esta política pública, cuyo diseño es necesariamente realmente universal o se trata de otra cosa, debe necesariamente ser implementado y administrado por el Estado .

El regreso de los muertos vivos ¡guarda con los zombis! Ya están circulando por los centros de poder (globales, pero también nacionales) dos ideas fetiche y obsesivas del neoliberalismo. La reforma laboral y la reforma previsional. Es de esperar que en la “salida de la pandemia” reaparezcan con fuerza en el discurso interesado de las clases dominantes, intentando penetrar a los gobiernos.  Con el viejo cuento de la reducción de costos (se aclara …de las empresas) y la “austeridad fiscal” (que nunca es austera a la hora de pagar deuda) ya están diseñadas las nuevas versiones. Con ropaje de modernidad y aderezo “progre” siguen siendo zombis.

La reforma laboral vendrá presentada “por goteo”, por sector, atendiendo supuestamente a las nuevas tecnologías y modalidades laborales, al mundo del futuro… no deja de ser una pérdida de derechos de lxs trabajadorxs. En definitiva un seguro para que los salarios no aumenten en términos reales, debilitando a los sindicatos y logrando que las clases populares encuentren menguada su capacidad de lucha.

En cuanto a la reforma previsional, insistirán con “los tres pilares” que no es ni mas ni menos que una forma de disfrazar el regreso de las AFJP y la retirada en forma solapada del Estado. Con el cuento de la posibilidad de aportes individuales voluntarios, se reduce el sistema de fuerte cobertura (en el orden del 95%) y más igualitario de corte feminista (mas del 80% de quienes ingresaron al Plan de Inclusión Jubilatoria que rigió desde 2006 a 2016) implementado durante los 12 años. Cabe también señalar que los aportes “voluntarios” se consideran deducibles del impuesto a las ganancias, con lo que se disminuye la capacidad del estado en su conjunto.   

Argentina tiene oportunidades extraordinarias de poner en marcha su economía una vez terminada la pandemia. Mas aún cuando saldremos de esta horrible situación con un Gobierno que ha puesto la vida y el sentido del espacio común como una cuestión de estado. Para que las oportunidades se conviertan en la realidad efectiva lo único que no podemos hacer es decir “siga, siga”.


 

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