Rosario y el rock: la invisibilidad es política

11 de julio, 2020 | 19.00

La muerte de Rosario Bléfari a sus 54 años nos agarró a todes desprevenides. La escritora, música y actriz falleció omnipresente  pero casi en silencio, el lunes 6 de julio durante la madrugada en Santa Rosa,  provincia de La Pampa, donde había ido a cuidar a su padre. Si bien tenía cáncer y estaba inmunodeprimida, su condición no la hacía detener la actividad creativa. Incluso durante la pandemia había estado muy activa con una serie de shows desde su casa y una publicación denominada “Diarios de la Dispersión” que salía cada domingo en la agenda de Buenos Aires. Allí conjugaba retazos de la vida cotidiana, poéticamente deformados por la cuarentena, con anécdotas sobre su historia y la manera que tenía de conectarse con el arte. “Este será el diario de la dispersión. Quiero ver cómo hago lo que hago y si en realidad hago algo. Quiero ver cómo las ideas se transforman y a qué puerto llegan, si es que llegan”, había expresado en una entrega.

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El lunes los medios y las redes sociales se llenaron de artículos y notas en referencia a ella y su arte total. Se escribieron columnas conmovedoras y para muches incluso fue la posibilidad de descubrir a una artista que nunca se subió a los métodos que imponía el formato comercial. Sin embargo en algunas publicaciones, incluso en la nota principal de la Agencia Nacional de Noticias Telam, hablaron del fallecimiento de la “musa del rock”. El uso del lenguaje en los dispositivos de producción de sentido nunca es inocente, o por lo menos da la posibilidad de desentrañar algo más. El término musa, que se ha perpetuado a lo largo de los siglos, proviene de la cultura clásica y hace referencia al rol de las mujeres como inspiradoras de obras ajenas. Si bien las mujeres han estado presentes en la historia del arte en pinturas, esculturas y cerámicas, como por ejemplo El nacimiento de Venus de Boticelli, La Mona Lisa de Leonardo y La Venus de Urbino de Tiziano, llamativamente casi no se conocen obras de esa época que las tengan como autoras. Cinco siglos después se mantiene la vigencia del concepto y las mujeres, incluso las artistas con décadas de trayectoria, son representadas desde modelos de pasividad bajo la premisa del ser para otros. 

Rosario durante su carrera no solo creó música, sino que generó una posibilidad de expresión propia, no canonizada, más allá de la música. Con cada una de sus producciones mostraba, de forma “natural”, que había otra forma de hacer las cosas. Si algo la caracterizaba era que se proponía el espacio de la creación, lo vivía y experimentaba, desde una esencia más primitiva y corporal, usando recursos simples. El resultado de su arte sería entonces sólo un evento fortuito del hacer sin estructuras. Rosario formó Suárez en 1989 y fue pionera en casi todo. En 1994 mandó a producir a EPSA, una fábrica de CD’s ubicada en el barrio de Once, una tanda de 500 copias del álbum debut  del grupo “Hora de no ver”, a pesar de que en ese momento solo lo hacían las grandes multinacionales y cuando se trataba de miles de unidades . “Era acceder a los medios de producción, a las máquinas. Saltear un intermediario que te oculta cómo se hace”, explicó la artista en una entrevista citada en el libro “Más o menos bien”, de Nicolás Igarzábal. De esta manera muches otres artistas independientes comenzaron a trabajar y crear nuevas posibilidades: “lo de independiente siempre lo tomé como no ser una artista contratada por una empresa, ese es el concepto primero: siempre me manejé sin contrato, autogestionando las cosas”.

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Desde las movidas veraniegas de Villa Gesell a mediados de los 60’s, con Moris, Javier Martínez, y los Beatniks, hasta Rosario con los Gatos Salvajes, o la generación de La Cueva, el rock se constituyó como un espacio de resistencia al autoritarismo, atropello conservador y  la violencia institucional de los gobiernos militares, pero  monopolizado por hombres. “Mi vida del rock no se parece para nada a la de las películas de rock, tal vez porque yo estoy ahí, y soy una mujer y soy la líder de mis bandas. En todo caso soy la prueba de que hay otro mundo del rock que existe hace rato y tiene menos prensa porque no pertenece al imaginario conservador del rock”, dijo Bléfari en una entrevista. La construcción de ese imaginario al que hace referencia, como todo relato que se vuelve hegemónico, se sostuvo sobre la base de una parte silenciada (“museada”): la de las mujeres como sujetas de historia y de expresiones propias. 

En ese sentido el ejercicio de recuperación y apertura de subjetividades femeninas en el rock es de especial relevancia para acercarnos a un plano de mayor equidad de género, pero también y sobre todo de nuevos liderazgos y formas de creación alternativas. Y no se trata solamente de identificar o enumerar a “grandes artistas mujeres” o hacer foco en las “voces emergentes”, porque esa lógica sigue funcionando sobre la idea de una persona con talento aislada o un “don artístico”. Se trata del ejercicio de acciones ininterrumpidas y la necesidad de comprender que el arte, la música y el rock están atravesados por lo social y mediados por las instituciones.

 

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Fabiana Solano

Mi nombre es Fabiana Solano y tengo 34 años. Soy socióloga egresada de la UBA y casi Magister en Comunicación y Cultura (UBA). Digo ‘casi’ porque me falta entregar la bendita/maldita Tesis, situación que trato de estirar con elegancia. Nunca me sentí del todo cómoda con los caminos que me ofrecía el mundo estrictamente académico. Por eso estudié periodismo, y la convergencia de ambas disciplinas me dio algunas herramientas para analizar, transmitir, y explicar la crisis del 2001 en 180 caracteres. Me especializo en culturas y prácticas sociales, desde la perspectiva teórica de los Estudios Culturales. Afortunadamente tengo otras pasiones. Me considero una melómana millennial que aprovecha los beneficios de las múltiples plataformas de streaming pero si tiene que elegir prefiere el ritual del vinilo. Tengo un especial vínculo con el rock británico (siempre Team Beatles, antes de que me pregunten), que se remonta a mis primeros recuerdos sonoros, cuando en mi casa los domingos se escuchaba “Magical Mistery Tour” o “Let It Be”. Además soy arquera del equipo de Futsal Femenino de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), rol que me define mejor y más genuinamente que todo lo que desarrollé hasta acá. Por supuesto que la política ocupa gran parte de mi vida y mis pensamientos. Por eso para mi info de WhatsApp elegí una frase que pedí prestada al gran pensador contemporáneo Álvaro García Linera: “Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.