La política y la comunicación política: el hombre nuevo nunca llegará a tiempo

26 de noviembre, 2021 | 23.47

Días pasados escribí un tuit que decía: "Si de algo saben es de marketing. Nuestro problema es que no entendemos que los políticos se deben vender como alfajores"

Y me acordé de mis charlas políticas con el Gran Ozzy. Ozzy es sociólogo y peronista. Y fue parte del asalto al Policlínico Bancario. Estuvo en el penal de Tierra del Fuego y exiliado en México.

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Una vez charlando sobre la izquierda peronista y los 70s me dijo: “al final entendí que no se puede hacer política pensando que todos son 'hombres nuevos' porque como no lo son todo termina en violencia”. 

Ozzy laburó muchos años en la gerencia de ventas de una gran editorial y terminó aprendiendo mucho de marketing.

Cada vez que escucho o leo que el problema de este gobierno es que no radicaliza el discurso me acuerdo de Ozzy. En este tiempo de redes sociales, los discursos públicos nunca son consumidos con exclusividad por el público que está consumiéndolos en vivo y en directo. Finalmente, todos los públicos consumimos todos los discursos públicos, y la mayoría de las veces consumimos discursos ultraprocesados y editados.

Los discursos dirigidos a convencidos son, en términos económicos, un gasto corriente que es consumido con pasión pero que no gana un sólo voto más.

Es más, normalmente tiene valor económico negativo porque son editados y terminan siendo usados como “espantavotos” de forma muy eficiente.

Si el arte de la política es persuadir y convencer no podemos pretender que con un discurso elaborado para ser consumido por un público ya evangelizado, terminemos persuadiendo a los herejes que a priori no nos quieren votar. 

Cuando Perón dijo “un rancho se hace con barro y bosta” no sólo estaba diciéndonos que lo importante siempre es el albañil (la conducción), sino también que en política no importa si todos pensamos lo mismo, sino que lo importante es que la mayoría votemos lo mismo. Y por lo tanto, más que insistir en generar más conversos repitiendo el evangelio, el negocio es adaptar el discurso al cliente.

Los 4 años del gobierno de Néstor Kirchner nos demostraron una vez más que si bien en política la legitimidad de origen es muy importante, más importante y efectiva aún es la legitimidad de ejercicio. Esto es la enseñanza que todos sabemos nos dejó el 54% de Cristina Fernández de Kirchner en el 2011. No importa que religión profese cada argentino y cada argentina si sus órganos más sensibles están contentos, sus bolsillos votarán por el gobierno de turno.

Hacer comunicación política pensando que el éxito está asegurado si se refuerza la lealtad de los convencidos puede ser una estrategia efectiva si el conjunto de convencidos es mayoría. 

Pero si las urnas nos cuentan que menos del 35% profesan nuestra religión, la aritmética democrática nos impone ser ecuménicos, bajar nuestras banderas más radicales y hablarle a la gente de a pie. 

Si la gente tiene que esperar que las políticas macroeconómicas rindan sus frutos (que baje la inflación y que el crecimiento se sienta en los bolsillos), tenemos que lograr que nos tengan paciencia hablándoles como ellos esperan que les hablemos. 

No son “los hombres nuevos”, son argentinos y argentinas y tratan de vivir cada día un poco mejor. Si pretendemos hablarles como si fueran militantes, ni nos van a escuchar. 

Perón ya nos lo había explicado muy bien en sus clases en la Escuela Superior Peronista durante 1951 que luego fueron editadas en su Manual de Conducción Política, cuando nos dijo que “para conducir a un pueblo, la primera condición es que haya salido del pueblo, que sienta y que piense como el pueblo

Si siente y piensa como el pueblo, habla como el pueblo, ¿no?

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Ricardo Ariel Rotsztein

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