Que el show de Milei no tape el bosque incendiado

El choque entre la agenda de la Argentina real y el relato oficial es del orden de lo grotesco. El show político no es un exceso ni una distracción casual: es un mecanismo de encubrimiento.

31 de enero, 2026 | 19.00

Desde hace semanas que la Patagonia argentina enfrenta una de las peores crisis ambientales de su historia reciente. Incendios forestales de gran volumen consumen sin tregua bosques nativos, zonas productivas, y parques nacionales, obligan a evacuaciones de familias enteras, ponen en peligro la fauna autóctona y en jaque la vida cotidiana comunidades que sobreviven en medio del desastre, el abandono y la desolación. Las magnitudes son significativas: la superficie afectada por los incendios forestales en 2026 se estima entre 45 y 50 mil hectáreas, afectando principalmente a la provincia de Chubut, junto con focos activos en La Pampa, Neuquén, Río Negro y Santa Cruz. Además, las características climáticas de la región, los fuertes vientos y una sequía con registros históricos, juegan un rol determinante para la rápida propagación y persistencia de los focos activos.

Frente a lo que debería ser tratado y considerado un tema de suma urgencia y una crisis de Estado, teniendo en cuenta que es la emergencia supera las capacidades técnicas y administrativas locales y exige un trabajo de coordinación nacional, la respuesta oficial del gobierno libertario ha sido fragmentaria, tardía, evasiva y marcada por una lógica de administración del relato y el daño a la imagen presidencial más que de intervención activa y efectiva sobre la devastación material, económico y humana. En medio de la tragedia Milei decidió, en vez de apersonarse en las zonas afectadas y ejercer su deber y responsabilidad como Jefe de Estado, compartir en las redes sociales una imagen, creada por Inteligencia artificial, en la que aparece dándole la mano a un bombero. Un gesto que sería gravísimo, violento e insólito si no fuera porque este mandatario nos tiene acostumbrados a los comportamientos border y papelones políticos.

Recién el miércoles 29, a más de 50 días del inicio de los incendios, luego de un sentido reclamo social y el reclamo conjunto de los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro), Rolando Figueroa (Neuquén), Ignacio Torres (Chubut), Sergio Ziliotto (La Pampa), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego), el Gobierno nacional avanzó en la decisión de declarar, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), la Emergencia ígnea con el objetivo acelerar la llegada de recursos a las áreas afectados, habilitar herramientas excepcionales de gestión de riesgo y habilitar el envío inmediato de ayuda a los damnificados. La lectura es que la medida anunciada nace en realidad de la preocupación del gobierno por la trascendencia del tema y su escalada en los medios de comunicación y la conversación social.

Argentina vs. Narnia

El choque entre la agenda de la Argentina real y el relato oficial es del orden de lo grotesco. Solo en las redes sociales encontramos a diario miles de videos de los incendios que suben y comparten los usuarios, cientos de historias de vida atravesadas por la pérdida y el dolor, relatos desesperados y denuncias de los propios afectados, colectas solidarias y campañas de donación que surgen genuinamente, e imagenes del trabajo de los mas de 400 brigadistas y las comunidades que se organizan para acompañar su trabajo. Emociona, conmueve, e indigna, todo en las mismas proporciones, ver el sacrificio y la entrega de cientos de personas que, desde su lugar y con lo que tienen a disposición, luchan sin descanso, día y noche, contra el fuego y el abandono estatal.

Del otro lado, se dispone una agenda extremadamente unitaria que decide mostrar un segmento que simula ser la Argentina, condicionada por los intereses especulativos de quienes se benefician con la tragedia, alineada con los medios concentrados hoy afines a La Libertad Avanza. El problema de los incendios se narra de forma marginal, sesgada, apolítica, mientras el prime time esta dominado por noticias extranjeras, escándalos, debates forzados y espectáculos destinados exclusivamente a captar atención mediática y correr el foco. Paradigmática fue, en este sentido, la aparición del Presidente Javier Milei el último martes en Mar del Plata cantando “El rock del gato” en un show de la comediante, imitadora y su ex pareja, Fátima Flores, previo a su paso por el Derecha Fest que, sin ser una actividad oficial, fue transmitido en vivo y en directo por la Tv Pública.

Negacionismo climático: de los dichos a los hechos

Tras esa lógica se esconde el negacionismo climático, incluso frente a las evidencias y el consenso científico dominante. El Presidente ha rechazado de forma sostenida el calentamiento global causado por la actividad humana, atribuyéndolo a una “invención ideológica”, y promoviendo una visión escéptica que contradice los informes e investigaciones de organismos científicos internacionales sobre la crisis climática. El negacionismo no solo informa este tipo de visión de la realidad, sino que configura prácticas gubernamentales que desarticulan políticas públicas de prevención, mitigación y respuesta ante desastres ambientales. En lugar de anticipar, invertir, planificar y coordinar, se desfinancian estructuras institucionales, se reduce la preparación técnica y se desactiva la construcción de consensos basados en evidencia científica.

Esa posición, defendida en su opiniones públicas desde antes de su llegada al poder, se ha traducido desde 2023 en decisiones políticas concretas con consecuencias prácticas sobre la prevención y la respuesta ante eventos extremos: la disolución del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y su reducción a Subsecretaría; el desfinanciamiento de Parques Nacionales; la disolución del "Fideicomiso Financiero y de Administración para la administración del ‘Fondo Nacional del Manejo del Fuego'" que genero reducciones presupuestarias sustanciales al Servicio, disminuyendo su capacidad operativa justo cuando más se necesita; y la desactivación del proyecto Comando Unificado bautizado “Las Golondrinas”, cuyo objetivo era combatir incendios forestales en la Patagonia que incluye a Río Negro, Neuquén y Chubut; entre otras medidas.

La política del show para tapar el fuego

Ese contraste entre la gravedad material del desastre y la liviandad de las escenas y las acciones oficiales desplegadas expresa una forma de hacer política que apunta a la administración de la atención pública por sobre la gestión de los problemas estructurales, y la intervención sobre la interpretación de la realidad, más que la realidad misma. Se consolida entonces una preferencia por el manejo de narrativas dominadas por la polémica, el caos y el espectáculo, donde los problemas reales deben caber en fragmentos breves de atención mediática o en consignas simplificadas. Este mismo mecanismo se aplicó para salir de otros apuros como el caso Libra, las denuncias por corrupción en ANDIS, las muertes por fentanilo, o los ataques al Hospital Garrahan.

En este esquema, el show político no es un exceso ni una distracción casual: es un mecanismo de encubrimiento. El gobierno actúa gestión y tranquilidad para las cámaras mientras la gestión real se ausenta o golpea el territorio. Cada aparición pública, cada escena cuidadosamente montada, construye la ilusión de un poder activo, en movimiento, mientras los problemas estructurales quedan sin respuesta. Como expresa la frase “Todo marcha de acuerdo al plan”, que repiten sin criterio los funcionarios e influencers libertarios.

La performance reemplaza, o coloniza, a la política pública y la puesta en escena sustituye a la intervención estatal. Así, la emergencia ambiental se diluye detrás de un Presidente que parece gobernar más para el encuadre mediático que para la realidad social, produciendo imágenes de liderazgo y presencia, cuando faltan decisiones, recursos y planificación. El resultado no es solo omisión, sino algo más grave: la naturalización de un estado que simula gobernar mientras da vía libre e impunidad al avance de las corporaciones y administra la atención para que el daño no se vuelva central.

Reacción social y organización comunitaria

Esa lógica erosiona la función y el rol del estado, y al mismo tiempo empuja a la sociedad a reorganizar sus propias formas de respuesta colectiva. En Chubut y otras provincias afectadas, la emergencia ha generado formas de organización cooperativas y comunitarias de vecinos, brigadistas voluntarios, docentes y movimientos sociales para acopiar recursos, preparar viandas, organizar brigadas populares y ofrecer asistencia directa a quienes enfrentan el fuego. Este tipo de organización en torno a necesidades urgentes, evidencian un germen solidario y autónomo, pero son principalmente un efecto de la percepción del abandono estatal que obliga a la sociedad civil a ocupar espacios que deberían ser cubiertos por políticas públicas robustas.

A ese dinamismo de la sociedad civil se suma la presión política ejercida por los gobiernos provinciales. Los mandatarios de la Patagonia coincidieron esta semana en solicitar que el Congreso nacional trate el proyecto de ley de Emergencia Ígnea, finalmente anunciado por DNU, medida que habilitará recursos extraordinarios, equipos y herramientas legales para enfrentar los incendios y asistir a las comunidades afectadas. Este reclamo no solo puso en evidencia la gravedad de la situación, sino también la insuficiencia de la respuesta federal hasta el momento, y la necesidad de mecanismos institucionales que superen la retórica de la performance.

La tensión entre estas formas de organizar la vida, por un lado la respuesta comunitaria y la presión intergubernamental de quienes están en el territorio, frente a la lógica evasiva y circense del gobierno nacional, evidencia una fractura social que, si bien es incipiente, puede profundizarse en medio de una crisis socio económica persistente y la promesa de aumento de conflictividad social por los debates que se vienen. El incendio en la Patagonia y el acting dispuesto por el gobierno, más allá de su tragedia ambiental y humana, se transforma así en un espejo de la política, su relación con la ciudadanía y los debates vigentes.