El miedo siempre existe”, afirma la joven autora Valentina Vidal al explicar la trama de su obra Fuerza Magnética (TusQuets) y el vínculo de la narración con su vida personal. Codicia, amistad, sexo y poder son algunos de los condimentos que la novela muestra en un escenario de caos dentro de una clínica privada jaqueada por la crisis y la corrupción.

Fuerza Magnética es una novela de poderosa actualidad.

Construida en capítulos breves de acciones descritas con minuciosidad como la observación de una célula viva en un microscopio, Valentina Vidal cuenta la historia de Alina, una mujer que pasó de ser empleada de la clínica a ser una paciente oncológica. La historia transcurre en la clínica que está al borde de la quiebra y hace que los personajes muten en su personalidad hasta volverse siniestros.

“Siempre llegaban pacientes en estado terminal o con muerte cerebral que fallecían ahí mismo. El caso que fue más impactante fue un recién nacido que hizo que terminemos todos llorando”, cuenta  a El Destape Valentina Vidal en referencia a su trabajo en una clínica privada que se plasma en la obra.

-¿Cuál fue el disparador que dio origen al relato?

-Me gustaba escribir sobre los vínculos generados por la casualidad en los lugares de trabajo. Durante muchos años trabajé en una clínica, ahí podés ver a lo largo del tiempo como van mutando las relaciones: fue algo que siempre me gustó analizar mucho. Una cosa son las relaciones en un sistema laboral y otro en la vida. Más abrupta es el cambio en una clínica en que convive la vida y la muerte.

-Esta clínica tenía una particularidad especial

-Sí, estaba en convocatoria de acreedores, por quebrar. Ahí empieza a haber desesperación, hay personas que uno creía de una manera y que luego se transforman en otras. Hay muchas esferas de la máquina que es una clínica: el paciente es un número de facturación. Más allá de la vocación de los médicos, detrás están los empresarios para quienes los pacientes son un número.

-¿Hubo algún caso que te haya impactado?

-Sí, siempre llegaban pacientes en estado terminal o con muerte cerebral que fallecían ahí mismo. El caso que fue más impactante fue un recién nacido que hizo que terminemos todos llorando: médicos, enfermeros, administrativos. La humanidad está muy presente entre los compañeros. En la novelo quería escribir lo que pasa por detrás de esa escena.

 -¿Cómo fue el paso de ser crítica literaria a hacer tu propia obra?

-Creo que no fue un paso. No se puede escribir sin leer. Es muy bueno leer a contemporáneos, porque están viviendo la prosa con la que te comunicás ahora. Hay leer clásicos y contemporáneos. Cuando una persona leyó sólo clásicos, después tiene una forma de escribir impregnada de una época o un estilo que es bueno refrescar.

-En el libro tomas algunas acciones y las plasmas de forma microscópica. ¿Por qué elegiste ese formato?

-Fue un proceso muy largo que como primera idea la novela debía darse como una sumatoria de relatos cortos, pero no funcionó entonces fui entrelazando los relatos. Intento equilibrar la acción directa con la descripción pura.

-Hay un aura de ocultamiento constante en la obra ¿Por qué?

-Intenté lograr un clima de encierro dentro de la clínica y cierta malignidad palpitante con ese nuevo directorio que llega. Los ocultamientos, que están en toda la obra, los trabajé para que esté latente allí. Eso permite avanzar sintiendo que va a ocurrir algo.