Elecciones clave para el futuro de Venezuela

18 de mayo, 2018 | 21.43

A pocas horas de las elecciones presidenciales en Venezuela, el clima que se percibe en Caracas no es novedoso ni extraordinario. Las contiendas electorales son un hábito en la democracia chavista. En 19 años hubieron 24 elecciones, con un nivel de participación altísimo y en las dos convocatorias que el gobierno bolivariano perdió reconoció la derrota (en 2007, el plebiscito por la reforma constitucional y en 2015 en la Asamblea Nacional).

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Hoy se vive en una atmósfera atravesada por las dificultades económicas -producto de múltiples factores, pero centralmente del embargo económico que impide la importación de alimentos y medicinas-, por el descrédito de la oposición que llama a la abstención y por la esperanza de una inmensa marea roja que desborda las calles y los actos.

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Eso se palpita en la primavera venezolana. Nicolás Maduro prometió en cada acto de campaña que su reelección será sinónimo de combate contra las mafias propias y ajenas, lucha implacable contra la corrupción y recuperación lenta pero sostenida de la economía. Acá hay expectativas en la población, se percibe que hay un lazo de confianza que está intacto a pesar de las enormes dificultades.

Hay una mayoría chavista que combina convicciones profundas, espiritualidad (un rasgo que Chávez inculcó) y una memoria reciente de la Cuarta República donde el acceso a derechos básicos estaba vedado para el 80 por ciento de la población.

Antes, la renta petrolera se distribuía en una elite, y las migajas eran para el resto. Chávez subvirtió ese orden y dio vuelta la tortilla: en unos años los invisibilizados, subyugados, se convirtieron en sujetos de derecho, con salud, educación, trabajo, jubilaciones, vivienda y por sobre todo dignidad.

Así y por eso derrotaron golpes de Estado y paros petroleros, intentos destituyentes y amenazas de invasión. Por eso no pudieron rendirlos frente a las duras condiciones que les tocó atravesar.

Eso es lo que se juega en Venezuela este domingo: Nicolás Maduro se aventura a renovar el contrato con el pueblo. La oposición se dividió entre quienes apuestan a la vía electoral, como Henry Falcón -ex gobernador del estado de Lara- y el Pastor Javier Bertucci. Y por otro lado la desacreditada MUD (Mesa de Unidad Democrática), que llama a no votar y a que Estados Unidos y sus aliados agudicen sus medidas para intensificar la guerra económica. Seguramente esta oposición y los gobiernos hostiles a Venezuela denunciarán por enésima vez fraude ante la impotencia electoral.

Al Chavismo no le alcanza con ganar, deberá lograr a su vez que un porcentaje cercano al 50 por ciento participe de la elección en comicios, que no son obligatorios. ¿Por qué? Porque está en juego la legitimidad del proceso y los países aliados de Estados Unidos advirtieron que no van a reconocer los resultados. Todo esto está en juego, se nota.

Este domingo se disputará un partido muy destacado pero el día después empezará otro, tal vez el más importante: cómo hacer que el seguro triunfo electoral del chavismo ayude a enfrentar las amenazas externas y a resolver la compleja situación económica.

*Desde Venezuela, por José Cruz Campagnoli, presidente de Nuevo Encuentro CABA.

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