Roberto Navarro, Víctor Hugo y el primer debate presidencial Suscribite

X

Cuando todos juegan a no perder, difícilmente pueda verse un partido interesante o entretenido. Eso fue lo que sucedió el sábado en Santa Fe, en el debate televisado de los gobernadores. Sin embargo, vale la pena marcar algunos apuntes que ayuden a entender qué fue lo que se vio y por qué los planteos fueron tan mezquinos y conservadores, en especial de parte de los dos contendientes con mayores posibilidades de quedarse con la gobernación.

Por un lado, la paridad en las encuestas, que dan ganador por pocos puntos a Omar Perotti y Antonio Bonfatti indistintamente, puede haber aportado a que nadie arriesgue demasiado. Ya en la recta final de la última semana de campaña y con la certeza de que cualquier detalle puede inclinar la balanza, ambos se dedicaron a cuidar lo que tienen y quizás intentar pescar en laguna ajena, pero sin movimientos retóricos ampulosos ni cambios de discurso.

Todos conservaron las formas. Fue un trabajo de apego al guion puntilloso. Cada uno actuó su papel de forma acartonada, ficticia, simulada, aburrida, sin arriesgar. Como si fueran una sucesión de spots por separado, una ficción de debate acordada entre los medios organizadores y los equipos de los candidatos. Para poner un ejemplo: ninguno de los tres presentadores elegidos (dos por Rosario y uno por Santa Fe) fue periodista político. Tampoco hubo preguntas de los moderadores. Todo fue para cumplir.

Lo que se vio fue una exposición de cada uno por separado en el mismo lugar, casi sin réplicas. Los tres fueron a no equivocarse, como esos equipos de copa internacional que van a buscar el 0 a 0 de visitante para definir la serie de local. Los tres tuvieron discursos securitistas. Ninguno cometió errores groseros, pero tampoco hizo nada destacable que pueda inclinar la balanza. Hubo algún que otro momento caliente, pero no se agitaron demasiado las aguas.

Sin pegar

Como viene sucediendo desde las primarias, Perotti se comportó como si estuviese ganando. Se lo vio más cómodo, pero con un alto grado de artificialidad. Marcó que quiere seguir con las políticas exitosas del socialismo (como en salud) y corregir lo que esté mal: por eso hizo hincapié en los ejes seguridad, producción y empleo. Un discurso vecinal y algo volcado a la derecha, con la idea de paz y orden de su campaña. Prometió que va a ser el jefe de la policía y que reinstalará el esquema de 19 jefes por cada departamento.

Al candidato peronista se lo percibió muy coacheado y sin caer en estridencias, queriendo construir una figura aplomada. Hizo varias propuestas, como el boleto educativo gratuito, y criticó la política económica de Cambiemos, así como lo que consideró una imposibilidad del Frente Progresista de mermar el impacto de ese modelo en Santa Fe. Pero no respondió a las chicanas, y no descalificó a sus contrincantes, a quienes ignoró discursivamente. Si hubiese que elegir un ganador, fue Perotti, pero por puntos y con un tarjeteo parejo. Y sólo porque se equivocó menos que Bonfatti.

Nervioso

El candidato socialista, consciente de que sus rivales lo iban a bombardear, en especial en seguridad, se subió solo a ese eje de forma defensiva. Hizo abuso de la táctica de pegar a Perotti a las gestiones peronistas de Jorge Obeid y Carlos Reutemann, lo acusó de "ganar la elección en las cárceles, entre los delincuentes" y fue algo complaciente con Corral, transparentando la táctica de ir por sus votos. Destacó la obra pública y prometió con vehemencia generar empleo.

De forma extraña para un político de su experiencia, a Bonfatti se lo vio nervioso, cometiendo equívocos, recurriendo a los apuntes demasiado seguido como ayuda a su memoria, y se mostró algo trabado al hablar. En su alegato de defensa de las gestiones socialistas en la provincia, incluyó una colección de cifras que el ciudadano no retiene y que probablemente haya sido demasiado técnica para un televidente un sábado a la noche. Ni la estrategia ni la puesta en práctica fueron adecuadas.

No fue bueno lo del exgobernador, pero esta performance tampoco va a hacerle perder la elección por sí misma. Solo hizo que quede claro que las posibilidades de perder son reales. En su círculo más cercano se nota el mismo nivel de nerviosismo. No es poco para una fuerza que ya perdió Rosario –fue derrotado en la interna y arriesga ante el peronismo 30 años de dominio como frente- y pone en juego el desgaste de 12 años de gestión en Santa Fe.

Picante

Como reza el teorema de Baglini, el que está lejos del poder puede aventurarse a decir cosas más arriesgadas. Corral apeló al manual Cambiemos, esa cita incansable al "equipo" y a "ir juntos" que ya no surte tanto efecto por su repetición y por la situación económica, y fue con un planteo más agresivo. Esquivando economía y haciendo eje en la seguridad, estuvo algo desordenado, como si supiera que no disputa realmente. Un dato a tener en cuenta: en dos horas de debate, no mencionó a Mauricio Macri ni una sola vez.

No se entendieron algunas ideas, porque tuvo un abordaje muy sloganístico y con tan poco desarrollo que hasta le sobraban segundos antes de que sonara la chicharra que marca el final de las intervenciones. Hizo promesas de bajar impuestos y servicios como si el gobierno de su fuerza política no fuera el responsable de llevar las tarifas a niveles astronómicos que están castigando a la industria. También prometió un gran desembarco de fuerzas federales, que no demostraron calmar las zonas calientes en experiencias anteriores ni bajar el índice de homicidios en una provincia con cifras temibles en ese sentido en las grandes urbes.

Lo de Corral fue por momentos petardero, y hasta sacó utilería para dar un golpe de efecto. En búsqueda de salir de la monotonía, mostró unas esposas, en referencia al escape de 9 presos mientras eran trasladados de Rosario al penal de Coronda, sucedido hace un par de meses. Fue un manotazo de ahogado. Ninguna encuesta le da chances de hacer algo mucho mejor que el tercer lugar que ocupó en las PASO. Las 10 derrotas de Cambiemos bajo 11 elecciones provinciales hablan por sí mismas de las chances del macrismo en estos comicios. Todo se encamina a que el domingo se convierta en la número 12. La única duda es si el peronismo logrará torcer la tendencia a que se consoliden victorias de los oficialismos en todos los distritos.

*Nicolás Maggi es corresponsal de El Destape en Santa Fe.