El peronismo se convierte más temprano que tarde en el primer desmitificador de las consignas que se construyen como sentido común en torno a él. En los últimos meses asistimos nuevamente a un episodio de este tipo:

Sin más preámbulo, enumeraremos algunos ejemplos:

  • “El peronismo es un partido de poder”: Desde 1983,el peronismo ya pasó por la oposición tres veces. Ha estado en el poder y en el llano. Ha ganado y perdido elecciones de todo tipo. Es un partido de poder, cuando gana, y también ha sabido estar en la calle, cuando pierde. 
  • “El peronismo en la oposición es desestabilizador”: La reciente experiencia de gobierno de Mauricio Macri demuestra, una vez más, que son múltiples las escenas en las que aparecen peronistas acordando con un gobierno no peronista de turno. Legisladores, sindicalistas, gobernadores e intendentes negocian siempre que pueden negociar. Y todavía un poco más. El aporte del peronismo (y del conjunto de la oposición) en este último año para mantener el conflicto social dentro de los naturales límites del debate político, parlamentario y de la protesta callejera no sólo son los normales de cualquier democracia, sino que incluso sirvieron como catalizadores de ese malestar hasta la realización de los comicios.
  • “El peronismo es más verticalista que el no peronismo”: Cuando en el peronismo existe la percepción de que la Jefatura no está en una trayectoria ganadora, es muy probable que aparezcan disputas internas. La última gran escisión fue la de Sergio Massa en 2013, conformando su Frente Renovador. Pero hay otras experiencias. Del otro lado, por más amagues y advertencias que hubo en el actual frente oficialista de que las posibilidades de Macri para una reelección no eran las mejores, no hubo rupturas, ni desacoples, ni rebeliones. Apenas algunos berrinches y silencios.
  • “Los gobernadores e intendentes peronistas prefieren siempre negociar con el Gobierno que acordar con otros peronistas”. Bueno, está claro que no siempre y no todos. O que casi ninguno.
  • “Los sindicalistas sólo cuidan los fondos de sus organizaciones, sin importarle la suerte de sus afiliados”: En la campaña del Frente de Todos, sindicalistas de todas las centrales sindicales participaron de la contienda electoral desde algún lugar político o territorial. Bases y dirigentes tuvieron estrategias similares.
  • “Los votantes de Cristina Kirchner son gente de clase media progresista, no tiene nada que ver con los sectores populares”: Si se tienen en cuenta los votos que parece haber aportado una de las efes de la fórmula FF en ciertos territorios -sobre todo el Gran Buenos Aires y la populosa Tercera Sección Electoral, pero también el Sur de la Capital y zonas como el Gran Rosario-, la hipótesis no parece tener demasiado sustento.
  • “Los seguidores de Cristina Kirchner no pueden ganar elecciones”: A esta altura suena contrafáctico, pero podemos admitir que “solos” no podían. Así como solos no podía ni el macrismo ni nadie. Ahora bien: la dirigencia kirchnerista, empezando por Cristina claro, supo tejer las alianzas necesarias para, con otros, pasar de ser competitivos a protagonistas de un abrumador triunfo. La impresionante primaria de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires habla por sí sola. Mención aparte para la propia militancia kirchnerista: nada de purismo y, al mismo tiempo, reconocimiento a la conducción. Fue con Todos.
  • Las bases sociales del peronismo están “irremediablemente quebradas”. O de cuando una situación política de coyuntura se confunde con un axioma sociológico con pretensión de eternidad. ¿Estuvieron quebradas en algún momento? Sí, hasta que algo llamado macrismo las convocó a votar por un solo candidato.
  • “Las disputas en el peronismo son inevitables y se dan entre un sector más ideológicamente de izquierda y otro más ideológicamente de derecha”. Desde que los perdidosos “renovadores” se sumaron al naciente menemismo en 1989 que este axioma merece una revisión. Más aquí en el tiempo, la conformación del Frente de Todos, donde se dijo que la definición de las listas harían crujir la coalición, parece basarse más en las ganas de seguir unidos que en algún clivaje ideológico. Quizás eso evite tensiones en un posible gobierno. O esas pujas -como ocurrió en otros tiempos-, cuando surjan, no se den entre sectores que permanecen estáticos.
  • “Cuando no hay un solo jefe, el peronismo no funciona”:  En el Frente de Todos, muchos reconocen a algún jefe. Otros, no. Pocos al mismo. El Frente ha funcionado de todos modos.

La mayoría de los ejemplos que planteamos son actuales y otros más antiguos. Casi con seguridad, alguna vez podrían volver a suceder episodios similares. En política no conviene hacer una prospectiva simplemente sujetándose a prejuicios que niegan algo central, ya no del peronismo, sino de la política toda: la contingencia.

Hacer política implica la coexistencia de tres dimensiones temporales: una anclada en la historia, en las tradiciones políticas de cada lugar (esto es válido incluso para nuevos emergentes y pretender ignorarlo, como por ejemplo lo intentó el actual oficialismo con su pretendida “a-historicidad”, resultará más cerca que lejos en insostenible); otra en el presente, dando cuenta de las demandas concretas de la sociedad; y una última con una mirada puesta en el futuro, en la propuesta de un camino que te lleve a algún destino. El énfasis que se haga en alguna de ellas, la cantidad de pasado, de presente y de futuro que se ponga en juego, dependerá del momento, de las las circunstancias y, principalmente, del arte de la práctica política. El peronismo, en este sentido, no siempre “es” de una forma, como se lo quiere caricaturizar. Puede ser que “esté” atravesando cierta dinámica.

Así, la fortaleza del peronismo y su vigente trascendencia en la historia tiene, entre otros motivos, algunos que consideramos cruciales: su capacidad de reinventarse y renovarse sin renegar de sus orígenes, cada vez que la mayoría de la sociedad le da la espalda; la competencia para “leer” el presente sin anteojeras y la habilidad de seguir proyectando un futuro que sigue generando sentido en nuestro país.