Cómo se distribuye la impagable deuda griega

15 de julio, 2015 | 19.50

Grecia debe afrontar seguir bajo las reglas de la Eurozona y los clásicos recortes del gasto por haber acumulado un desestabilizante nivel de deuda. El pasivo heleno supera ampliamente al producto del país y este es el año que más desembolsos le exige.

Con obligaciones por 310.000 millones de euros, el pueblo griego atraviesa su peor momento. Esta deuda significa el 172,7% del PBI, que más que triplica a la argentina, inferior al 50% de su producto.

El garrafal total no posee una distribución de pagos homogénea, con su pico máximo de 26.700 millones de euros en este año. De estos, 10.000 millones de euros corresponden a vencimientos previos a septiembre.

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Los desembolsos de 2015 son apenas inferiores a los que le esperan para el lustro que queda hasta 2020, donde se acumulan 30.300 millones de euros. En caso de que los ajustes sociales y malabares fiscales sean suficientes para pasar el año, en 2016 Grecia se enfrentará a pagos de sólo 5,6 millones de euros y 7,5 millones en 2017, pero con una economía escuálida.

De 2021 a 2030 serán 66.200 millones los euros que Grecia deberá transferir si no le desafía a la crisis y reestructura su deuda. Esto se traduce en un promedio de 6.620 millones de euros anuales.

El mayor acreedor heleno con 131.000 millones de euros es el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, creado en los papeles como prestamista de última instancia para ayudar a los miembros de la Eurozona en crisis. Detrás ostentan 80.700 millones en títulos de corto plazo bonistas privados.

Los gobierno miembros del euro, con Alemania a la cabeza, son acreedores de 53 millones. Por último, casi a la par se ubican el Banco Central Europeo con 27.000 millones y el FMI con 21.000 millones.

Para garantizarse los cobros, Europa y el Fondo le han impuesto recortes desde que los números apretaron la maniobrabilidad del Gobierno. Este último espera que crezca 2,5% este año, aunque no actualizó sus proyecciones a la nueva situación.

Alexis Tsipras llegó al gobierno con la promesa de hacerle frente a los acreedores, mandato renovado con el referendo realizado diez días atrás. Sin embargo, les presentó un violento recorte a los bonistas para poder cumplir con los pagos. Este manual de ajuste que determina el rumbo griego es el que el Parlamento finalmente aprobó, tras un crudo debate y multitudinarias manifestaciones en contra.

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