Sin dudas uno de los hechos políticos más relevantes de los últimos tiempos, en cuanto a los derechos democráticos de las mujeres, es el logro de la rebelión de mujeres en la instalación del debate sobre la legalización del aborto. Pero este hecho de gran importancia para la sociedad en su conjunto, y especialmente para las personas con capacidad de gestar, no es un hecho aislado.

En primer lugar debemos hacer un reconocimiento a los años de lucha de las organizaciones sociales, políticas y feministas que han tenido a la decisión sobre nuestros cuerpos como un eje central en la liberación de la mujer. Pero lo distintivo aquí es el proceso de rebelión de mujeres que se abrió en el 2015 con el primer Ni Una Menos contra los femicidios y la violencia machista y que hoy va sumando otras exigencias. Ese proceso nacido de un femicidio aberrante como el de Chiara Páez puso de manifiesto la necesidad de las mujeres de decir BASTA, de salir a las calles y no callar.

Fue justamente eso, salir a la calle con madres, amigas, compañeras de trabajo o de estudio, etc. -autoconvocarse-, lo que distinguió a esta rebelión de mujeres masiva y diversa que ya trascendió por completo a las organizaciones. Allí comenzó un proceso que no paró, cientos de miles de mujeres ganamos las calles en el paro de mujeres en repudio del femicidio de Lucía Pérez aquel día de octubre bajo la lluvia, en las marchas del Ni Una Menos y los 8 de marzo, así como en la búsqueda de las mujeres que desaparecen y en el pedido de Justicia de las que nos arrebata el patriarcado.

Es en ese contexto, el de la formidable rebelión de mujeres, que hoy logramos que el debate sobre la legalización del aborto se encuentre abierto en el Congreso. Bajo la presión del llamado "pañuelazo", en relación al pañuelo verde distintivo de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y de la multitudinaria marcha en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora el gobierno se vio obligado a abrir el debate. La problemática del aborto no fue afrontada por ningún gobierno, por el contrario, el gobierno kirchnerista se negó a discutir proyectos de legalización mientras aceptaron los reclamos de la Iglesia y modificaron el Código Civil; y el gobierno de Macri puso de Ministro de Salud quien realizara el protocolo de aborto no punible (para casos de violación, por ejemplo) más restrictivo cuando fuera ministro porteño. Semejante restricción del protocolo hizo también en la provincia María Eugenia Vidal. Es evidente que la dirigencia política ha desoído un reclamo histórico y que hoy la rebelión de mujeres puso en primer plano: decidir sobre nuestro propio cuerpo.

La lucha de las mujeres no se queda solamente en la legalización del aborto como medida para que no mueran más mujeres -que en su gran mayoría son pobres- por abortos clandestinos, va más allá. Es ya también un reclamo que lleva más de una década el de la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral que más allá de las falencias que tiene es un mecanismo que ayuda en la formación y decisión sobre nuestras vidas, y la distribución de anticonceptivos. Las personas con capacidad de gestar sabemos que pasar por un aborto es traumático, queremos que se legalice para no morir por su clandestinidad y práctica insegura. El aborto NO es un método anticonceptivo, es la última instancia ante hechos no queridos para poder planificar nuestro futuro según nuestros deseos.

La rebelión de mujeres se fortalece desde abajo y es esta misma rebelión en movimiento la que sigue autoconvocándose y luchando contra la opresión y violencia contra las mujeres en cualquiera de sus formas. El camino recorrido por la rebelión de las mujeres es un ejemplo que proponemos para toda la clase trabajadora en la lucha contra el capitalismo. Hoy nos encontramos luchando por la legalización del aborto, tenemos que conquistarlo y seguir luchando desde abajo hacia el horizonte donde está la derrota de este sistema capitalista y patriarcal para construir un proyecto alternativo para las mujeres y todo el pueblo trabajador.