"Gassim" halló en la calle el teléfono de una mujer asesinada. Lo vieron sospechoso y quedó en prisión preventiva y luego con domiciliaria sin pruebas. Esta semana fue sobreseído tras un año y siete meses.

La historia desborda agua, tiene más lagunas que certezas. "Si hubiera sido un nene bien, habría salido a los días"; "quisieron tratarlo de "perejil" o "chivo expiatorio", dijo la abogada argentina y docente de música, Claudia Victoria Rosa, esposa de Gassimou Barry o "Gassim" como se pronuncia; juntos contaron a El Destape los detalles de una historia nada envidiable a las de ficción.

El hecho

La noche del 13 de septiembre de 2016, la policía Florencia Peralta, de 26 años, fue hallada asesinada de asfixia por estrangulamiento en su casa de calle Balcarce en el departamento sureño de San Rafael. Del lugar solo se llevaron una notebook y un teléfono Samsung Core gris. Las primeras sospechas cayeron sobre su ex Damián Ortega (29), primer imputado.

Poca suerte

Al otro día- 14 de septiembre de 2016- Gassim, vendedor ambulante de 22 años, encuentra en una acequia el teléfono sintiéndose un "suertudo". Compró un chip y lo activó. No sabía lo que venía.

Fue cerca de la Catedral sanrafaelina sobre calle Pellegrini, mientras caminaba desde la municipalidad hacia la terminal para comprar pasajes de regreso a la Ciudad de Mendoza. La vuelta era obligada para él y un amigo africano más joven; sus mercaderías habían sido retenidas en el municipio y las devolverían a cambio de que no hicieran mas venta ambulante por esa zona. Sólo estuvieron dos días, la noche anterior, la del crimen, ambos se alojaron en un hostel aledaño ya que no tenían domicilio en el sur.

Contento con el hallazgo, arriba del colectivo se sacó una selfie con su compañero y la publicó en Facebook, sin saber a quién pertenecía el aparato en cuestión.

La demora

Barry, oriundo de Guinea, proveniente de una familia musulmán, siguió su vida intentando surfear las malas rachas económicas. Había cerrado sus dos locales ubicados en los persas más grandes de Mendoza. La venta callejera lo salvaba por aquellos días, razón por la que había viajado a San Rafael. Desde 2013, junto a Claudia alternaban pensiones y alquileres por la documentación perdida y robos de "compañeros" de casa. Se habían casado ese año aquí, pero las miradas entre el guineano, mecánico en su adolescencia y la amante de la danza afro nacieron dos años atrás en Rosario, el primer destino argentino de Barry hace ya 10 años. Llegó con otros tres africanos escondido en el cubículo de la hélice de un barco pensando que pisaría tierra europea, salió y se encontró con ojos chinos y argentinos que le mostraron una bandera celeste y blanca.

Suspendió su dialecto, aprendió el español y lo principal del inglés y francés. Cuando la relación avanzó, la pareja vino a Mendoza para cambiar de ambiente. Ella trabajó dando clases en un jardín y lo que habían construido sentimentalmente comenzó a caer por las presiones financieras y peleas por celos. En una discusión, él la tomó del cuello y ella luego hizo la denuncia por recomendación del mismo Gassim.

Pasado el momento y con terapia de pareja, volvieron. Se fueron a Esteban Echevarría, Buenos Aires, donde había vivido Claudia, a casi un año del encuentro del Samsung Cuore gris, teléfono dado a un prestamista en Mendoza como seña de unos $8.000.

El joven comerciante viajó a Rosario con cinturones de cuero en agosto de 2017. Por pedido de la Interpol fue detenido, trasladado a la provincia cuyana, notificado del crimen de Peralta y del celular de la víctima. Estuvo 3 días en la Comisaría 31, un mes en la Penitenciaría de San Rafael y un año y algunos meses con prisión domiciliaria monitoreado con una pulsera electrónica en casa del abogado Guillermo Rubio, miembro de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y de la Comisión provincial de prevención de la tortura.

Gassim pidió "no criminalizar al inmigrante y al pobre por su forma de vivir"

El proceso judicial

"Fue sospechoso hasta que se declarara lo contrario. Un acto de xenofobia, racismo y violencia institucional", señaló Rubio a El Destape. Los únicos indicios que tomaron fueron la denuncia por violencia de género y los cambios de domicilio. No había forma de ubicarlo en la escena del crimen, menos tras la declaración del único testigo fundamental: el conserje del lugar en el que se hospedó el día del crimen.

"Desapareció toda prueba a mi favor", dijo Barry. Tuvo dos imputaciones simultáneas: encubrimiento y homicidio criminis (matar para ocultar otro delito). Las decisiones fueron tomadas por el Juez de Garantías Pablo Peñasco.

11 de Octubre 2018. Tras un año y dos meses de detención, consiguió la liberación con restricciones por orden del juez Sergio González gracias a su defensor oficial, el abogado Jorge Vitale, a quien el matrimonio tilda de "león" por su valentía y humanidad. La clave fue una prueba de geolocalización del ingeniero Ariel Garbarz, quien pidió 700 mil pesos. Esa búsqueda y autorización de presupuesto, según dicen, complicó los tiempos. Garbarz informó que al momento del hecho, el celular de la mujer policía no estaba allí y que el día posterior se hallaba en la comuna de Godoy Cruz, tal como había declarado el joven africano. No lo había robado ni presentaba supuesto encubrimiento de información.

13 de marzo de 2019. Pasó un año y siete meses para que Gassimou Barry fuera sobreseído. Quedó totalmente desvinculado con las pruebas tardías de ADN.

Ahora, Damián Ortega (29), la ex pareja de Florencia Peralta es el único acusado por homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género (arriesgaría cadena perpetua). Espera una definición con prisión preventiva domiciliaria.

Sin juicio al Estado y con proyectos

Gassimou y su mujer viven en El Jagüel (Buenos Aires), son dueños de un local y planifican tener una beba, ahorrar para vacacionar en África (donde viven los cuatro hermanos de Barry) y seguir luchando por los derechos de los desfavorecidos. Él, aunque amante de la música romántica latina, compone rap y proyecta retomar algunos desafíos. Sobre un juicio al Estado respondieron que no es su intención.

Finalizaron la entrevista telefónica con risas serias pidiendo "no criminalizar al inmigrante y al pobre por su forma de vivir" y agradecen "al mas Justo, a Dios".

"Siempre hay que mantener la fe", cerraron.