En quince días, a partir del domingo, se definirá el destino de Cambiemos. Las primarias en Santa Fe, en tándem con las elecciones en Córdoba, dos semanas más tarde, sellarán la correlación de fuerzas al interior del radicalismo. En esa compulsa se juega el futuro de la alianza gobernante. En ambas provincias, la UCR llega dividida y sometida a tensiones entre la base y las órdenes que se emiten desde la Casa Rosada. El sector rebelde espera que esos resultados se conviertan en el combustible necesario para proceder con el quiebre. Roberto Lavagna aguarda por ellos.

El ala más cercana a Mauricio Macri busca argumentos para sostener la alianza. Ni el propio Presidente, incapaz de abrir su mesa chica incluso en los momentos más complejos de su mandato; ni la economía, de final incierto, brindan buenas excusas a la causa. La visita de los gobernadores radicales a la casa de gobierno no arrojó resultados satisfactorios: pidieron medidas contracíclicas más enfáticas, cambios en el gabinete, una mayor injerencia en la decisión acerca de la fórmula presidencial. Se fueron con nada de eso. Según el entorno de Lavagna, al menos uno de los tres ya está decidido a pegar el salto.

Tampoco llegó a buen puerto la charla que mantuvo Marcos Peña con Federico Storani, uno de los referentes del ala rebelde, el martes al mediodía. El veterano dirigente radical, al salir de la entrevista, dijo a la prensa que “Cambiemos está cayendo por su propio peso” y elogió la propuesta de Lavagna. En respuesta, el jefe de Gabinete canceló la reunión que tenía agendada, para el día siguiente, con Ricardo Alfonsín, otro de los líderes sublevados. El jueves por la noche Storani y Alfonsín se reunieron con los referentes del progresismo que trabajan en la candidatura del ex ministro de Economía.

El acuerdo entre esos sectores ya está sellado. Falta decidir cuándo se hará público. Un triunfo de Antonio Bonfatti en Santa Fe podría acelerar los tiempos. No solamente le daría a Lavagna una buena plataforma para lanzar formalmente su carrera presidencial; también brindará argumentos a radicales y socialistas para discutirle protagonismo en ese armado al peronismo alternativo. Una mala performance del candidato de Cambiemos, José Corral, puede significar una herida de muerte para la alianza que se impuso en los comicios de 2015 y 2017.

La tercera pata de esa alianza, Elisa Carrió, esta semana protagonizó un raid de 48 horas en los que acusó al candidato socialista en Santa Fe de complicidad con el narcotráfico y luego agradeció a Dios por la muerte del exgobernador cordobés José De la Sota. La diputada había viajado a esas provincias a apoyar a los candidatos de la Casa Rosada pero su logorrea causó varios dolores de cabeza esta semana. Peña la llamó para pedirle personalmente que interrumpa la gira proselitista pero ella, después de regresar por unas horas a Buenos Aires, decidió unilateralmente continuar con su periplo.

Tan importante resulta el resultado de este domingo que a Santa Fe no solamente viajó Carrió. En las últimas semanas pasaron por ahí el Presidente, la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y la vicepresidenta Gabriela Michetti. Incluso Ernesto Sanz interrumpió su exilio interno para dar su apoyo a Corral. El compromiso es completo: si su candidato no consigue un resultado satisfactorio, no habrá excusas ni podrán adjudicarse éxitos ajenos, como en Neuquén o Río Negro. Desde ahora, para Macri, cada elección puede ser la última.