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Mauricio Macri, por ahora, se niega a capitular. En su fuero íntimo está convencido de que puede reencauzar su gobierno, ganar las próximas elecciones y tener un segundo mandato en el que sus logros sean, finalmente, reconocidos. Su problema es que se está quedando solo. Esta semana, el sistema financiero internacional y los grandes empresarios argentinos se lo hicieron saber, cada cual a su manera, en ambos casos de forma pública y notoria. Los medios de comunicación que sostuvieron su gobierno también le quitaron apoyo. La alianza con la que llegó al poder se está desintegrando a la vista de todos.

Nadie lo cree capaz de revertir la inercia, que lo está llevando peligrosamente cerca del abismo. Nadie excepto él y su círculo interno, cada vez más pequeño y más cerrado. Incluso el asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba, artífice de su carrera política, lo ve en problemas. Su exhaustivo trabajo de mercadotecnia diseñado sobre bases de datos cruzadas de forma dudosamente legal puede obrar milagros en una elección cerrada pero poco puede hacer para recuperar los votos que se pierden a diario en todo el país. Incluso la más sofisticada de las campañas requiere insumos que hoy el Presidente no está en condiciones de proveer.

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La advertencia de los mercados se sintió fuerte durante la jornada del jueves, cuando el dólar se acercó a los 48 pesos y el riesgo país alcanzó las cuatro cifras durante un par de horas, antes de acomodarse en valores altísimos pero ligeramente menos golpistas. La mano invisible aprieta pero no ahorca, por ahora. La única solución que se le ocurre al Presidente es la misma que fracasó cuando lo intentaron Sturzenegger y Caputo: vender reservas para contener el precio de la divisa. El FMI ya se negó tantas veces que a Nicolás Dujovne le da pudor volver a pedirlo, a pesar de las órdenes de Macri para que lo haga.

Cuarenta y ocho horas antes del jueves negro, los principales empresarios del país habían hecho una desembozada proclamación de María Eugenia Vidal como candidata. “Lo que usted nos cuente y muestre como sus desafíos no le quepa la menor duda que van a ser nuestros desafíos”, se ofreció el vice de la UIA Daniel Funes de Rioja al presentarla durante un almuerzo en el Hotel Alvear, antes de un discurso de la gobernadora que fue interrumpido varias veces por aplausos y oraciones. Cuando llegó el turno de las preguntas, varios se preocuparon por saber si estará en la fórmula presidencial.

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“No me imaginé que me iban a hacer esta pregunta. Yo me siento parte de un equipo que tiene un enorme compromiso con la Provincia. Somos el único espacio con candidato definido, que es Mauricio Macri, y una candidata a gobernadora en la provincia de Buenos Aires”, contestó. La primera parte de la respuesta, por lo menos, es mentira. El resto, se verá en las próximas semanas. Mientras tanto, ya comenzaron las internas para posicionarse como reemplazo si Vidal deja vacante su lugar: Cristian Ritondo, Carolina Stanley, Emilio Monzó y Jorge Macri se anotaron por las dudas.

En el entorno de la gobernadora aseguran que ella va a trabajar para su propia reelección, por lo menos hasta que Macri le dé una orden en sentido contrario. Resultó llamativo que cancelara su visita a Córdoba, donde apoyaría la candidatura de Mario Negri a la gobernación. Oficialmente, se aducen “problemas de agenda”, que es el equivalente a decir que alguien falleció por una falla cardíaca sin informar cuál fue la causa de esa falla. Una versión señala que se lo pidió el Presidente para evitar que se la vea a Vidal proyectándose como una figura nacional, en este contexto.

La segunda versión es aún más interesante. Existen conversaciones de la gobernadora con un sector del radicalismo que no ve con buenos ojos la candidatura de Lavagna ni quiere atarse a la suerte de Macri. El plan es reformular Cambiemos, incluir un sector del peronismo disidente y avanzar hacia una interna entre la gobernadora y Lousteau o una fórmula conjunta entre los dos. Los principales operadores de esa rosca son Enrique Nosiglia y Ramón Mestre. El pato de la boda sería la candidatura de Negri, que corre peligro, sobre todo si José Corral no hace una performance digna en Santa Fe.

La hipótesis Vidal también comenzó a ganar adeptos entre los intendentes bonaerenses de Cambiemos, que someten su continuidad a una elección a única vuelta el mismo día que las presidenciales y están preocupados por el lastre que pueda resultar en sus territorios una boleta con el rostro del Presidente. En ese sentido sorprendió al primerear Héctor Gay, alcalde de Bahía Blanca, que ayer le dijo a una radio local que “seguro” habrá “una sorpresa” antes del cierre de listas. Los votos de Bahía Blanca, junto a los de Mar del Plata y La Plata, son claves para empardar la ventaja que saca CFK en el conurbano. Hoy Macri no los tiene.

En confianza, él asegura que su objetivo de mínima es ser el primer presidente no peronista en concluir su mandato desde 1928. Esta semana que pasó, el vértigo de la economía fuera de control lo puso demasiado cerca del recuerdo de otras experiencias fallidas. Un empresario muy cercano a él, que intenta hacerlo razonar, le recordó hace poco que los mandatarios que renuncian voluntariamente al poder mejoran sustancialmente la imagen que tiene la opinión pública sobre ellos. Un “renunciamiento histórico”, le dijo, puede ser su salvoconducto hasta el 10 de diciembre. Macri, que antes protestaba, esta vez calló.