El encuentro con Martín Rechimuzzi está pautado para las 3 de la tarde en Futurock, una radio online surgida en el último tiempo. De lunes a viernes, este licenciado en Ciencias Políticas de 31 años conduce “Furia Bebé”, un ciclo exitoso de humor en el que también están Malena Pichot y la “Señorita Bimbo”.

De camino al bar ubicado en la calle Medrano, en donde finalmente tendrá lugar la charla con El Destape, una chica le pide una foto a Rechimuzzi. La escena no sorprende: en el último tiempo, los personajes que compone tuvieron una enorme difusión desde que comenzara con Roberto Navarro en El Destape y Economía Política por C5N y hoy ya es una figura reconocida.

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Sin ir más lejos, los videos de Randall López, un supuesto periodista de la “CNN” que comunica noticias algo “inexactas”, son vistos por millones de personas y replicados en las redes sociales.

“Randall no empezó siendo de mis personajes preferidos, es el que más me tensiona, el que me suscita más complicaciones. Salir a la calle no es fácil, ese momento de estar ahí muy expuesto. Pero con él fue que gané masividad”, asegura.

-¿En qué medida esta coyuntura favorece el humor político?

-Estuve bastante complejizado en estos últimos días. Dentro de mi trabajo, en la comicidad o ficcionalidad, siempre tengo que estar un paso adelante en las acciones políticas. Y siento que se estiró mucho el límite.

¿Cómo hago para hacer absurdo lo que ya es absurdo? Mi respuesta fue algo onírico, con un video de un supuesto votante de Macri cantándole a Christine (Lagarde) al estilo de “El fantasma de la ópera”.

-Este contexto no favorece mi trabajo, sino que lo complejiza. De todos modos me gustan esas dificultades. Me tensionan y a partir de ahí salen cosas mejores. Cuando todo está muy tranquilo es más de lo mismo.

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-¿Cuál es el límite del humor?

-Siento que se puede hacer humor sobre cualquier cosa si asumís el costo. Si estás dispuesto a bancártelo ideológicamente te podes reir. Lo que no se puede es decir "yo sólo estoy haciendo humor".

Incluso lo entiendo con (Alfredo) Casero: si a él no le parece terrible la desaparición de personas, la tortura y lo puede soportar me parece bien que haga humor sobre eso. Pero después te tenés que bancar las consecuencias, como que le hayan cancelado los shows.

Nosotros (ndr: junto a Pedro Rosemblat hacen “Proyecto Bisman”, una obra de humor político) nos bancamos que nos bajen de ciertas propuestas comerciales por nuestro posicionamiento político, que en ciertos teatros nos digan que no se quieren meter. No vamos a dejar de decir lo que tenemos para decir por eso. Sino caemos en una estructura muy estática de “esto se puede decir y esto no”.

Somos herederos de la comicidad de los 90, en donde nos reíamos acerca de la forma y no del contenido. Es necesario poder hacerse cargo de que el humor también está inscripto en un fenómeno político.

-¿Cómo es hacer militancia desde el humor?

-Lo concibo como una forma de vida. Cuido que el chiste esté bien y sea gracioso pero también que el mensaje que digo y transmito esté acorde a mis principios, a lo que yo pienso y observo en la sociedad.

Me costó bastante llegar a ese punto de entendimiento, ese territorio no es tan masificado. Hace algunos años estamos entendiendo esto, que el humor hace más fluido el canal de transmisión de ciertos valores y que el chiste no es inocuo. La política tiene mucho de chiste y el chiste mucho de política.

Nuestro aspecto militante delimita la forma en la que decimos las cosas. No quiero salir a hacer Randall desde una visión más “plural”, como me lo han ofrecido. Eso potenciaría las visualizaciones, me pondría a mí en un lugar más neutral. Pero dije que no.

Lo que yo quiero mostrar es que hubo un gobierno que se valió de la colonización mediática para instaurar un nuevo sentido común y posibilitar el formidable ajuste que se está llevando a cabo.

-¿Cuál es la responsabilidad que le adjudicás al periodismo en este sentido?

-Tengo bastante enemistad con el periodismo en general. Son importantes ciertas investigaciones pero estoy en contra de esta inscripción en la búsqueda de “la” verdad. Hablamos de lo que se ve en el mainstream: esa gente que hoy ya está empezando a desligarse del macrismo. "No, bueno pero ya van tres años..". Algunos ya le están soltando la mano. El otro día el mismo (Mario) Pergolini lo decía y él era uno de los principales defensores. Muchos están desapareciendo de la tele. Se van con una buena suma de dinero y listo. Esto está pasando.

En estos casos hay dos situaciones: o fueron muy astutos y vieron lo que se venía y sin embargo vendieron su capital de veracidad, lo cual los excluiría de la profesión. O fueron muy ingenuos y no entendieron que lo que se venía era esta foto. En ambos casos deberían retirarse. O por hijos de putas o por pelotudos. Tan simple como eso.

-¿Es posible combatir este sentido común que impera entre buena parte de la sociedad?

-Mi búsqueda pasa por ahí. Yo no soy un militante de territorio, yo estoy acá, es lo que mejor sé hacer. La comicidad es muy necesaria para poder permitir la refundación de un nuevo sentido.

Siempre la situación de chiste es incompleta, el chiste aparece cuando está la risa del otro. Y ese otro no siempre se ríe por lo que uno se imagina que se va a reir. Como es lo no resuelto, ahí se permite una construcción colectiva de un nuevo sentido.

-Hablando de la risa del otro. ¿Se te complicó alguna vez a la hora de hacer a Randall?

-La dificultad está en escuchar qué dicen, qué es lo que están repitiendo, que entre el chiste. Una vez por día alguien me amenaza por Facebook. Eso lo asumo: lo estoy boludeando y tiene derecho a responder.

Lo que más me estorba actualmente es que se paran muchos a mirar y quieren una foto de la situación. Eso entorpece la intervención; la persona se siente observada y se cierra. La masificación del personaje juega un poco en contra.

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-¿Le queda poca vida a Randall?

-Cada video que subo pienso que es el último. Me pasa desde hace un año y medio. No quiero tender a lo mismo.

-¿Alguna situación particular que recuerdes?

-Hubo uno que me escribió enojado. Me decía "¡Como me hiciste esto!". Conversamos y al otro día vi en su Facebook que me había mandado un mensaje lo más bien. No es personal.

-¿Tuviste algún tipo de presión oficial por tus personajes?

-No, nunca. No sé si no les interesa o tal vez hasta les conviene. Esto es una pequeña porción que permite reírse de un aspecto que ni siquiera es el que más prima.

Mi lectura sobre (Patricia) Bullrich no es que es borracha, eso es anecdótico. Yo creo que soy más borracho que ella. Lo preocupante es el exceso de coacción, el delirio que hay de pretender sujetar un modelo económico por esa vía.

-Se viene un año electoral. ¿Cuál es el escenario que imaginás?

-Las dificultades que se vienen son cada vez más complejas. Nos seduce mucho el territorio de llegar a 2019 y que se vayan pero hay mucho por construir para que eso pase. Costó muchísimo sostener una matriz de distribución un poco más justa, restitución de derechos. Y eso no se va a lograr de un día para el otro.

En términos de construcción política tenemos un problema. Pero también lo tienen ellos: esta reforma del Estado que hicieron, achicar ministerios, cambiar rangos... nadie se quiere hacer cargo, no asumió nadie nuevo. Entre ellos se repartieron los nuevos puestos.

¿Quién va a querer hacerse cargo de esta foto? Yo ya no le quiero pedir más a Cristina.

-¿Creés que se debería presentar?

-(Piensa) No sé. Según el día. Por momentos pienso en qué es lo que queremos hacer con Cristina en el poder. ¿Se van a disciplinar todos los que se tienen que disciplinar? ¿Va a poder seguir reconstruyendo? Para mi es la mejor política de la Argentina, tal vez hasta de toda nuestra historia. Ella y Néstor.

Hay que reconstruir un espacio político que tenga que ver con esta experiencia reciente, en la que estuvieron todos los dirigentes que hoy están buscando una tajada personal. Y ahí ver si tiene que estar Cristina en la boleta o conduciendo. Yo soy absolutamente orgánico a lo que ella diga.

-Hablemos de feminismo. ¿Cuál creés que es el rol del hombre?

-Escuchar, no hay más que eso. El rol que tenemos es de acompañamiento. El primer trabajo que uno puede hacer es el de deconstrucción, que no es nada simple. Es un ejercicio permanente que se ve en la vida cotidiana porque seguimos en una cultura machista.

Somos herederos de eso y estamos presos de los micromachismos. Algunas veces hay que aprender a domar esas situaciones que te aparecen, pensamientos que provienen de una estructura anterior. Es mucho más genuino que andar copando la plaza. Si realmente entendiste algo de lo que habla el feminismo, empezá a observarlo primero en vos.

-¿Es una deuda del kirchnerismo esta discusión?

-No. Si no se dio antes es porque el movimiento feminista no había mostrado una organización tan formidable como la que se logró en el último tiempo. Fueron pioneras y vanguardistas en la oposición real a Macri.

Me interesan mucho más los primeros paros que hicieron las mujeres que estos últimos de gente que había abrazado compulsivamente todas las medidas de Macri y ahora se hacen los sorprendidos.

El kirchnerismo tuvo cantidad de peleas abiertas con grupos de poder concentrado (la Sociedad Rural, Clarín, la familia judicial) y no tenían la fuerza para acceder a una pelea con la Iglesia también, que en ese momento hubiese sido muy problemático. Además, no es esta Iglesia que jugó recién en el último tiempo un poco más ferozmente pero que dejó avanzar. Sabemos que como institución no tuvieron problema en apoyar una dictadura militar.

Con Cristina tenías una línea de aborto y el Misoprostol en precios cuidados. No hay dudas de que fue el gobierno que más hizo por el aborto.