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Luego de sobrevivir al 2001, las fábricas recuperadas padecen el presente

09 de junio, 2016 | 07.54
Subió todo menos el consumo. Esa podría ser una síntesis apretadísima de la situación que enfrentan las empresas que fueron recuperadas por los trabajadores cuando los dueños las llevaron a la quiebra, que en muchos casos fueron fraudulentas. Esos desmanejos y la necesidad imperiosa de conservar el empleogeneraron procesos de lucha que desembocaron en la organización de cooperativas.

Comenzaron a nacer en los noventa, se multiplicaron en todo el país con la crisis del 2001 y nunca dejaron de organizarse. Ahora, con varios años de vida y funcionamientos relativamente saneados, los 15 mil trabajadores organizados en esas empresas enfrentan un nuevo escenario de tormenta: aumentos tarifarios que se multiplican hasta por ocho, duplicación de los precios de los insumos importados y una caída del consumo que oscila entre el 20 y el 40 por ciento, según el sector de la economía.

Aumento de tarifas, suba de insumos importados y una caída de la demanda de hasta el 40% sufren las empresas recuperadas

Los efectos de las medidas económicas aplicadas en los últimos meses afectaron en forma pareja a la industria gráfica, a las metalúrgicas y al turismo. En cada uno de esos sectores aumentaron los costos -no precisamente de los salarios- y se retrajo la demanda. Esa combinación tiene un peso mayor sobre las empresas recuperadas, que cuentan con menor "espalda" económica para sostenerse en medio de una política que busca bajar la inflación vía la reducción del mercado interno, que es la cancha en la que juegan esas cooperativas, que comparten el terreno con las pequeñas y medianas industrias. Por eso, organizados en la Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativas (Conarcoop), marcharán esta mañana desde la sede de la Federación Gráfica Bonarense, en Independencia al 700, hasta los ministerios de Trabajo y Energía para reclamar que retrotraigan las tarifas a diciembre del año pasado.

"Nosotros usamos aceite importado para lubricar los caños y evitar la corrosión. También empleamos ferrite, que es carbono importado. Todo eso subió un 150 por ciento después de la devaluación", explicó Alejandro Coronel, miembro del directorio de la cooperativa Los Constituyentes, que produce caños con costura para la redes domiciliarias de agua y gas. Allí trabajan 86 personas en una planta de 25 mil metros cuadrados, en Vicente López, en la zona norte del conurbano bonaerense.

Además, Edenor les envió una factura por 52.593, 95 en febrero que se volvió 226.957 en abril. La factura de agua no fue distinta: saltó de 8.713,81 a 18.941,52 entre el último y el anteúltimo bimestre. "Todos los servicios nos subieron pero las ventas vienen cayendo desde diciembre en alrededor de un 50 por ciento. Lo que más nos pegó fue la caída de la construcción y la venta de maquinaria agrícola porque hacemos partes de chapa que se usan para esas máquinas", agregó Coronel.

"No hay consumo porque no hay plata en la calle"

También la Gráfica Patricios sintió el efecto de la suba de tarifas -la factura de Edesur pasó de 27.231,44 en febrero a 124.740,90 en marzo- pero la apertura de las importaciones completaron el golpe sobre su actividad. "Nos bajaron las ventas por que los libros que se hacían acá se empezaron a hacer en Chile y Uruguay como pasaba antes del control de las importaciones", explicó Pablo Martinese. Sin embargo, esa apertura tampoco cambió la realidad de los sectores que pedían el ingreso de libros de diseño o arquitectura, que suelen imprimirse a bajo costo en el exterior: "No hay consumo porque no hay plata en la calle. Antes no vendía libros porque me pedían y no tenía, ahora no me los piden", dijo Gregorio Klikowsky, de la editorial especializada Nobuko.

"Si esto sigue así, vamos a tener que bajarnos los salarios"

Los insumos también aumentaron para la industria gráfica. La tinta y el papel se pagan a precio de dólar y los productos llegan con casi un 50 por ciento de aumento. "No podemos trasladar el aumento al cliente por que el cliente se queja que no vende. Si esto sigue así vamos a tener que bajarnos los salarios para abaratar los costos porque las ventas nos bajaron un 60 por ciento entre el primer bimestre del año y el mismo período de 2015", señaló Martinese, que forma parte de la conducción de un gráfica donde trabajan 58 personas, en el barrio porteño de Barracas. Allí se imprimen afiches, volantes y folletos para Día, Carrefour, Casa del Audio y el diario Tiempo Argentino, que se conformó en cooperativa tras el abandono de sus dueños.

Un panorama similar tiene el Hotel Bauen, un símbolo de Buenos Aires, fue recuperado del cierre en marzo de 2003. Desde ese momento, sus trabajadores se conformaron en cooperativa y se encargaron de la administración: invirtieron unos 20 millones de pesos. Las reparaciones y mejoras se hicieron con ahorro propio y lograron mantener y remodelar el edificio, que está en Callao, a media cuadra de Corrientes, en pleno centro porteño.

"Los números son impagables"

"En el verano pasado usamos dos millones de pesos para reparar los cinco ascensores y unos 700 mil pesos para cambiar la cañería de gas. Por eso todavía no llegó la factura, porque recién volvimos a usar gas", explicó Federico Tonarelli, vicepresidente de la cooperativa, pero teme que una de las peores noticias de los últimos días llegue en la próxima factura.

Hasta ahora vieron multiplicar por tres la factura de energía eléctrica, que pasó de 28.789,40 en enero a 56.302,73 en febrero y a 90.524,39 pesos mensuales en marzo pasado. Allí siempre la facturación fue cada treinta días porque se trata de un gran usuario. La factura del agua se multiplicó un 325 por ciento: pasó de 67.107,86 a 218.358,64 mil pesos en el último bimestre.

"Esos números son impagables. No hay manera de trasladar esos números a las tarifas del hotel. Tuvimos una caída de ocupación del 20 por ciento en los últimos meses y esta situación nos va dejando al borde del cierre", adviertió Tonarelli, que lleva adelante el Bauen junto a otros 129 trabajadores.

Esa situación de crisis fue la que los llevó a organizarse junto a las pymes y los clubes de barrio. Todos comparten los mismos temores: el cierre de sus lugares de trabajo o de reunión social,que en muchos casos es ambas cosas al mismo tiempo. Esa realidad compartida los llevó a reunirse el lunes pasado para organizar actividades en conjunto, que comenzarán en la próxima semana. "Ya teníamos todos actividades individuales y por eso no desarmamos nada. Antes de ayer marcharon los clubes de barrio y hoy nosotros pero desde el lunes vamos a ir todos juntos", dijo Tonarelli y anticipó que la primera medida ya está definida: presentarán un amparo judicial.

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