En la misma semana el fallo que no juzgó el femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata y la decisión del juez Gustavo Lleral de cerrar la causa que investiga la desaparición forzada de Santiago Maldonado muestran el fracaso del sistema de administración de la justicia tradicional por todo lo que omiten y deciden ignorar. Uno justifica las violencias machistas, el otro las violencias estatales. Son la evidencia de un sistema de administración de justicia que no investiga ni profundiza sobre los contextos en los que se dan determinadas formas de violencias. Por falta de perspectiva de género o formación, por misoginia judicial o por complicidad política: las dos decisiones judiciales consolidan mensajes de impunidad.

Ambos tiene en común la omisión del contexto y la complejización de los escenarios: por un lado, el crimen de Lucía envuelto en un vínculo asimétrico y desigual; por el otro, el joven tatuador desaparece y muere inmediatamente después de un operativo represivo coordinado por funcionarios del poder político.

El lunes el Tribunal Oral en lo Criminal de la ciudad de Mar del Plata, integrado por los jueces Pablo Javier Viñas, Juan Facundo Gómez Urso y Aldo Daniel Carnevale, resolvió en el marco de un juicio oral y público absolver por unanimidad a los tres imputados por el abuso sexual y femicidio de la adolescente de 16 años, ocurrido el 8 de octubre de 2016. Sólo dos de los imputados fueron condenados por el Tribunal por delitos vinculados a la Ley 23.737 de tenencia y tráfico de estupefacientes.

La lectura de la sentencia exhibe la falta de la perspectiva de género cuando se juzgan delitos sexuales. En las 66 páginas del escrito abundan los estereotipos sexistas y discriminatorios. Los jueces deciden poner la lupa sobre la vida, y en especial sobre la vida sexual, de la propia víctima, en lugar de poner el foco en los acusados. Revisan sus mensajes de Whatsapp de medio año atrás del crimen. Todos los esfuerzos judiciales apuntan a demostrar que existió consentimiento entre la chica de 16 años y el vínculo que estableció con los dos adultos que le vendieron drogas.

“La Dra. Solari –aclarando que no estaba en su ánimo juzgar su vida sexual - señaló que Lucía era de tener relaciones con hombres a los que apenas conocía pero que eso ocurría por propia elección y cuando ella lo quería”, cita el fallo a la defensora de los acusados. La frase invierte la responsabilidad de la muerte y la direcciona hacia la propia víctima.

En el debate oral quedó demostrado que Marías Farías, de 23 años, le dio marihuana y cocaína a Lucía y que mantuvieron relaciones sexuales. “Todo se dio en un marco de normalidad y naturalidad, todo fue perfectamente querido y consentido por Lucía Pérez”, explicó uno de los jueces en la sentencia.

La primera fiscal del caso, María Isabel Sánchez, habló de una “agresión sexual infrahumana”. Contó a los medios que los tres acusados drogaron a la chica, abusaron sexualmente de ella y la mataron por empalamiento. Según ella, después lavaron el cuerpo para ocultar el crimen. No había ningún informe médico para basar sus dichos. Lucía murió por “asfixia tóxica” y en su cuerpo no se encontraron, según las pericias, signos de abuso sexual. Las formas de las violencias machistas no siempre dejan las mismas huellas, las mismas marcas femicidas. Es responsabilidad de los y las operadores judiciales buscarlas en la instrucción.

En el caso de Santiago Maldonado, Lleral también parece direccionar la responsabilidad de la muerte al joven tatuador. En las casi 300 fojas desliga el crimen del operativo represivo. “El solo, sin que nadie lo notara, se hundió”, dice.

En más de un año la investigación no pudo determinar qué pasó entre las 11.32 de la mañana del 1 de agosto de 2017, momento exacto en el que el primer gendarme saltó la tranquera de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, y las 11.39, cuando los efectivos volvieron de la orilla del río Chubut.

Dice el juez en el escrito que se dio a conocer el jueves: "La desesperación, la adrenalina y la excitación naturalmente provocadas por la huida; la profundidad del pozo, el espeso ramaje y raíces cruzadas en el fondo; el agua fría, helada, humedeció su ropa y su calzado hasta llegar a su cuerpo. Esa sumatoria de incidencias contribuyó a que se hundiera y a que le fuera imposible flotar, a que ni siquiera pudiera emerger para tomar alguna bocanada de oxígeno. Por la confluencia de esas simples y naturales realidades, inevitables en ese preciso y fatídico instante de soledad, sus funciones vitales esenciales se paralizaron".

"Allí quedó su cuerpo atrapado, enganchado en el ramaje subacuático denso, que lo mantuvo inerte y oculto durante el tiempo necesario para que, luego de su descomposición natural interna, superara la presión y la fría temperatura del agua, hasta que se produjeran los cambios de clima. Y solo, tal como se hundió, sin que tampoco en ese momento persona alguna lo advirtiera, emergió en el mismo lugar, en el remanso del río donde se había escondido y se había producido su sumersión. En ese sitio, una rama de los mismos sauces donde quedó atrapado, ofició de sostén, lo contuvo hasta que se lo avistara y finalmente, se lo retirara. La verdad es esa", aporta en otro tramo.

Las formas de la memoria y la justicia de los pueblos desbordan las estructuras judiciales. Por eso los ojos se Santiago Maldonado terminaron pintados en las vallas que rodeaban al Congreso en la marcha contra el G20 y la foto de Lucía Pérez volvió a ser levantada por los feminismos. Las familias de Lucía y Santiago apelarán a las sentencias judiciales, en las calles se seguirá escuchando el reclamo para que no haya impunidad.