El barco El Repunte se hundió el 17 de junio a 30 millas de la costa de Rawson cuando navegaba cargado de langostinos. A casi un año de la tragedia, continúan siete trabajadores desaparecidos y se encontraron los cuerpos de tres navegantes fallecidos. Las familias de las víctimas exigen justicia y apuntan a Prefectura por la falta de control. La causa judicial intenta determinar los motivos del naufragio que sólo tuvo dos sobrevivientes. Al igual que con el submarino ARA San Juan, los familiares afrontan la imposibilidad de hacer el duelo sin tener el cuerpo de sus seres queridos.

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“Siento que quedé en suspenso. Vivo como dos procesos: nuestra cabeza sabe que están muertos, pero nuestro corazón mantiene la esperanza. Es como quedar en un limbo que no tiene cierre”, sostuvo Gabriela Sánchez, hermana del capitán del barco Gustavo Sánchez, uno de los desaparecidos.

La causa judicial -que lleva adelante el juez Gustavo Lleral, el mismo que tienen la denuncia por la muerte de Santiago Maldonado- tuvo idas y vueltas. Luego de que la Prefectura intentara hacer las pericias pese a que fue la fuerza de seguridad que permitió la partida del barco, ahora la Armada intenta analizar los restos hundidos del barco a 50 metros de profundidad con cámaras especiales.

“Como el barco no puede ser reflotado, ahora las causas del hundimiento en parte deberán ser deteminadas por las filmaciones del casco y del interior del barco”, explicó a El Destape Lorena Arias, abogada e hija de Horacio Airala, quien aún continua desaparecido.

“En el primer viaje que hizo el barco en 2017, tras estar más de cuatro años parado, le entra agua en el casco. Además, al barco le pusieron los tangones, brazos laterales que se ubican uno de cada lado de la embarcación, para poder pescar langostinos. Estas estructuras eran de otro barco -el Don Luciano- que es más grande. El Repunte nunca había ido a pescar langostino”, sostuvo Sánchez.

La empresa propietaria del buque, Ostramar, y Prefectura acusaron a Sánchez –aún desaparecido e incapaz de defenderse- por el hundimiento. Hasta último momento, el capitán del barco estuvo al frente del timón y reportó la tragedia en el mar. “Como hermana y desde lo personal es un dolor muy profundo escuchar esas acusaciones, pero estamos preparadas, porque sabíamos que íbamos a lidiar con esto. Las empresas para quitar responsabilidad siempre culpan al capitán por esto”, afirmó a El Destape Romina Sánchez, otra hermana del capitán.

Desde el 2000 y hasta el 2018, hubo en Argentina 43 hundimientos con 86 víctimas, de acuerdo a un relevamiento que hizo Silvia Peleo para la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Atlántida Argentina.

Los tres cuerpos encontrados en el mar pertenecen a Silvano Luis Coppola, primer oficial de máquina de 59 años, José Ricardo Homs, marinero de 57 años y Jorge Luis Gaddi, el engrasador del barco que tenía 47 años. “Me ha comentado que viajes anteriores que el barco había hecho agua. Mucho no me contaba para que no me preocupe”, contó a El Destape Roxana Herrera, esposa de Ricardo Homs.

La investigación también apunta a determinar por qué Prefectura tardó cuatro horas en intentar rescatar a los marineros, luego de que el capitán diera la voz de alerta sobre el posible hundimiento por la supuesta falla del barco que tenía 35 metros de largo, 55 años de antigüedad y que había zarpado del puerto de Mar del Plata hacía varios días.

“Tardaron más de cuatro horas en el rescate, tanto la Prefectura como los demás buques. Duele saber que quizás podrían haberlos salvado. Con cuatro horas en el mar, con el frío del pleno invierno no pudieron hacer mucho para sobrevivir. Tengo la certeza de que el capitán no fue a suicidarse ni a matar a sus compañeros ”, explicó Roxana Homs.

Las víctimas que aún continúan desaparecidas son Gustavo Sánchez, José Omar Arias, Horacio Airala, Néstor Paganini, Claudio Islas, Fabián Samite e Isaac Cabanchik. El documental Barcos de Papel, un trabajo independiente aún en filmación y realizado por el maquinista Fernando Duarte, busca ser un homenaje a las víctimas y un grito de justicia.

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